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Hieraticón

Divina Liturgia de S. Juan Crisóstomo

Pentecostario

Despedida de la Ascensión

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LITURGIA DE S. JUAN CRISÓSTOMO

ENARXIS, LETANÍA DE LA PAZ, ANTÍFONAS

DIÁCONO

Bendice, soberano.

SACERDOTE

Bendito el reino del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

DIÁCONO

En paz, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por la paz de lo alto y por la salvación de nuestras almas, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por la paz del mundo entero, la estabilidad de las santas Iglesias de Dios y la unión de todos, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por esta santa morada y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por los cristianos piadosos y ortodoxos, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por nuestro arzobispo (N.), el honorable presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero y el pueblo, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad y poder roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por esta ciudad (Monasterio, Pueblo, o Isla), por toda ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por un clima benéfico, por la abundancia de los frutos de la tierra y por tiempos pacíficos, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por quienes viajan por mar, tierra o aire, por los enfermos, los afligidos, los cautivos y por su salvación, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DE LA PRIMERA ANTÍFONA

Señor Dios nuestro, de poder irrepresentable y gloria incomprensible, de misericordia incalculable y filantropía indecible; con tu entrañable compasión Soberano, observa a nosotros y a esta tu santa morada, activa las riquezas de tu misericordia y de tu compasión entre nosotros y a quienes junto con nosotros oran.

SACERDOTE (en voz alta)

Pues a ti se debe toda gloria, honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Primera antífona. Tono 2. Salmo 46.

Verso 1: Todas las naciones, aplaudan con las manos, celebren a Dios con voces de júbilo. [BASJ]

Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.

Verso 2: Porque el Señor es excelso, terrible, rey grande sobre toda la tierra.

Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.

Verso 3: Nos sometió los pueblos, las naciones bajo nuestros pies.

Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.

Gloria. Ahora y siempre.

Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.

PEQUEÑA LETANÍA

DIÁCONO

Una y otra vez en paz, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DE LA SEGUNDA ANTÍFONA

Señor, Dios nuestro, salva a tu pueblo y bendice a tu heredad; protege la plenitud de tu Iglesia, santifica a los que aman la hermosura de tu morada, glorifícales también con tu divino poder y a nosotros que esperamos en ti no nos abandones.

SACERDOTE (en voz alta)

Porque tuyo es el poder, y tuyos son el reino, la fuerza y la gloria; del Padre y del Hijo y del Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Segunda antífona. Tono 2. Salmo 47.

Verso 1: Grande es el Señor y muy digno de alabanza. [BASJ]

Sálvanos, Hijo de Dios, tú que ascendiste a los cielos en gloria para nuestra salvación. Te cantamos, ¡Aleluya!

Verso 2: Dios será conocido en sus casas, cuando la ampare.

Sálvanos, Hijo de Dios, tú que ascendiste a los cielos en gloria para nuestra salvación. Te cantamos, ¡Aleluya!

Verso 3: He aquí que los reyes de la tierra se aliaron, se conjuraron unánimes.

Sálvanos, Hijo de Dios, tú que ascendiste a los cielos en gloria para nuestra salvación. Te cantamos, ¡Aleluya!

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Hijo Unigénito y Verbo de Dios: tú que eres inmortal; accediste para nuestra salvación, a encarnarte de la santa Theotokos y siempre virgen María, inalterado te hiciste hombre; crucificado, Cristo Dios, con tu muerte a la muerte venciste; eres uno de la santa Trinidad, glorificado con el Padre y el Espíritu Santo: ¡Sálvanos!

PEQUEÑA LETANÍA

DIÁCONO

Una y otra vez en paz, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DE LA TERCERA ANTÍFONA

Tú que nos concediste la gracia de estas comunes y unísonas oraciones y que prometiste aceptar las peticiones a dos o tres concordes en tu nombre, tú mismo también ahora, cumple, las peticiones, de tus servidores para lo que conviene otorgándonos, en el presente siglo, el conocimiento, de tú verdad, y en el futuro, la vida eterna.

SACERDOTE (en voz alta)

Porque eres un Dios bondadoso y filántropo, y a ti rendimos gloria; al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Tercera antífona. Tono 4. Salmo 48.

Verso 1: Oigan esto todas las gentes. [BASJ]

Verso 2: Mi boca hablará sabiduría, la meditación de mi corazón prudencia.

Verso 3: Inclinaré a la parábola mi oído, expondré con el salterio mi proposición.

Apolitiquio de la fiesta.

Tono 4.

Ascendiste con gloria, ¡Oh Cristo Dios nuestro!, y alegraste a Tus discípulos con la promesa del Espíritu Santo, confirmándoles con tu bendición que eres el Hijo de Dios el Salvador del mundo. [AA-MX]

ENTRADA MENOR

Mientras se canta la tercera antífona (con sus versos), el sacerdote y el diácono se inclinan tres veces ante el altar. Luego el sacerdote entrega el santo evangelio al diácono, quien le besa la mano al recibirlo, y luego los dos caminan alrededor del santo altar para salir por la puerta norte. Los acólitos salen primero, portando velas y querubines. (Si no hay diácono, el sacerdote toma el santo evangelio y lo sostiene frente a su rostro.) Cuando llegan todos al centro de la iglesia, se detienen e inclinan la cabeza, y el Diácono dice en voz baja:

DIÁCONO (en voz baja)

Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DE LA ENTRADA

Soberano Señor y Dios nuestro, que instituiste en los cielos legiones y ejércitos de ángeles y arcángeles al servicio de tu gloria, haz que con nuestra entrada se realice la entrada de los santos ángeles concelebrando y glorificando juntamente con nosotros tu bondad. Pues a ti se debe toda gloria, honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

DIÁCONO (en voz baja)

Bendice, soberano, la santa entrada.

SACERDOTE (en voz baja)

Bendita es la entrada de tus santos eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

DIÁCONO (en voz alta)

¡Sabiduría! ¡De pie!

CORO

Himno de la entrada. Tono 2.

Subió Dios con júbilo, el Señor con voz de trompeta. Sálvanos, Hijo de Dios, tú que ascendiste a los cielos en gloria para nuestra salvación.

Te cantamos, ¡Aleluya!

Himnos después de la pequeña entrada.

CORO

Apolitiquio de la fiesta.

Del Pentecostario - - -

Tono 4.

Ascendiste con gloria, ¡Oh Cristo Dios nuestro!, y alegraste a Tus discípulos con la promesa del Espíritu Santo, confirmándoles con tu bendición que eres el Hijo de Dios el Salvador del mundo. [AA-MX]

Condaquio de la Fiesta

Del Pentecostario - - -

Tono 6 (plagal 2). Melodía modelo (aftómelon).

Τὴν ὑπὲρ ἡμῶν.

Habiendo cumplido la disposición para con nosotros y reunido los terrenales con los celestiales, ascendiste en gloria, oh Cristo nuestro Dios, sin alejarte; más bien firme y sin separación, exclamaste a tus amados: “Estoy con ustedes y nadie prevalecerá contra ustedes.” [unES]

HIMNO TRISAGIO

DIÁCONO: Roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DEL HIMNO TRISAGIO

Santo Dios, que descansas entre tus santos y eres alabado por los Serafines con el himno trisagio y glorificado por los Querubines y adorado por toda potestad celestial, tú que de la nada trajiste todo a la existencia, que creaste al hombre a tu imagen y semejanza, y lo adornaste con todos tus dones; Tú que das al suplicante sabiduría y prudencia, y no desprecias al pecador, sino que instituiste el arrepentimiento para su salvación; Tú que dignificaste, a nosotros tus humildes e indignos servidores, de estar ahora ante la gloria de tu Santo Altar y de ofrecerte la adoración y la alabanza que te son debidas; Tú mismo, Soberano, recibe, aun de la boca de nosotros, pecadores, el himno trisagio, y visítanos en tu bondad. Perdona todas nuestras transgresiones voluntarias e involuntarias; Santifica nuestras almas y cuerpos, y concede que te adoremos en santidad todos los días de nuestra vida; por las intercesiones de la santísima Theotokos y de todos los santos que desde el origen de los siglos te complacieron.

SACERDOTE (en voz alta)

Porque tú eres santo, Dios nuestro, y a ti rendimos gloria: al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre,

DIÁCONO

y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

HIMNO TRISAGIO

Santo Dios, santo Poderoso, santo Inmortal, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

DIÁCONO

¡Fuerte!

DIÁCONO (en voz baja)

Ordena, Soberano.

SACERDOTE (en voz baja)

Bendito es aquel que viene en el nombre del Señor.

DIÁCONO (en voz baja)

Bendice, soberano, el excelso trono.

SACERDOTE (en voz baja)

Bendito eres en el trono de la gloria de tu reino, tú que estás sentado sobre los querubines, eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

CORO

¡Fuerte!

Santo Dios, santo Poderoso, santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

LECTURAS

Lectura apostólica

Viernes de la séptima semana

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Proquímeno. Tono 7 (grave). Salmo 98.

Ensalcen al Señor, Dios nuestro, y adórenle en su santo monte. [BASJ]

Verso: El Señor reinó, tiemblan los pueblos. [BASJ]

DIÁCONO

¡Sabiduría!

LECTOR

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Hch. 27:1-44; 28:1

Por aquellos días, cuando se decidió que nos embarcásemos rumbo a Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros prisioneros a un centurión de la cohorte Augusta, llamado Julio. Embarcamos en una nave de Adramitio, que iba a partir hacia las costas de Asia, y nos hicimos a la mar. Estaba con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica. Al día siguiente arribamos a Sidón. Julio se portó humanamente con Pablo y le permitió ir a ver a sus amigos y ser atendido por ellos. Zarpamos de allí y navegamos al abrigo de las costas de Chipre, porque los vientos eran contrarios. Atravesamos los mares de Cilicia y Panfilia y, al cabo de quince días, llegamos a Mira de Licia. Allí encontró el centurión una nave alejandrina que navegaba a Italia, y nos hizo subir a bordo. Durante muchos días la navegación fue lenta y a duras penas llegamos a la altura de Gnido. Como el viento no nos dejaba entrar en puerto, navegamos al abrigo de Creta por la parte de Salmone; y, costeándola, llegamos con dificultad a un lugar llamado Buenos Puertos, cerca del cual se encuentra la ciudad de Lasea. Había transcurrido bastante tiempo y la navegación era ya peligrosa, pues incluso había pasado el Ayuno. Pablo les advertió: «Amigos, presiento que la navegación va a ser muy peligrosa, y que pueden salir seriamente dañadas no sólo la carga y la nave, sino también nuestras propias personas.» Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón que a las palabras de Pablo. Como el puerto no estaba acondicionado para invernar, la mayoría decidió hacerse a la mar desde allí, por si era posible llegar a Fénica, un puerto de Creta orientado al suroeste y al noroeste, y pasar allí el invierno. Como entonces soplaba ligeramente el viento del sur, creyeron que podían poner en práctica su propósito. Así que levaron anclas y fueron costeando Creta de cerca. Pero no mucho después se desencadenó un viento huracanado procedente de la isla, llamado Euroaquilón. La nave fue arrastrada y, al no poder hacer frente al viento, nos abandonamos a la deriva. Navegando a sotavento de una isleta llamada Cauda, pudimos con mucha dificultad hacernos con el bote. Una vez izado el bote, se emplearon los cables de refuerzo, ciñendo el casco por debajo; y por miedo a chocar contra la Sirte, se echó el ancla flotante. Así navegábamos a la deriva. Pero como el temporal seguía sacudiéndonos furiosamente, al día siguiente aligeraron la nave. Al tercer día, con sus propias manos, arrojaron por la borda el aparejo de la nave. Durante muchos días no aparecieron ni el sol ni las estrellas. Además, con la violenta tempestad que teníamos sobre nosotros, toda esperanza de salvarnos iba desapareciendo. Llevábamos bastantes días sin comer. Entonces Pablo se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «Amigos, más hubiera valido que me hubieran escuchado y no se hubieran hecho a la mar desde Creta. Les habrían ahorrado este peligro y esta pérdida. Pero ahora les recomiendo que tengan buen ánimo. Ninguno de ustedes va a morir; sólo se perderá la nave. Lo digo porque esta noche se me ha aparecido un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien doy culto, y me ha dicho: ‘No temas, Pablo; tú tienes que comparecer ante el César. Por eso, Dios te ha concedido la vida junto con todos los que navegan contigo.’ Por tanto, amigos, ¡ánimo! Yo tengo fe en Dios y creo que todo sucederá tal como se me ha dicho. Iremos a dar en alguna isla.» Era ya la décima cuarta noche que íbamos a la deriva por el Adriático, cuando hacia la media noche presintieron los marineros la proximidad de tierra. Sondearon la profundidad, y el lecho del mar estaba a veinte brazas; un poco más adelante sondearon de nuevo y midieron quince brazas. Temerosos de que fuésemos a chocar contra algunos escollos, echaron cuatro anclas desde la popa y esperaron ansiosamente que se hiciese de día. Los marineros intentaban escapar de la nave, y empezaron a arriar el bote con el pretexto de echar los cables de las anclas de proa. Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: «Si no se quedan éstos en la nave, no se van a poder salvar.» Entonces los soldados cortaron las amarras del bote y lo dejaron caer. Mientras esperaban que se hiciera de día, Pablo aconsejaba a todos que tomasen alimento. Les decía: «Hace ya catorce días que, preocupados por lo que pueda pasar, están en ayunas, sin probar bocado. Les aconsejo que, si quieren sobrevivir, coman algo. Ninguno de ustedes perderá ni un solo cabello de su cabeza.» Dicho esto, tomó pan, dio gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y se puso a comer. Entonces todos los demás se animaron y empezaron también a comer. Estábamos en total en la nave doscientas setenta y seis personas. Una vez satisfechos, aligeraron la nave arrojando el trigo al mar. Cuando vino el día, los marineros no reconocían la tierra; solamente podían divisar una ensenada con su playa. Así que resolvieron hacer todo lo posible por impulsar la nave hacia ella. Soltaron las anclas, que dejaron caer al mar; aflojaron al mismo tiempo las ataduras de los timones; después izaron al viento la vela artimón y pusieron rumbo a la playa. Pero tropezaron contra un lugar con mar por ambos lados, y encalló allí la nave. La proa, clavada, quedó inmóvil; en cambio la popa, sacudida violentamente, se iba deshaciendo. Los soldados resolvieron entonces matar a los presos, para que ninguno escapase a nado. Pero el centurión, que quería salvar a Pablo, se opuso a su decisión y dio orden de que los que supieran nadar se arrojasen los primeros al agua y ganasen la orilla; y que los demás saliesen sobre tablones o sobre los despojos de la nave. De esta forma todos llegamos a tierra sanos y salvos. Una vez a salvo, pudimos saber que la isla se llamaba Malta. [BJ-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti lector.

CORO

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

(Se canta “Aleluya” tres veces. Los versículos correspondientes se encuentran en el documento “Liturgia - partes variables” de la misma fecha.)

Santo Evangelio

ORACIÓN DEL SANTO EVANGELIO

SACERDOTE (en voz baja)

Soberano filántropo, haz brillar en nuestros corazones la luz pura de tu conocimiento, y abre los ojos de nuestro entendimiento a la comprensión de tus predicaciones evangélicas; inculca asimismo en nosotros el temor de tus bienaventurados mandamientos a fin de que, habiendo pisoteado todos los deseos carnales, vayamos en busca de un espiritual modo de vida, pensando y obrando cuanto es de tu agrado. Porque tú eres la iluminación de nuestras almas y cuerpos, Cristo Dios, y a ti rendimos gloria junto con tu Padre que no tiene principio y con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.

SACERDOTE

Paz a todos.

CORO

Y a tu espíritu.

DIÁCONO

Lectura del santo Evangelio según S. Juan.

SACERDOTE

¡Atendamos!

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

Jn. 17:18-26

En aquel tiempo, Jesús dijo mirando al cielo: «Padre, como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad. No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que creerán en mí por medio de su palabra, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, deseo que los que tú me has dado estén también conmigo allí donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor que me has tenido esté en ellos, y yo en ellos.» [BJ-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti, evangelizador.

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

SACERDOTE (en voz baja)

SEGUNDA ORACIÓN DE LOS FIELES

De nuevo y reiteradamente nos postramos ante ti, y te pedimos, bondadoso y filántropo, que, habiendo atendido nuestra petición, purifiques nuestra alma y cuerpo de toda mancha de carne y de espíritu, y nos concedas, sin culpa ni condenación, presentarnos ante tu santo altar. Otorga, además, Dios, a los que oran junto con nosotros, el progreso en la vida, en la fe y en el conocimiento espiritual; concédeles, que te rindan siempre culto con temor y amor, que sin culpa ni condenación participen de tus santos misterios y sean hechos dignos de tu reino celestial.

SACERDOTE (en voz alta)

Para que siendo protegidos siempre bajo tu poder, te rindamos gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

GRAN ENTRADA

Himno querúbico

Quienes a los querubines místicamente representamos y a la vivificadora Trinidad el himno trisagio cantamos: todo mundano afán depongamos. Para acoger al rey de todos.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DEL HIMNO QUERÚBICO

Ninguno de los que se hallan atados por los deseos y placeres carnales es digno de llegar o de acercarse a ti, ni de servirte, rey de la gloria; pues el servirte es cosa grande y terrible aun para las potestades celestiales. No obstante, por tu indecible e infinito amor a la humanidad, te hiciste hombre sin cambio ni alteración, y te erigiste sumo sacerdote nuestro, concediéndonos a nosotros el ministerio de este litúrgico e incruento sacrificio, como Soberano de todo; puesto que sólo tú, Señor Dios nuestro, ejerces el dominio sobre todas las cosas celestiales y terrenales; tú que te asientas sobre el trono de los querubines; que eres el Señor de los serafines; que eres el Señor de los Serafines y el rey de Israel, el único santo, y descansas entre los santos. A ti, pues, dirijo mi súplica, único bueno y pronto para escuchar: Obsérvame a mí, tu pecador y inútil siervo y limpia mi alma y mi corazón de conciencia de malignidad; y hazme capaz por el poder de tu santo Espíritu, ya que me hallo investido de la gracia del sacerdocio, para estar ante esta tu santa mesa y ministrar tu santo e inmaculado Cuerpo y tu preciosa Sangre. Pues ante ti acudo e inclinado la cabeza te suplico; no apartes de mí tu rostro, ni me rechaces de entre tus hijos, sino dígnate aceptar de mí, tu servidor, pecador e indigno, estos dones; porque tú mismo eres quien ofrece y quién eres ofrecido, tú quien recibes y quién eres distribuido, Cristo Dios nuestro, y a ti rendimos gloria junto con tu Padre eterno y tu santísimo Espíritu bueno y vivificador, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Quienes a los querubines místicamente representamos y a la vivificadora Trinidad el himno trisagio cantamos: todo mundano afán depongamos. * Para acoger al rey de todos. Acompañado invisiblemente por legiones angélicas. ¡Aleluya, aleluya, aleluya! (3 veces)

DIÁCONO

El Señor Dios se acuerde eternamente de todos ustedes y de todos los piadosos Cristianos Ortodoxos en su reino ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Acompañado invisiblemente por legiones angélicas. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

LETANÍA COMPLETIVA

DIÁCONO

Completemos nuestra súplica al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por los preciosos dones ya ofrecidos, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por esta santa morada y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Que el día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Un ángel de paz, guía fiel y custodio de nuestras almas y cuerpos, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Perdón y remisión de nuestros pecados y transgresiones, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Cuanto es bueno y conveniente para nuestras almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Que el tiempo restante de nuestra vida se complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor y vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DEL OFERTORIO

Señor Dios todopoderoso, único santo, que recibes el sacrificio da alabanza de los que a ti claman con todo el corazón acepta la súplica de nosotros pecadores y recíbela sobre tu santo altar; haznos capaces de presentarte dones y sacrificios espirituales por nuestros pecados y por la ignorancia del pueblo, y haznos dignos de hallar gracia ante ti, para que nuestro sacrificio te sea aceptable y el Espíritu de tu gracia more en nosotros, y en estos dones aquí presentes, y en todo tu pueblo.

SACERDOTE (en voz alta)

Por las misericordias de tu Hijo Unigénito, con quien eres bendito junto con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

BESO Y CONFESIÓN

SACERDOTE: Paz a todos.

CORO: Y a tu espíritu.

DIÁCONO

Amémonos unos a otros, para que, unánimemente, confesemos.

CORO

Al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Trinidad, coesencial e indivisible.

O en las concelebraciones:

Te amaré Señor, fortaleza mía; el Señor es mi apoyo, mi refugio y mi libertador. [SAOGM]

DIÁCONO

¡Las puertas! ¡Las puertas! Con sabiduría atendamos.

TODOS

EL SÍMBOLO DE LA FE

Creo en un solo Dios Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Y en un solo Señor Jesús Cristo, unigénito Hijo de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma esencia que el Padre, por quien todo fue hecho. Quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos, y se encarnó del Espíritu santo y de María la Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato, padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. Y ascendió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. Y de nuevo vendrá, con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu santo, Señor, vivificador, que procede del Padre, que junto con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado, que habló por medio de los profetas. En la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Espero la resurrección de los muertos, y la vida en la era futura.

CORO: Amén.

SANTA OBLACIÓN

DIÁCONO

Dispongámonos bien. Dispongámonos con temor, estemos atentos a la santa oblación que ofrecemos en paz.

CORO

Misericordia de paz, sacrificio de alabanza.

SACERDOTE

La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo, y el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu santo sean con todos ustedes.

CORO

Y con tu espíritu.

SACERDOTE

Elevemos los corazones.

CORO

Los tenemos hacia el Señor.

SACERDOTE

Demos gracias al Señor.

CORO

Es digno y justo.

SACERDOTE (en voz baja)

Digno y justo es cantarte, bendecirte, alabarte, darte gracias y adorarte en todos los lugares de tu señorío, pues eres Dios inefable, incomprensible, invisible, inconcebible, eterno y siempre el mismo, tú y tu Hijo unigénito y tu Espíritu santo. Tú de la nada nos trajiste a la existencia, y cuando caímos, nos volviste a levantar, y no dejaste de hacer todo, hasta elevarnos al cielo, y otorgarnos tu reino venidero. Por todo ello damos gracias, a ti y a tu Hijo unigénito, y a tu Espíritu santo, por todas las cosas ya conocidas o desconocidas, y por todos los beneficios que nos han sido concedidos, tanto manifiestos como ocultos. Te damos gracias también por esta liturgia que te dignaste aceptar de nuestras manos, aunque te asisten miles de arcángeles y millares de ángeles, querubines y serafines de seis alas y de múltiples ojos que se remontan en las alturas volando.

SACERDOTE (en voz alta)

Cantando el himno de la victoria, proclamando, exclamando y diciendo.

CORO

Santo, santo, santo, Señor Sabaot, plenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en las alturas: bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en las alturas.

SACERDOTE (en voz baja)

Con estas bienaventuradas potestades, Soberano y filántropo, nosotros también exclamamos y decimos: Santo eres y santísimo, tú y tu Hijo unigénito y tu Espíritu santo; Santo eres y santísimo, y magnífica es tu gloria, ya que de tal manera amaste al mundo que diste a tu Hijo unigénito para que todo el que crea en él no se pierda, sino que alcance la vida eterna; el cual, después de haber venido y cumplido toda la economía para con nosotros, en la noche en que fue entregado o más bien, se entregó por la vida del mundo, tomó pan en sus santas, puras e inmaculadas manos, habiendo dado gracias y bendecido, santificado y partido. Lo dio a sus santos discípulos y apóstoles, diciendo:

SACERDOTE (en voz alta)

¡Tomen, coman, esto es mi Cuerpo, que por ustedes es partido, para la remisión de los pecados!

CORO: Amén.

SACERDOTE (en voz baja)

Del mismo modo, después de haber cenado, tomó el cáliz diciendo:

SACERDOTE (en voz alta)

Beban todos de él; esta es mi sangre, la del nuevo testamento, que por ustedes y por muchos es derramada para la remisión de los pecados.

CORO: Amén.

SACERDOTE (en voz baja)

Conmemorando, por lo tanto, este mandato para la salvación y todo lo que por nosotros se ha cumplido, la cruz, la sepultura, la resurrección al tercer día, la ascensión a los cielos, la entronización a la diestra y el segundo y glorioso nuevo advenimiento.

SACERDOTE (en voz alta)

Te ofrecemos lo que es tuyo, de lo que es tuyo, en todo y por todo.

CORO

Te alabamos, te bendecimos, te damos gracias, Señor, y te suplicamos, oh Dios nuestro.

SACERDOTE (en voz baja)

Te ofrecemos aun este culto racional e incruento, y te rogamos, pedimos y suplicamos: envía tu Espíritu santo sobre nosotros y sobre estos dones aquí presentes.

DIÁCONO (en voz baja)

Bendice, soberano, el santo pan.

SACERDOTE (en voz baja)

Y haz de este pan el precioso Cuerpo de tu Cristo.

DIÁCONO (en voz baja)

Amén.

Bendice, soberano, el santo cáliz.

SACERDOTE (en voz baja)

Y de lo que está en este cáliz, la preciosa Sangre de tu Cristo.

DIÁCONO (en voz baja)

Amén.

Bendice, soberano, juntamente los santos Dones.

SACERDOTE (en voz baja)

Transmutándolos por tu Espíritu santo.

DIÁCONO (en voz baja)

Amén. Amén. Amén.

SACERDOTE (en voz baja)

A fin de que sean para quienes comulguen con ellos: purificación del alma, remisión de los pecados, comunión de tu Espíritu santo, plenitud del reino de los cielos, confianza ante ti, y no motivo de juicio o condenación. Te ofrecemos aún, este culto racional, por los que se han dormido en la fe: los progenitores, padres, patriarcas, profetas, apóstoles, predicadores, evangelistas, mártires, confesores, ascetas y por todo espíritu justo perfeccionado en la fe.

SACERDOTE (en voz alta)

Especialmente por la santísima, purísima, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre virgen María.

CORO

Himno a la Theotokos.

Tono 5 (plagal 1).

Tú que superas todo entendimiento y razón, siendo la Madre de Dios, de manera inexplicable concebiste en el tiempo a Áquel que existe fuera del tiempo; a ti los fieles te magnificamos unánimemente. [unES]

SACERDOTE (en voz baja)

Por las súplicas del santo profeta, precursor y bautista Juan, de los santos gloriosos y alabadísimos apóstoles, de san (N.) cuya memoria celebramos y de todos tus santos, visítanos Dios y acuérdate de todos cuantos se han dormido, en la esperanza de la resurrección a la vida eterna, (menciona los nombres de los difuntos) y concédeles el descanso Dios nuestro, donde resplandece la luz de tu rostro. Te imploramos de nuevo Señor, acuérdate de todo el episcopado ortodoxo que enseña rectamente la palabra de tu verdad, de todo el presbiterado, del diaconado en Cristo y todo el orden clerical y monástico. Te ofrecemos aún este culto racional por el mundo entero, por la Iglesia, santa, católica y apostólica; por quienes viven en pureza y decencia; por nuestras autoridades muy creyentes y amantes de Cristo. Concédeles, Señor, una nación pacífica para que nosotros también, en su serenidad, llevemos una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y decencia.

SACERDOTE (en voz alta)

Primeramente acuérdate, Señor, de nuestro arzobispo (nombre): consérvalo para tus santas iglesias, en paz, seguridad, honor, salud, larga vida, y que enseñe rectamente la palabra de tu verdad.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Y de quienes tienen en mente cada uno; y de todos y de todas.

CORO

Y de todos y de todas.

SACERDOTE (en voz baja)

Acuérdate, Señor, de esta ciudad (o Monasterio, o Pueblo, o Isla) en que moramos, de toda ciudad y país y de los fieles que en ellos habitan. Acuérdate, Señor, de quienes viajan por tierra, mar y aire, de los enfermos, de los afligidos y de los cautivos, así como de su salvación. Acuérdate, Señor, de los que en tus santas Iglesias fructifican en buenas obras y de los que se acuerdan de los pobres, y envía sobre todos nosotros tu misericordia.

SACERDOTE (en voz alta)

Y concédenos que con una sola boca y un solo corazón glorifiquemos y alabemos tu honorabilísimo y magnífico nombre, del Padre y del Hijo y del Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

SACERDOTE

Que las misericordias de nuestro gran Dios y Salvador Jesús Cristo sean con todos ustedes.

CORO

Y con tu espíritu.

ORACIÓN DEL SEÑOR

DIÁCONO

Conmemorando a todos los santos, una vez más en paz roguemos al señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por los preciosos dones ya ofrecidos y santificados, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Para que nuestro Dios filántropo, quien los aceptó en su santo, celestial y racional altar como olor de fragancia espiritual, nos envíe la divina gracia y los dones del Espíritu santo, roguemos.

CORO: Señor, ten piedad.


Mostrar peticiones

__________

(Estas peticiones no se incluían originalmente. Probablemente fueron agregadas debido a la influencia de la Liturgia de los Dones Presantificados.)

DIÁCONO

Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Que el día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Un ángel de paz, guía fiel y custodio de nuestras almas y cuerpos, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Perdón y remisión de nuestros pecados y transgresiones, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Cuanto es bueno y conveniente para nuestras almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Que el tiempo restante de nuestra vida se complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor y vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

__________

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DIÁCONO

Pidiendo por la unión de la fe y la comunión del Espíritu santo, encomendémonos cada uno a sí mismo, y unos a otros, y nuestra vida entera, a Cristo Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

A ti encomendamos toda nuestra vida y esperanza, Soberano filántropo; te imploramos, pedimos y suplicamos: haznos dignos de participar de tus celestiales y temibles misterios, de esta tu santa y espiritual mesa, con una conciencia limpia, para la remisión de los pecados, para el perdón de las transgresiones, para la comunión del Espíritu santo, para herencia del reino de los cielos y para confianza frente a ti. No para pecar ni ser condenado.

SACERDOTE (en voz alta)

Y haznos dignos, Soberano, de atrevernos a invocarte con confianza y sin condenación, a ti, Dios y Padre celestial, y decirte:

TODOS

ORACIÓN DEL SEÑOR

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

SACERDOTE

Porque tuyos son el reino, y el poder, y la gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

INCLINACIÓN DE LAS CABEZAS

SACERDOTE: Paz a todos.

CORO: Y a tu espíritu.

DIÁCONO

Inclinemos la cabeza ante el Señor.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

Te damos gracias, rey invisible, que por tu ilimitado poder hiciste todas las cosas, por la plenitud de tu misericordia, trayéndolo todo de la nada a la existencia. Tú, Soberano, mira desde el cielo a los que inclinan ante ti su cabeza. Pues no la han inclinado ante la carne y la sangre sino ante ti, el temible Dios. Por lo tanto, Soberano, haz eficaz la presente oblación por todos nosotros, según las necesidades de cada cual: navega con los navegantes, acompaña a los viajeros, sana a los enfermos, tú que eres el médico de nuestras almas y cuerpos.

SACERDOTE (en voz alta)

Por la gracia, compasión y filantropía de tu Hijo Unigénito, con quien eres bendito, junto con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

DIVINA COMUNIÓN

SACERDOTE (en voz baja)

Atiende Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, desde tu santa morada y desde el trono de la gloria de tu reino, y ven a santificarnos, tú, que te asientas en las alturas con el Padre, y que estás aquí presente invisiblemente con nosotros; y dígnate concedernos, por tu poderosa mano, tu inmaculado Cuerpo y tu preciosa Sangre, y por nosotros a todo el pueblo.

DIÁCONO: ¡Atendamos!

SACERDOTE

Los santos para los santos.

CORO

Uno es santo, uno es Señor, Jesús Cristo, para la gloria de Dios Padre. Amén.

Mostrar las oraciones preparatorias para la comunión

TODOS

ORACIONES ANTES DE LA COMUNIÓN

Los siguientes textos de la comunión pueden variar de una parroquia a otra, dependiendo de las costumbres locales.

Creo Señor, y confieso, que en verdad eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo a salvar a los pecadores de los que yo soy el primero. También creo que éste es tu mismo inmaculado Cuerpo y que ésta es tu misma preciosa Sangre. Por eso te imploro: ten piedad de mí y perdona mis culpas, voluntarias e involuntarias, las de palabra o de obra, cometidas a sabiendas o en ignorancia, y hazme digno, sin condenación, de participar de tus inmaculados misterios, para el perdón de mis pecados y para la vida eterna. Amén.

Ahora que me acerco a la divina comunión, hacedor, no me consumas por comulgar; ya que tú eres fuego que abrasa al indigno, sino purifícame de toda mancha.

De tu cena mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón te confieso: ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu reino!

Tiembla, hombre, cuando contemples la Sangre deificante; es una brasa que consume al indigno. El Cuerpo de Dios deifica y alimenta; deifica el espíritu y maravillosamente alimenta la mente.

Me sedujiste con ansia, Cristo, y con tu divino amor me convertiste. Consume ahora con fuego inmaterial mis pecados y hazme digno de saciarme del gozo que está en ti, para que saltando de alegría, bueno, magnifique tus dos advenimientos.

¿Cómo puedo yo, indigno, entrar en el esplendor de tus santos? Pues si me atrevo a entrar en la cámara nupcial mis vestidura me denunciará porque no es de bodas, y maniatado los ángeles me echarán. Limpia la inmundicia de mi alma y sálvame, Señor, pues eres filántropo.

Soberano, Filántropo, Señor Jesús Cristo, Dios mío, no sean para el juicio, por causa de mi indignidad, estos Santos Dones, sino para la purificación y santificación de mi alma y de mi cuerpo y para recibirlos como anticipo de la vida futura y tu reino; pues es bueno para mi aferrarme a Dios y poner en el Señor la esperanza de mi salvación.

De tu cena mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón te confieso: ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu reino!

Ocultar las oraciones preparatorias para la comunión

CORO

Himno de la comunión.

Subió Dios con júbilo, el Señor con voz de trompeta. [BASJ] Aleluya.

DIÁCONO

Acérquense con respeto de Dios, con fe y con amor.

El sacerdote toma el santo cáliz de las manos del diácono y le da la comunión a cada uno diciendo: El (la) siervo (a) de Dios (N.) Comulga el valioso Cuerpo y Sangre del Señor, Dios y Salvador Jesús Cristo, para la remisión de tus pecados y para la vida eterna. Amén.

Himnos Durante la Divina Comunión

SACERDOTE

Salva, Dios, a tu pueblo y bendice a tu heredad.

CORO

Himno después de la comunión.

En lugar de “Vimos la luz verdadera”.

Tono 4.

Ascendiste con gloria, ¡Oh Cristo Dios nuestro!, y alegraste a Tus discípulos con la promesa del Espíritu Santo, confirmándoles con tu bendición que eres el Hijo de Dios el Salvador del mundo. [AA-MX]

DIÁCONO (en voz baja)

Eleva, soberano.

SACERDOTE (en voz baja)

Dios, elevada sea sobre los cielos y sobre toda la tierra tu gloria. (3 veces)

Bendito sea Dios nuestro.

SACERDOTE (en voz alta)

Eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

ACCIÓN DE GRACIAS

DIÁCONO

¡De pie! Habiendo comulgado los divinos, santos, inmaculados, inmortales, celestiales, vivificadores y estremecedores misterios de Cristo, agradezcamos dignamente al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Habiendo pedido que cada día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, encomendémonos cada uno a sí mismo, y unos a otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS

Te damos gracias, Soberano filántropo, bienhechor de nuestras almas, porque también este día nos has hecho dignos de tus celestiales e inmortales misterios. Enséñanos nuestro camino, afírmanos a todos en tu temor, guarda nuestra vida y asegura nuestros pasos, por las oraciones y súplicas de la gloriosa Theotokos y siempre virgen María y de todos tus santos.

SACERDOTE (en voz alta)

Porque tú eres nuestra santificación y a ti rendimos gloria: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

DESPEDIDA

SACERDOTE: Salgamos en paz.

DIÁCONO: Roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE

ORACIÓN DETRÁS DEL AMBÓN

Señor, que bendices a los que te bendicen, y santificas a los que ponen en ti su confianza, salva a tu pueblo y bendice tu heredad. Conserva la plenitud de tu Iglesia; santifica a los que aman la hermosura de tu morada. Glorifícalos tú también por tu divino poder y no abandones a quienes ponemos en ti nuestra esperanza. Otorga la paz al mundo, a tus Iglesias, a los sacerdotes, a nuestras autoridades, al ejército y a todo tu pueblo, porque toda buena gracia y todo don perfecto provienen de lo alto y descienden de ti, Padre de las luces; y a ti rendimos gloria, agradecimiento y adoración, Padre, Hijo y Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Sea el nombre del Señor bendecido desde ahora y por los siglos. [SAOGM] (3 veces)

ORACIÓN DURANTE LA RECOLECCIÓN DE LOS DONES

SACERDOTE (en voz baja)

Cristo Dios nuestro, que eres el cumplimiento de la ley y de los profetas, que consumaste plenamente el designio del Padre, llena nuestros corazones de júbilo y regocijo, eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

__________

Memorial (Nimósino)


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CORO

Evlogitaria por los Difuntos

Tono 5 (plagal 1).

Bendito eres Señor, enséñame tus mandamientos.

El coro de los Santos ha encontrado la fuente de la vida y la puerta del Paraíso. Que yo también encuentre el camino por el arrepentimiento. Yo soy la oveja que está perdida: Salvador, llámame de regreso y sálvame. [SAOGM]

Bendito eres Señor, enséñame tus mandamientos.

Tú que, al principio, de la nada me formaste y me honraste con tu divina imagen, y que, cuando falté a tus mandamientos, me hiciste volver a la tierra, de la cual fui tomado, restituye en mí tu imagen, para que se renueve en mí la primitiva hermosura. [SAOGM]

Bendito eres Señor, enséñame tus mandamientos.

Yo soy la imagen de tu gloria inefable, aunque llevo en mí la señal de las culpas: Ten piedad de tu criatura, Señor, y purifícala con tu bondad. Concédeme la patria tan añorada y hazme de nuevo ciudadano del paraíso. [SAOGM]

Bendito eres Señor, enséñame tus mandamientos.

Concede descanso, Señor, a tu sirviente, y sitúalo/a en el Paraíso donde los coros de los Santos y los justos brillarán como estrellas en el cielo. A tu sirviente que ha partido concede descanso, y perdona todas sus ofensas. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Alabemos el triple resplandor del único Dios, y exclamemos en un canto: ¡Santo eres Tú, Padre Eterno, Hijo Coeterno, y Espíritu Divino! Ilumina a quienes te adoramos con fe, y líbranos del fuego eterno. [SAOGM]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Regocíjate, agraciada Señora, quien para la salvación de todos diste a luz a Dios en la carne, y por la que ha encontrado la salvación el género humano. Que por tu mediación, pura y bendita Theotokos, podamos encontrar el Paraíso. [SAOGM]

Aleluya, Aleluya, Aleluya. Gloria a ti, Dios. [SAOGM]

Condaquio. Tono 8 (plagal 4).

Concede que descansen con los santos, oh Cristo, las almas de tus siervos, donde no hay dolor, ni tristeza, ni sufrimiento, sino vida eterna. [SAOGM]

Tono 4

Entre los espíritus de los justos perfeccionados, concede descanso, Salvador, al alma (a las almas) de tu siervo (tu sierva, tus siervas). Guarda a ella (a ellas) en la vida bendita que proviene de ti, filántropo. [SAOGM]

Otorga descanso al alma (a las almas) de tu siervo (tu sierva, tus siervos), en tu quietud, oh Señor, donde todos tus santos reposan; porque tú solo eres inmortal. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Tú eres nuestro Dios, quien descendió al Hades y liberó del dolor a los que estaban encadenados. Concede descanso, Salvador, al alma (a las almas) de tu siervo (tu sierva, tus siervos). [SAOGM]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

La única purísima e inmaculada Virgen, quien inefablemente concebiste a Dios, intercede ante él por la salvación del alma (de las almas) de tu siervo (tu sierva, tus siervos). [SAOGM]

DIÁCONO

Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.

CORO: Señor, ten piedad. (3 veces)

DIÁCONO

De nuevo suplicamos por el descanso del alma del siervo/a de Dios N., difunto/a, quien ha caído dormido, y por el perdón de todos sus pecados, voluntarios e involuntarios.

CORO: Señor, ten piedad. (3 veces)

DIÁCONO

Que el Señor Dios sitúe su alma donde reposan los justos. Pidamos la misericordia de Dios, el Reino del Cielo y el perdón de sus pecados, a Cristo nuestro Rey inmortal y Dios.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE

Oh Dios de espíritus y de toda creación, tú has vencido a la muerte, has abolido el poder del demonio, dando vida a tu mundo. Concede, Señor, descanso al alma (a las almas) de tu siervo (tu sierva, tus siervos) (N.), difunto (difunta, difuntos) en un lugar de luz, en un lugar de reposo, en un lugar de refugio, donde no hay dolor, ni tristeza, ni sufrimiento. Ya que eres Dios bondadoso y filántropo, perdónale(s) todo pecado que haya(n) cometido de palabra, obra o pensamiento, porque no hay nadie que viva y no peque. Tú solo Señor eres sin pecado. Tu justicia es eterna, y tu palabra es verdad.

DIÁCONO

Roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE

Porque Tú eres la Resurrección, la vida y el reposo de tu siervo difunto (tu sierva difunta, tus siervos difuntos) (N.), Cristo Dios nuestro, y a ti rendimos gloria, con tu Padre, que es sin principio y tu santísimo, bueno y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

SACERDOTE

Que su memoria sea eterna, bienaventurado(s) hermano(s), digno(s) de bendición y de memoria eterna. (3 veces)

CORO

Tono 3.

Memoria eterna. Memoria eterna. Memoria eterna. (3 veces)

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DIÁCONO: Roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE

La bendición del Señor y su misericordia vengan sobre ustedes, por su divina gracia y su filantropía, eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

SACERDOTE

Gloria a ti, Dios nuestro. Gloria a ti.

El que ascendió con gloria de entre nosotros a los cielos y se sentó a la derecha de Dios Padre, Cristo, verdadero Dios nuestro, por las intercesiones de su purísima e inmaculada Madre, por el poder de la vivificante y preciosa Cruz, la protección de las celestiales potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y glorioso profeta, precursor y bautista Juan, de los santos, gloriosos y alabadísimos apóstoles, de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de nuestros justos y teóforos padres, (santo patrono del templo local); de los santos y justos familiares del Señor, Joaquín y Ana, y de todos los santos, tenga misericordia de nosotros y sálvanos, pues eres un Dios bondadoso y filántropo.

CORO

Al que nos bendice y santifica, conserva Señor, por muchos años.

SACERDOTE

Por las oraciones de nuestros santos padres, Señor Jesús Cristo Dios, ten piedad de nosotros y sálvanos.

CORO: Amén.