LITURGIA DIGITAL — Servicios Litúrgicos de la Iglesia Ortodoxa
×




Libros - Fuentes

Hieraticón

Divina Liturgia de S. Juan Crisóstomo

Pentecostario

Despedida de la Ascensión

__________


LITURGIA DE S. JUAN CRISÓSTOMO

Primera antífona. Tono 2. Salmo 46.

Verso 1: Todas las naciones, aplaudan con las manos, celebren a Dios con voces de júbilo. [BASJ]

Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.

Verso 2: Porque el Señor es excelso, terrible, rey grande sobre toda la tierra.

Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.

Verso 3: Nos sometió los pueblos, las naciones bajo nuestros pies.

Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.

Gloria. Ahora y siempre.

Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.


Segunda antífona. Tono 2. Salmo 47.

Verso 1: Grande es el Señor y muy digno de alabanza. [BASJ]

Sálvanos, Hijo de Dios, tú que ascendiste a los cielos en gloria para nuestra salvación. Te cantamos, ¡Aleluya!

Verso 2: Dios será conocido en sus casas, cuando la ampare.

Sálvanos, Hijo de Dios, tú que ascendiste a los cielos en gloria para nuestra salvación. Te cantamos, ¡Aleluya!

Verso 3: He aquí que los reyes de la tierra se aliaron, se conjuraron unánimes.

Sálvanos, Hijo de Dios, tú que ascendiste a los cielos en gloria para nuestra salvación. Te cantamos, ¡Aleluya!

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Hijo Unigénito y Verbo de Dios: tú que eres inmortal; accediste para nuestra salvación, a encarnarte de la santa Theotokos y siempre virgen María, inalterado te hiciste hombre; crucificado, Cristo Dios, con tu muerte a la muerte venciste; eres uno de la santa Trinidad, glorificado con el Padre y el Espíritu Santo: ¡Sálvanos!


Tercera antífona. Tono 4. Salmo 48.

Verso 1: Oigan esto todas las gentes. [BASJ]

Verso 2: Mi boca hablará sabiduría, la meditación de mi corazón prudencia.

Verso 3: Inclinaré a la parábola mi oído, expondré con el salterio mi proposición.

Apolitiquio de la fiesta.

Tono 4.

Ascendiste con gloria, ¡Oh Cristo Dios nuestro!, y alegraste a Tus discípulos con la promesa del Espíritu Santo, confirmándoles con tu bendición que eres el Hijo de Dios el Salvador del mundo. [AA-MX]

Himno de la entrada. Tono 2.

Subió Dios con júbilo, el Señor con voz de trompeta. Sálvanos, Hijo de Dios, tú que ascendiste a los cielos en gloria para nuestra salvación. [SAOGM] Te cantamos, ¡Aleluya!


Himnos después de la pequeña entrada.

Apolitiquio de la fiesta.

Del Pentecostario - - -

Tono 4.

Ascendiste con gloria, ¡Oh Cristo Dios nuestro!, y alegraste a Tus discípulos con la promesa del Espíritu Santo, confirmándoles con tu bendición que eres el Hijo de Dios el Salvador del mundo. [AA-MX]

Condaquio de la Fiesta

Del Pentecostario - - -

Tono 6 (plagal 2). Melodía modelo (aftómelon).

Τὴν ὑπὲρ ἡμῶν.

Habiendo cumplido la disposición para con nosotros y reunido los terrenales con los celestiales, ascendiste en gloria, oh Cristo nuestro Dios, sin alejarte; más bien firme y sin separación, exclamaste a tus amados: “Estoy con ustedes y nadie prevalecerá contra ustedes.” [unES]


HIMNO TRISAGIO

Santo Dios, santo Poderoso, santo Inmortal, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.


LECTURAS

Proquímeno. Tono 7 (grave). Salmo 98.

Ensalcen al Señor, Dios nuestro, y adórenle en su santo monte. [BASJ]

Verso: El Señor reinó, tiemblan los pueblos. [BASJ]

Lectura apostólica

Viernes de la séptima semana

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Hch. 27:1-44; 28:1

Por aquellos días, cuando se decidió que nos embarcásemos rumbo a Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros prisioneros a un centurión de la cohorte Augusta, llamado Julio. Embarcamos en una nave de Adramitio, que iba a partir hacia las costas de Asia, y nos hicimos a la mar. Estaba con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica. Al día siguiente arribamos a Sidón. Julio se portó humanamente con Pablo y le permitió ir a ver a sus amigos y ser atendido por ellos. Zarpamos de allí y navegamos al abrigo de las costas de Chipre, porque los vientos eran contrarios. Atravesamos los mares de Cilicia y Panfilia y, al cabo de quince días, llegamos a Mira de Licia. Allí encontró el centurión una nave alejandrina que navegaba a Italia, y nos hizo subir a bordo. Durante muchos días la navegación fue lenta y a duras penas llegamos a la altura de Gnido. Como el viento no nos dejaba entrar en puerto, navegamos al abrigo de Creta por la parte de Salmone; y, costeándola, llegamos con dificultad a un lugar llamado Buenos Puertos, cerca del cual se encuentra la ciudad de Lasea. Había transcurrido bastante tiempo y la navegación era ya peligrosa, pues incluso había pasado el Ayuno. Pablo les advertió: «Amigos, presiento que la navegación va a ser muy peligrosa, y que pueden salir seriamente dañadas no sólo la carga y la nave, sino también nuestras propias personas.» Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón que a las palabras de Pablo. Como el puerto no estaba acondicionado para invernar, la mayoría decidió hacerse a la mar desde allí, por si era posible llegar a Fénica, un puerto de Creta orientado al suroeste y al noroeste, y pasar allí el invierno. Como entonces soplaba ligeramente el viento del sur, creyeron que podían poner en práctica su propósito. Así que levaron anclas y fueron costeando Creta de cerca. Pero no mucho después se desencadenó un viento huracanado procedente de la isla, llamado Euroaquilón. La nave fue arrastrada y, al no poder hacer frente al viento, nos abandonamos a la deriva. Navegando a sotavento de una isleta llamada Cauda, pudimos con mucha dificultad hacernos con el bote. Una vez izado el bote, se emplearon los cables de refuerzo, ciñendo el casco por debajo; y por miedo a chocar contra la Sirte, se echó el ancla flotante. Así navegábamos a la deriva. Pero como el temporal seguía sacudiéndonos furiosamente, al día siguiente aligeraron la nave. Al tercer día, con sus propias manos, arrojaron por la borda el aparejo de la nave. Durante muchos días no aparecieron ni el sol ni las estrellas. Además, con la violenta tempestad que teníamos sobre nosotros, toda esperanza de salvarnos iba desapareciendo. Llevábamos bastantes días sin comer. Entonces Pablo se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «Amigos, más hubiera valido que me hubieran escuchado y no se hubieran hecho a la mar desde Creta. Les habrían ahorrado este peligro y esta pérdida. Pero ahora les recomiendo que tengan buen ánimo. Ninguno de ustedes va a morir; sólo se perderá la nave. Lo digo porque esta noche se me ha aparecido un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien doy culto, y me ha dicho: ‘No temas, Pablo; tú tienes que comparecer ante el César. Por eso, Dios te ha concedido la vida junto con todos los que navegan contigo.’ Por tanto, amigos, ¡ánimo! Yo tengo fe en Dios y creo que todo sucederá tal como se me ha dicho. Iremos a dar en alguna isla.» Era ya la décima cuarta noche que íbamos a la deriva por el Adriático, cuando hacia la media noche presintieron los marineros la proximidad de tierra. Sondearon la profundidad, y el lecho del mar estaba a veinte brazas; un poco más adelante sondearon de nuevo y midieron quince brazas. Temerosos de que fuésemos a chocar contra algunos escollos, echaron cuatro anclas desde la popa y esperaron ansiosamente que se hiciese de día. Los marineros intentaban escapar de la nave, y empezaron a arriar el bote con el pretexto de echar los cables de las anclas de proa. Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: «Si no se quedan éstos en la nave, no se van a poder salvar.» Entonces los soldados cortaron las amarras del bote y lo dejaron caer. Mientras esperaban que se hiciera de día, Pablo aconsejaba a todos que tomasen alimento. Les decía: «Hace ya catorce días que, preocupados por lo que pueda pasar, están en ayunas, sin probar bocado. Les aconsejo que, si quieren sobrevivir, coman algo. Ninguno de ustedes perderá ni un solo cabello de su cabeza.» Dicho esto, tomó pan, dio gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y se puso a comer. Entonces todos los demás se animaron y empezaron también a comer. Estábamos en total en la nave doscientas setenta y seis personas. Una vez satisfechos, aligeraron la nave arrojando el trigo al mar. Cuando vino el día, los marineros no reconocían la tierra; solamente podían divisar una ensenada con su playa. Así que resolvieron hacer todo lo posible por impulsar la nave hacia ella. Soltaron las anclas, que dejaron caer al mar; aflojaron al mismo tiempo las ataduras de los timones; después izaron al viento la vela artimón y pusieron rumbo a la playa. Pero tropezaron contra un lugar con mar por ambos lados, y encalló allí la nave. La proa, clavada, quedó inmóvil; en cambio la popa, sacudida violentamente, se iba deshaciendo. Los soldados resolvieron entonces matar a los presos, para que ninguno escapase a nado. Pero el centurión, que quería salvar a Pablo, se opuso a su decisión y dio orden de que los que supieran nadar se arrojasen los primeros al agua y ganasen la orilla; y que los demás saliesen sobre tablones o sobre los despojos de la nave. De esta forma todos llegamos a tierra sanos y salvos. Una vez a salvo, pudimos saber que la isla se llamaba Malta. [BJ-SAOGM]


Aleluya. Tono 6 (plagal 2). Salmo 73.

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Verso 1: Acuérdate de tu comunidad que poseíste desde el principio. [BASJ]

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Verso 2: Dios, rey nuestro antes de los siglos, obró la salvación en medio de la tierra.

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Evangelio

Viernes de la séptima semana

Lectura del santo Evangelio según S. Juan.

Jn. 17:18-26

En aquel tiempo, Jesús dijo mirando al cielo: «Padre, como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad. No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que creerán en mí por medio de su palabra, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, deseo que los que tú me has dado estén también conmigo allí donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor que me has tenido esté en ellos, y yo en ellos.» [BJ-SAOGM]


Himno a la Theotokos.

Tono 5 (plagal 1).

Tú que superas todo entendimiento y razón, siendo la Madre de Dios, de manera inexplicable concebiste en el tiempo a Áquel que existe fuera del tiempo; a ti los fieles te magnificamos unánimemente. [unES]


Himno de la comunión.

Subió Dios con júbilo, el Señor con voz de trompeta. [BASJ] Aleluya.


Himno después de la comunión.

En lugar de “Vimos la luz verdadera”.

Tono 4.

Ascendiste con gloria, ¡Oh Cristo Dios nuestro!, y alegraste a Tus discípulos con la promesa del Espíritu Santo, confirmándoles con tu bendición que eres el Hijo de Dios el Salvador del mundo. [AA-MX]


DESPEDIDA

Gloria a ti, Dios nuestro. Gloria a ti.

El que ascendió con gloria de entre nosotros a los cielos y se sentó a la derecha de Dios Padre, Cristo, verdadero Dios nuestro, por las intercesiones de su purísima e inmaculada Madre, por el poder de la vivificante y preciosa Cruz, la protección de las celestiales potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y glorioso profeta, precursor y bautista Juan, de los santos, gloriosos y alabadísimos apóstoles, de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de nuestros justos y teóforos padres, (santo patrono del templo local); de los santos y justos familiares del Señor, Joaquín y Ana, y de todos los santos, tenga misericordia de nosotros y sálvanos, pues eres un Dios bondadoso y filántropo.


Normas de Ayuno

El consumo de aceite y vino es permitido. Nos abstenemos de consumir todo tipo de carne, pescados, productos lácteos, y huevos.