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Hieraticón

Liturgia de S. Basilio

Menaion - 6 de Enero

La santa Epifanía de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesús Cristo.

__________


LITURGIA VESPERTINA DE SAN BASILIO

SACERDOTE

Bendito el reino del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Mientras se lee el salmo introductorio (103/104), el sacerdote, con la cabeza descubierta, se coloca frente a la Santa Mesa o frente al icono de Cristo en la solea, y recita en silencio las oraciones del encendido de las lámparas.

LECTOR

Vengan, adoremos y prosternémonos ante Dios nuestro Rey.

Vengan, adoremos y prosternémonos ante Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.

Vengan, adoremos y prosternémonos ante el mismo Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.

Salmo 103 (104)

Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. Extiendes los cielos como una tienda, construyes tu morada sobre las aguas; las nubes te sirven de carroza, avanzas en las olas del viento; los vientos te sirven de mensajeros; el fuego llameante, de ministro. Asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano, y las aguas se posaron sobre las montañas; pero a tu bramido huyeron, al fragor de tu trueno se precipitaron, mientras subían los montes y bajaban los valles: cada cual al puesto asignado. Trazaste una frontera que no traspasarán, y no volverán a cubrir la tierra. De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes; en ellos beben las fieras de los campos, el asno salvaje apaga su sed; junto a ellos habitan las aves del cielo, y entre las frondas se oye su canto. Desde tu morada riegas los montes, y la tierra se sacia de tu acción fecunda; haces brotar hierba para los ganados, y forraje para los que sirven al hombre. Él saca pan de los campos, y vino que le alegra el corazón; y aceite que da brillo a su rostro, y alimento que le da fuerzas. Se llenan de savia los árboles del Señor, los cedros del Líbano que El plantó: allí anidan los pájaros, en su cima pone casa la cigüeña. Los riscos son para las cabras, las peñas son madriguera de erizos. Hiciste la luna con sus fases, el sol conoce su ocaso. Pones las tinieblas y viene la noche, y rondan las fieras de la selva; los cachorros rugen por la presa, reclamando a Dios su comida. Cuando brilla el sol, se retiran, y se tumban en sus guaridas; el hombre sale a sus faenas, a su labranza hasta el atardecer. Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. Ahí está el mar: ancho y dilatado, en él bullen, sin número, animales pequeños y grandes; lo surcan las naves, y el leviatán que modelaste para que retoce. Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo: se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes; escondes tu rostro, y se espantan; les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu aliento, y los creas, y repueblas la faz de la tierra. Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras, cuando Él mira la tierra, ella tiembla; cuando toca los montes, humean. Cantaré al Señor, tocaré para mi Dios mientras exista: que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor. Que se acaben los pecadores en la tierra, que los malvados no existan más. ¡Bendice, alma mía, al Señor!

El sol, que conoce su ocaso; pones las tinieblas y viene la noche.

Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría. [CA-SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

¡Aleluya, aleluya, aleluya! Gloria a ti, oh Dios. (3 veces)

La esperanza nuestra, oh Señor, gloria a ti.

LETANÍA DE LA PAZ

DIÁCONO

En paz, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por la paz de lo alto y por la salvación de nuestras almas, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por la paz del mundo entero, la estabilidad de las santas Iglesias de Dios y la unión de todos, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por esta santa morada y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por los cristianos piadosos y ortodoxos, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por nuestro arzobispo (N.), el honorable presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero y el pueblo, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad y poder roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por esta ciudad (Monasterio, Pueblo, o Isla), por toda ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por un clima benéfico, por la abundancia de los frutos de la tierra y por tiempos pacíficos, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por quienes viajan por mar, tierra o aire, por los enfermos, los afligidos, los cautivos y por su salvación, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE

Pues a ti se debe toda gloria, honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

CORO

Tono 2.

Señor, a Ti he clamado, óyeme; óyeme, oh Señor. Señor, a Ti he clamado, óyeme; escucha la voz de mi oración, cuando Te invoque. Óyeme, oh Señor. [SAOGM]

Sea enderezada mi oración como incienso delante de Ti, y mis manos elevadas como sacrificio vespertino. Óyeme, oh Señor. [SAOGM]

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Pon, Señor, una guardia ante mi boca y vigila la puerta de mis labios.

Mi corazón no inclines a obras malas.

Que en negocios oscuros no me meta con los que hacen el mal. ¡No me dejes probar sus deleites!

Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá a la cabeza.

Mi oración denunciará siempre sus crímenes. Sus jefes fueron echados desde el peñón.

Comprendieron entonces que hablaba con bondad. Cuando la tierra se abrió a sus pies, sus huesos tapizaron la entrada del infierno.

Por lo tanto, oh Señor, hacia Ti vuelvo mis ojos, en Ti me refugio, no expongas mi vida.

Protégeme del lazo que me han tendido, de las trampas de los que hacen el mal.

Que en sus propias redes caigan los impíos mientras que sólo a mí se me abre paso.

Al Señor le imploro a grandes voces, al Señor le suplico a grandes voces.

En su presencia explayo mi lamento y ante Él relato mi aflicción.

Cuando en mí desfallece mi espíritu, pero Tú, ¿no conoces mi sendero?

En el camino por donde pasaba ocultaron una trampa.

Dirige a la derecha tu mirada y ve cómo ninguno me conoce.

Lejos de mí está cualquier refugio, nadie se preocupa de mi vida.

¡A Ti clamo, Señor, a Ti Te digo: “Tú eres mi esperanza, mi parte en la tierra de los que viven!”

Atiende a mi clamor porque estoy muy decaído.

Ponme a salvo de mis perseguidores, que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión para que dé gracias a tu nombre.

Una ronda harán los justos en torno a mí al saber los favores que me has hecho.

Desde el abismo clamo a Ti, Señor. ¡Señor, escucha mi voz!

¡Que tus oídos pongan atención al clamor de mis súplicas!

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Del Menaion - - -

Idiómelon. Tono 2.

Señor, si no Te olvidas de las faltas, ¿quién podrá subsistir? Pero de Ti procede el perdón. [SAOGM]

El Precursor contempló a nuestra iluminación, a Quien ha traído luz a toda la humanidad, acercándose para el bautismo, su alma se regocijó y su mano tembló. Se lo señaló al pueblo diciendo: Contemplen al Redentor de Israel, Al que nos libra de la corrupción. Oh Cristo nuestro Dios sin pecado, gloria a Ti. [MST]

Idiómelon. Tono 2.

Espero, Señor, mi alma espera, confío en tu palabra; mi alma cuenta con el Señor. [SAOGM]

El Precursor contempló a nuestra iluminación, a Quien ha traído luz a toda la humanidad, acercándose para el bautismo, su alma se regocijó y su mano tembló. Se lo señaló al pueblo diciendo: Contemplen al Redentor de Israel, Al que nos libra de la corrupción. Oh Cristo nuestro Dios sin pecado, gloria a Ti. [MST]

Idiómelon. Tono 2.

Como confía en la aurora el centinela, así Israel confíe en el Señor. [SAOGM]

Los ejércitos de los Ángeles se llenaron de temor, mientras vieron a nuestro Liberador ser bautizado por un siervo y recibiendo testimonio por la venida del Espíritu. Y la voz del Padre se escuchó desde lo alto diciendo: Aquel, sobre Quien el Precursor pone su mano, Él mismo es Mi Hijo amado en Quien me complazco. Oh Cristo nuestro Dios, gloria a Ti. [MST]

Idiómelon. Tono 2.

Porque junto al Señor está su bondad y la abundancia de sus liberaciones, y Él liberará a Israel de todas sus culpas. [SAOGM]

Los ejércitos de los Ángeles se llenaron de temor, mientras vieron a nuestro Liberador ser bautizado por un siervo y recibiendo testimonio por la venida del Espíritu. Y la voz del Padre se escuchó desde lo alto diciendo: Aquel, sobre Quien el Precursor pone su mano, Él mismo es Mi Hijo amado en Quien me complazco. Oh Cristo nuestro Dios, gloria a Ti. [MST]

Idiómelon. Tono 2.

¡Alaben al Señor en todas las naciones, y festéjenlo todos los pueblos! [SAOGM]

Las corrientes del Jordán Te recibieron a Ti que eres la Fuente, y el Consolador descendió en la forma de una paloma. El que inclinó los cielos, inclinó Su cabeza, y el barro le clamó en voz alta Al que lo modeló: ¿Por qué me mandas lo que está más allá de mi poder? Pues soy yo quien necesita ser bautizado por Ti. Oh Cristo nuestro Dios sin pecado, gloria a Ti. [MST]

Idiómelon. Tono 2.

Pues su amor hacia nosotros es muy grande, y la lealtad del Señor es para siempre. [SAOGM]

Deseando salvar al hombre extraviado, Tú no despreciaste el revestirte a Ti mismo en la forma de un siervo. Pues era conveniente para Ti, como Señor y Dios, tomar sobre Ti nuestra naturaleza por causa nuestra. Pues Tú, oh Liberador, fuiste bautizado en la carne, haciéndonos dignos del perdón. Por eso Te clamamos: Oh Cristo nuestro Dios y Benefactor, gloria a Ti. [MST]

Gloria. Ahora y siempre.

Del Menaion - - -

Tono 2.

Tú inclinaste Tu cabeza ante el Precursor y aplastaste las cabezas de los dragones. Tú has descendido a las aguas y le has dado luz a todas las cosas, para que ellas pudieran glorificarte, oh Salvador, Tú, la Iluminación de nuestras almas. [MST]

DIÁCONO (en voz baja)

Roguemos al Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DE LA ENTRADA

A la tarde, a la mañana y al medio día, Te alabamos, Te bendecimos, Te damos gracias y te suplicamos, Maestro de todo, Señor amante de la humanidad. Dirige nuestra oración como incienso ante Ti, y no inclines nuestros corazones a palabras o pensamientos de maldad; antes bien, líbranos de todos los que persiguen nuestras almas, pues, Señor, Señor, en Ti están nuestros ojos y en Ti esperamos; no nos dejes avergonzados, Dios nuestro.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie!

CLERO Y PUEBLO

Tono 2.

Luz apacible de la santa gloria del Padre Inmortal, Celestial, Santo, y Bendito: Jesús Cristo. Al llegar a la puesta del sol, viendo la luz vespertina, cantamos himnos al Padre, Hijo, y Espíritu Santo—Dios. Digno es en todo tiempo cantarte con voces propicios, Hijo de Dios y Dador de Vida, por lo cual el mundo Te glorifica. [SAOGM]

DIÁCONO

Vespertino...

LECTOR

Lectura del libro de Génesis.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡Atendamos!

LECTOR

Gn. 1:1-13

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era caos y confusión: oscuridad cubría el abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y separó Dios la luz de la oscuridad; llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad llamó «noche». Atardeció y amaneció: día primero. Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las separe unas de otras.» E hizo Dios el firmamento; separó las aguas de por debajo del firmamento de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue. Llamó Dios al firmamento «cielo». Atardeció y amaneció: día segundo. Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de debajo del firmamento en un solo conjunto, y déjese ver lo seco»; y así fue. Llamó Dios a lo seco «tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «mar»; y vio Dios que estaba bien. Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto según su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra.» Y así fue. La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla según sus especies y árboles que dan fruto con la semilla dentro según sus especies; y vio Dios que estaba bien. Atardeció y amaneció: día tercero. [BJ-SAOGM]

CORO

Tono 5 (plagal 1).

Apareciste en el universo, siendo el Creador del universo, para iluminar a los que habitan en tinieblas. Oh Filántropo, ¡gloria a Ti! [unES]

Verso: ¡Que Dios tenga piedad y nos bendiga, que nos muestre su rostro radiante! [BJ-SAOGM]

Para iluminar a los que habitan en tinieblas. Oh Filántropo, ¡gloria a Ti! [unES]

Verso: Así conozca la tierra su proceder, y todas las naciones su salvación. [BJ-SAOGM]

Para iluminar a los que habitan en tinieblas. Oh Filántropo, ¡gloria a Ti! [unES]

Verso: ¡Que los pueblos te den gracias, oh Dios, que todos los pueblos te den gracias! La tierra ha dado su cosecha. [BJ-SAOGM]

Para iluminar a los que habitan en tinieblas. Oh Filántropo, ¡gloria a Ti! [unES]

Verso: Dios, nuestro Dios, nos bendice. ¡Dios nos bendiga y lo teman todos los confines de la tierra! [BJ-SAOGM]

Para iluminar a los que habitan en tinieblas. Oh Filántropo, ¡gloria a Ti! [unES]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Apareciste en el universo, siendo el Creador del universo, para iluminar a los que habitan en tinieblas. Oh Filántropo, ¡gloria a Ti! [unES]

LECTOR

Lectura del segundo libro de Reyes.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡Atendamos!

LECTOR

2 R. 2:6 – 14

Elías le dijo a Eliseo: «Quédate aquí, porque el Señor me envía al Jordán.» Respondió: «¡Por el Dios vivo y por tu propia vida, que no te dejaré!» Y los dos continuaron caminando. Cincuenta hombres de los discípulos de los profetas iban también de camino y se pararon frente (al Jordán), a cierta distancia de Elías y Eliseo, que se detuvieron al lado del Jordán. Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó con él las aguas, que se separaron a un lado y a otro, y ambos pasaron sobre terreno seco. Mientras pasaban, Elías dijo a Eliseo: «Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de que sea arrebatado de tu lado.» Eliseo respondió: «Que pasen a mí dos tercios de tu espíritu.» Replicó: «Pides algo difícil. Si alcanzas a verme cuando sea arrebatado de tu lado, entonces pasará a ti; si no, no pasará.» Iban hablando mientras caminaban, cuando de pronto un carro de fuego con caballos de fuego los separó a uno del otro. Elías subió al cielo en el torbellino. Eliseo lo veía y clamaba: «¡Padre mío, padre mío! ¡Carros y caballería de Israel!» Cuando dejó de verlo, agarró sus vestidos y los desgarró en dos. Recogió el manto que había caído de las espaldas de Elías, volvió al Jordán y se detuvo a la orilla. Tomó el manto que había caído de las espaldas de Elías y golpeó las aguas, pero éstas no se separaron. Dijo entonces: «¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?» Golpeó otra vez las aguas, que se separaron a un lado y a otro, y Eliseo pasó sobre terreno seco. [BJ-SAOGM]

CORO

Tono 6 (plagal 2).

A los pecadores y publicanos te manifestaste, Salvador nuestro, por la abundancia de tu misericordia. Pues ¿dónde debería brillar tu luz, sino entre los que habitan en tinieblas? ¡Gloria a Ti! [JB]

Verso: Reina el Señor, vestido de majestad; el Señor, vestido y ceñido de poder. [BJ-SAOGM]

¿Dónde debería brillar tu luz, sino entre los que habitan en tinieblas? ¡Gloria a Ti! [JB]

Verso: Levantan los ríos, Señor, levantan los ríos su voz. [BJ-SAOGM]

¿Dónde debería brillar tu luz, sino entre los que habitan en tinieblas? ¡Gloria a Ti! [JB]

Verso: Más que el ruido de aguas caudalosas, más imponente que las olas del mar, es imponente el Señor en las alturas. [BJ-SAOGM]

¿Dónde debería brillar tu luz, sino entre los que habitan en tinieblas? ¡Gloria a Ti! [JB]

Verso: La santidad es el ornato de tu casa, oh Señor, por días sin término. [BJ-SAOGM]

¿Dónde debería brillar tu luz, sino entre los que habitan en tinieblas? ¡Gloria a Ti! [JB]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

A los pecadores y publicanos te manifestaste, Salvador nuestro, por la abundancia de tu misericordia. Pues ¿dónde debería brillar tu luz, sino entre los que habitan en tinieblas? ¡Gloria a Ti! [JB]

LECTOR

Lectura del segundo libro de Reyes.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡Atendamos!

LECTOR

2 R. 5:9 – 14

Naamán, jefe del ejército de Siria, llegó con sus caballos y carros y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Éste envió un mensajero a decirle: «Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne te renacerá y quedarás limpio.» Naamán se enfadó y se marchó diciendo: «Yo había pensado que saldría seguramente a mi encuentro, se detendría, invocaría el nombre de su Dios, frotaría con su mano mi parte enferma y sanaría de la lepra. ¿No son mejores que todas las aguas de Israel el Abaná y el Farfar, ríos de Damasco? ¡Podía bañarme en ellos y quedar limpio!» Se dio la vuelta y se marchó furioso. Sus servidores se le acercaron y le dijeron: «Padre mío, si el profeta te hubiera mandado una cosa difícil, ¿no la habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho que te laves y que quedarás limpio!» Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Su carne volvió a ser como la de un niño pequeño. Quedó limpio. [BJ-SAOGM]

HIMNO TRISAGIO

DIÁCONO: Roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DEL HIMNO TRISAGIO

Santo Dios, que descansas entre tus santos y eres alabado por los Serafines con el himno trisagio y glorificado por los Querubines y adorado por toda potestad celestial, tú que de la nada trajiste todo a la existencia, que creaste al hombre a tu imagen y semejanza, y lo adornaste con todos tus dones; Tú que das al suplicante sabiduría y prudencia, y no desprecias al pecador, sino que instituiste el arrepentimiento para su salvación; Tú que dignificaste, a nosotros tus humildes e indignos servidores, de estar ahora ante la gloria de tu Santo Altar y de ofrecerte la adoración y la alabanza que te son debidas; Tú mismo, Soberano, recibe, aun de la boca de nosotros, pecadores, el himno trisagio, y visítanos en tu bondad. Perdona todas nuestras transgresiones voluntarias e involuntarias; Santifica nuestras almas y cuerpos, y concede que te adoremos en santidad todos los días de nuestra vida; por las intercesiones de la santísima Theotokos y de todos los santos que desde el origen de los siglos te complacieron.

SACERDOTE (en voz alta)

Porque tú eres santo, Dios nuestro, y a ti rendimos gloria: al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre,

DIÁCONO

y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

HIMNO TRISAGIO

Santo Dios, santo Poderoso, santo Inmortal, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

DIÁCONO

¡Fuerte!

DIÁCONO (en voz baja)

Ordena, Soberano.

SACERDOTE (en voz baja)

Bendito es aquel que viene en el nombre del Señor.

DIÁCONO (en voz baja)

Bendice, soberano, el excelso trono.

SACERDOTE (en voz baja)

Bendito eres en el trono de la gloria de tu reino, tú que estás sentado sobre los querubines, eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

CORO

¡Fuerte!

Santo Dios, santo Poderoso, santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

Lectura apostólica

De la fiesta.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Proquímeno. Tono 3. Salmo 26.

El Señor es mi luz y mi salvación.

Verso: El Señor es el refugio de mi vida. [BJ-SAOGM]

DIÁCONO

¡Sabiduría!

LECTOR

Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

1 Co. 9:19 – 27

Hermanos, a pesar de sentirme libre respecto de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda. Me he hecho judío con los judíos, para ganar a los judíos; es decir que, para ganar a los que están bajo la Ley, me conduzco como alguien que está bajo la Ley —aun sin estarlo—. Por otra parte, para ganar a los que están sin ley, me conduzco como alguien que está sin ley, aunque, a decir verdad, no estoy sin ley de Dios, pues vivo bajo la ley de Cristo. Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos para salvar a algunos al precio que sea. Y todo esto lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo. Ya saben que en las carreras del estadio todos corren, pero sólo uno recibe el premio. ¡Pues corran, de manera que lo consigan! Los atletas se privan de todo, y total ¡por una corona que se marchita!; nosotros, en cambio, competimos por una inmarcesible. Así pues, yo corro, pero no sin ton ni son; y lucho como si fuera un púgil, pero no lanzando golpes al vacío; al contrario, golpeo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado. [BJ-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti lector.

CORO

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

(Se canta “Aleluya” tres veces. Los versículos correspondientes se encuentran en el documento “Liturgia - partes variables” de la misma fecha.)

Santo Evangelio

ORACIÓN DEL SANTO EVANGELIO

SACERDOTE (en voz baja)

Soberano filántropo, haz brillar en nuestros corazones la luz pura de tu conocimiento, y abre los ojos de nuestro entendimiento a la comprensión de tus predicaciones evangélicas; inculca asimismo en nosotros el temor de tus bienaventurados mandamientos a fin de que, habiendo pisoteado todos los deseos carnales, vayamos en busca de un espiritual modo de vida, pensando y obrando cuanto es de tu agrado. Porque tú eres la iluminación de nuestras almas y cuerpos, Cristo Dios, y a ti rendimos gloria junto con tu Padre que no tiene principio y con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.

SACERDOTE: Paz a todos.

CORO: Y a tu espíritu.

DIÁCONO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

SACERDOTE

¡Atendamos!

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

3:1 – 18

En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene, y durante el pontificado de Anás y Caifás, Juan, hijo de Zacarías, recibió en el desierto la palabra de Dios. Y fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: ‘Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderezcan sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se volverá recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.’ Decía, pues, a la gente que acudía para que les bautizara: «¡Raza de víboras!, ¿quién les ha enseñado a huir de la ira inminente? Den, más bien, frutos dignos de conversión, y no anden diciendo en su interior: ‘Tenemos por padre a Abrahán’, pues les digo que Dios puede de estas piedras dar hijos a Abrahán. Ya está el hacha preparada junto a la raíz de los árboles, de modo que todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.» La gente le preguntaba: «Entonces, ¿qué debemos hacer?» Él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo.» Vinieron también publicanos a bautizarse, que le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?» Él les respondió: «No exijan más de lo que les está fijado.» Le preguntaron también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» Él les contestó: «No hagan extorsión a nadie; no hagan denuncias falsas y estén contentos con su soldada.» Como la gente estaba expectante y andaban todos pensando para sus adentros acerca de Juan, si no sería él el Cristo, declaró Juan a todos: «Yo los bautizo con agua. Pero está a punto de llegar alguien que es más fuerte que yo, a quien ni siquiera soy digno de desatarle la correa de sus sandalias; él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para aventar su parva: recogerá el trigo en su granero, pero quemará la paja con fuego que no se apaga.» Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba a la gente la Buena Nueva. [BJ-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti, evangelizador.

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

Continuamos con la Liturgia de S. Basilio Magno.


SACERDOTE (en voz baja)

SEGUNDA ORACIÓN DE LOS FIELES

Dios, que visitaste en tu generosidad y misericordia a nuestra humildad, que nos colocaste a nosotros, pecadores e indignos siervos tuyos ante tu santa gloria para que sirvamos a tu santo altar: tú mismo fortalécenos con la fuerza de tu santo Espíritu para este ministerio y abre nuestros labios para poder invocar la gracia sobre los dones que ahora te serán ofrecidos.

SACERDOTE (en voz alta)

Para que siendo protegidos siempre bajo tu poder, te rindamos gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

GRAN ENTRADA

Himno querúbico

Quienes a los querubines místicamente representamos y a la vivificadora Trinidad el himno trisagio cantamos: todo mundano afán depongamos. Para acoger al rey de todos.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DEL HIMNO QUERÚBICO

Ninguno de los que se hallan atados por los deseos y placeres carnales es digno de llegar o de acercarse a ti, ni de servirte, rey de la gloria; pues el servirte es cosa grande y terrible aun para las potestades celestiales. No obstante, por tu indecible e infinito amor a la humanidad, te hiciste hombre sin cambio ni alteración, y te erigiste sumo sacerdote nuestro, concediéndonos a nosotros el ministerio de este litúrgico e incruento sacrificio, como Soberano de todo; puesto que sólo tú, Señor Dios nuestro, ejerces el dominio sobre todas las cosas celestiales y terrenales; tú que te asientas sobre el trono de los querubines; que eres el Señor de los serafines; que eres el Señor de los Serafines y el rey de Israel, el único santo, y descansas entre los santos. A ti, pues, dirijo mi súplica, único bueno y pronto para escuchar: Obsérvame a mí, tu pecador y inútil siervo y limpia mi alma y mi corazón de conciencia de malignidad; y hazme capaz por el poder de tu santo Espíritu, ya que me hallo investido de la gracia del sacerdocio, para estar ante esta tu santa mesa y ministrar tu santo e inmaculado Cuerpo y tu preciosa Sangre. Pues ante ti acudo e inclinado la cabeza te suplico; no apartes de mí tu rostro, ni me rechaces de entre tus hijos, sino dígnate aceptar de mí, tu servidor, pecador e indigno, estos dones; porque tú mismo eres quien ofrece y quién eres ofrecido, tú quien recibes y quién eres distribuido, Cristo Dios nuestro, y a ti rendimos gloria junto con tu Padre eterno y tu santísimo Espíritu bueno y vivificador, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Quienes a los querubines místicamente representamos y a la vivificadora Trinidad el himno trisagio cantamos: todo mundano afán depongamos. * Para acoger al rey de todos. Acompañado invisiblemente por legiones angélicas. ¡Aleluya, aleluya, aleluya! (3 veces)

DIÁCONO

El Señor Dios se acuerde eternamente de todos ustedes y de todos los piadosos Cristianos Ortodoxos en su reino ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Acompañado invisiblemente por legiones angélicas. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

LETANÍA COMPLETIVA

DIÁCONO

Completemos nuestra súplica al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por los preciosos dones ya ofrecidos, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por esta santa morada y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Para que nuestro Dios filántropo, quien los aceptó en su santo, celestial y racional altar como olor de fragancia espiritual, nos envíe la divina gracia y los dones del Espíritu santo, roguemos.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Que el día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Un ángel de paz, guía fiel y custodio de nuestras almas y cuerpos, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Perdón y remisión de nuestros pecados y transgresiones, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Cuanto es bueno y conveniente para nuestras almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Que el tiempo restante de nuestra vida se complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor y vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Pidiendo por la unión de la fe y la comunión del Espíritu santo, encomendémonos cada uno a sí mismo, y unos a otros, y nuestra vida entera, a Cristo Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DEL OFERTORIO

Señor Dios nuestro, que nos creaste y nos introdujiste en esta vida y nos diste la revelación de los misterios celestiales: tú que nos pusiste en este ministerio por la fuerza de tu santo Espíritu: ten la bondad de concedernos Señor, que seamos servidores de tu Nuevo Testamento, servidores de tus santos misterios. Acéptanos por la magnitud de tu misericordia, a nosotros que nos acercamos a tu santo altar, para que seamos dignos de ofrecerte este sacrificio racional e incruento por nuestros pecados y por la ignorancia del pueblo. Y al recibirlo en tu santo, celestial y espiritual altar, en olor de fragancia, envíanos desde lo alto la gracia de tu Espíritu santo.

Vuélvete Dios, y mira este nuestro oficio y acéptalo como aceptaste los dones de Abel, los sacrificios de Noé, las ofrendas de frutos de la tierra de Abraham, el sacerdocio de Moisés y de Aarón, y la ofrenda de paz de Samuel. Así como recibiste de tus santos apóstoles este oficio verdadero, recibe Señor también por tu bondad, estos dones de las manos de nosotros pecadores; para que, después de habernos concedido servir sin mancha a tu santo altar, obtengamos la recompensa de los fieles y sabios administradores en el temible día de tu justa retribución.

SACERDOTE

Por las misericordias de tu Hijo Unigénito, con quien eres bendito junto con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

SACERDOTE: Paz a todos.

CORO: Y a tu espíritu.

DIÁCONO

Amémonos unos a otros, para que, unánimemente, confesemos.

CORO

Al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Trinidad, coesencial e indivisible.

O en las concelebraciones:

Te amaré Señor, fortaleza mía; el Señor es mi apoyo, mi refugio y mi libertador. [SAOGM]

DIÁCONO

¡Las puertas! ¡Las puertas! Con sabiduría atendamos.

TODOS

EL SÍMBOLO DE LA FE

Creo en un solo Dios Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Y en un solo Señor Jesús Cristo, unigénito Hijo de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma esencia que el Padre, por quien todo fue hecho. Quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos, y se encarnó del Espíritu santo y de María la Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato, padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. Y ascendió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. Y de nuevo vendrá, con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu santo, Señor, vivificador, que procede del Padre, que junto con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado, que habló por medio de los profetas. En la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Espero la resurrección de los muertos, y la vida en la era futura.

CORO: Amén.

SANTA OBLACIÓN

DIÁCONO

Dispongámonos bien. Dispongámonos con temor, estemos atentos a la santa oblación que ofrecemos en paz.

CORO

Misericordia de paz, sacrificio de alabanza.

SACERDOTE

La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo, y el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu santo sean con todos ustedes.

CORO

Y con tu espíritu.

SACERDOTE

Elevemos los corazones.

CORO

Los tenemos hacia el Señor.

SACERDOTE

Demos gracias al Señor.

CORO

Es digno y justo.

SACERDOTE (en voz baja)

Tú, que eres soberano, adorado Señor y Padre omnipotente: es realmente digno y justo, y conviene a la magnificencia de tu santidad, alabarte, cantarte, adorarte, agradecerte, glorificarte a ti, el único Dios realmente existente, y ofrecerte, con el corazón contrito y en espíritu de humildad, este nuestro oficio racional; pues tú eres quien nos dio el conocimiento de tu verdad. ¿Y quién es capaz de proclamar tu poder, hacer escuchar todas tus alabanzas, o narrar todos tus milagros en todo tiempo?

Rey de todos, Señor del cielo y de la tierra y de todo lo creado, lo visible y lo invisible, que estás sentado en un trono de gloria y miras los espacios infinitos; que no tienes comienzo, que eres invisible, inconcebible, indescriptible, inmutable, Padre de nuestro Señor, gran Dios y Salvador, Jesús Cristo, nuestra esperanza; quien es la imagen de tu bondad y signo exacto de ella; que en sí mismo te representa a ti, Padre, siendo Verbo vivo, Dios verdadero, sabiduría eterna, vida, santificación, poder, luz verdadera; por el cual se manifestó el Espíritu Santo, Espíritu de verdad, don de filiación, promesa de herencia futura, principio de los bienes eternos, fuerza vivificadora, fuente de santificación que otorga fuerza a toda criatura de habla e inteligencia para servirte y ofrecerte constantemente la glorificación racional; porque todos te sirven a ti.

Pues a ti alaban los ángeles, los arcángeles, los tronos, los dominios, los principados, las potestades, las fuerzas y los querubines de muchos ojos. En torno tuyo se encuentran los serafines, cada uno con seis alas, con dos se cubren la cara, con dos los pies, y con dos vuelan, exclamando cada uno después del otro, con voz interminable, glorificaciones incesantes.

SACERDOTE (en voz alta)

Cantando el himno de la victoria, proclamando, exclamando y diciendo.

CORO

Santo, santo, santo, Señor Sabaot, plenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en las alturas: bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en las alturas.

SACERDOTE (en voz baja)

Con estas bienaventuradas potestades, Soberano que amas a la humanidad, también nosotros, pecadores, clamamos y decimos: Santo eres realmente y santísimo, y no existe medida para la magnificencia de tu santidad, y eres justo en todas tus obras, porque todo nos has hecho conforme a la verdad y a la justicia. Al crear al hombre tomaste polvo de la tierra, lo honraste con tu imagen, Dios, y lo ubicaste en el paraíso de la dulzura, prometiéndole una vida inmortal y el gozo de tus bienes eternos por el cumplimiento de tus mandamientos; pero habiéndote desobedecido a ti, al Dios verdadero que lo creó, y atraído por el engaño de la serpiente y mortificado por sus pecados, lo expulsaste Dios por tu justa sentencia del paraíso a este mundo, devolviéndole a la tierra de la que fue tomado, preparándole su salvación por un nuevo nacimiento en tu propio Cristo.

Pues no rechazaste del todo a tu criatura que has creado, Bondadoso, ni te olvidaste de la obra de tus manos, sino que la visitaste repetidamente por la misericordia de tu gracia: enviaste profetas, obraste milagros por medio de tus santos, que te complacieron cada uno a su modo; nos hablaste por la boca de tus siervos, los profetas, prediciéndonos la salvación que había de venir; estableciste la Ley para nuestra ayuda; pusiste ángeles guardianes.

Al cumplirse el tiempo nos hablaste por medio de tu propio Hijo, por el cual creaste los siglos, el cual es resplandor de tu gloria e imagen de tu hipóstasis; sosteniéndolo todo por el verbo de su fuerza, no se apropió indebidamente el ser igual a ti, Dios y Padre, sino que siendo Dios eterno apareció en la tierra y vivió con los hombres; se encarnó de la Santa Virgen, se rebajó tomando el aspecto de un siervo, se hizo semejante al cuerpo de nuestra humildad para hacernos semejantes a la imagen de su gloria.

Y puesto que el pecado entró al mundo por el hombre, y por el pecado la muerte, tu Unigénito Hijo existente en tu seno, Dios y Padre, se dignó nacer de una mujer, la santísima siempre virgen María, y sometiéndose a la ley condenó el pecado por medio de su propia carne, para que muriendo en Adán se vuelva a la vida en tu propio Cristo; y después de haber vivido en este mundo, habiéndonos dado mandamientos salvadores, y apartado del engaño de los ídolos, nos trajo el conocimiento de ti, verdadero Dios y Padre, habiéndonos adquirido como gente elegida, sacerdocio real, pueblo santo; y habiéndonos purificado con el agua y santificado con el Espíritu santo, se entregó a sí mismo a cambio de la muerte, de la cual estábamos cautivos, vendidos por el pecado; y habiendo descendido al infierno por la cruz, para llenarlo todo de sí, venció los sufrimientos mortales; y resucitó al tercer día, abriendo a toda carne el camino de la resurrección de entre los muertos, porque no era posible que la corrupción se apoderase del propio origen de la vida; se hizo el primero de los fallecidos y el primer surgido de entre los muertos, para ser él mismo todo, siendo el primero en todo; y habiendo ascendido a los cielos, se sentó en las alturas a la diestra de tu majestad, de donde vendrá para retribuir a cada uno según sus obras.

Nos dejó, como re cuerdo de su pasión salvadora, estos misterios que te ofrecemos conforme a sus preceptos; pues queriendo salir para su muerte voluntaria, digna de eterna memoria y vivificadora, en la noche en que se entregó por la vida del mundo, tomó el pan en sus santas y purísimas manos y lo elevó a ti, Dios y Padre, dio las gracias, lo bendijo, lo santificó, y partiéndolo,

SACERDOTE (en voz alta)

Lo dio a sus santos discípulos y apóstoles, diciendo: Tomen, coman, éste es mi Cuerpo que por ustedes es partido, para la remisión de los pecados.

CORO: Amén.

SACERDOTE (en voz baja)

Del mismo modo, tomó el cáliz del fruto de la vida, lo mezcló, dio las gracias, lo bendijo, y santificándolo,

SACERDOTE (en voz alta)

Lo dio a sus santos discípulos y apóstoles, diciendo: Beban todos de él, ésta es mi Sangre, la del nuevo testamento, que por ustedes y por muchos es derramada para la remisión de los pecados.

CORO: Amén.

SACERDOTE (en voz baja)

Hagan esto en memoria mía: cada vez que coman este pan y beban de este cáliz anuncian mi muerte y confiesan mi resurrección. Recordando, pues, también nosotros, Soberano, su salvadora pasión, su vivificadora cruz, su sepultura de tres días, su resurrección de entre los muertos, su ascensión a los cielos, su entronización en el trono que está a tu diestra, Dios y Padre, y su glorioso y temible segundo advenimiento.

SACERDOTE (en voz alta)

Te ofrecemos lo que es tuyo, de lo que es tuyo, en todo y por todo.

CORO

Te alabamos, te bendecimos, te damos gracias, Señor, y te suplicamos, oh Dios nuestro.

SACERDOTE (en voz baja)

Por todo aquello, Santísimo Soberano, también nosotros pecadores e indignos siervos tuyos, que somos honrados en servir a tu santísimo Altar, no en atención a nuestros méritos, pues no hicimos nada bueno en la tierra, sino por tu benevolencia y generosidad, que ampliamente derramaste sobre nosotros, nos atrevemos a acercarnos a tu santo altar y, ofreciéndote los signos representativos del santo Cuerpo y de la Sangre de tu Cristo, te rogamos e invocamos, oh Santo de los santos, que por la benignidad de tu benevolencia descienda el Espíritu santo sobre nosotros y sobre los dones que te presentamos, y que los bendiga, santifique y muestra que:

DIÁCONO (en voz baja)

Bendice, soberano, el santo pan.

SACERDOTE

Ciertamente este pan es el mismo valioso Cuerpo del Señor, Dios y Salvador nuestro, Jesús Cristo.

DIÁCONO

Amén.

Bendice, soberano, el santo cáliz.

SACERDOTE

Y ciertamente este cáliz contiene la valiosa Sangre del Señor, Dios y Salvador nuestro, Jesús Cristo.

DIÁCONO

Amén.

Bendice, soberano, juntamente los santos Dones.

SACERDOTE

Derramada por la vida y la salvación del mundo.

DIÁCONO

Amén. Amén. Amén.

SACERDOTE

Y a nosotros todos los que comulgamos de un mismo pan y de un mismo cáliz únenos los unos con los otros en la comunión de un solo Espíritu santo, y que ninguno de nosotros comulgue del santo Cuerpo y Sangre de tu Cristo para su juicio y condenación, sino que hallemos tu misericordia y gracia junto con todos los santos que te hayan complacido desde el principio de los siglos, los progenitores, padres, patriarcas, profetas, apóstoles, predicadores, evangelistas, mártires, confesores de la fe, maestros y toda alma justa fallecida en la fe.

SACERDOTE (en voz alta)

Especialmente por la santísima, purísima, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre virgen María.

CORO

Himno a la Theotokos.

Toda la creación se alegra en ti, oh Llena de gracia, el coro de los ángeles y el género humano. Oh templo consagrado, paraíso espiritual y orgullo de la virginidad, de quien Dios encarnó y se hizo niño, el sempiterno Dios nuestro! Pues Él hizo de tu vientre un trono, y más amplias que los cielos tus entrañas. Toda la creación se alegra en ti, oh Llena de gracia: ¡Gloria a ti!

SACERDOTE (en voz baja)

Por el santo profeta, precursor y bautista Juan, por los santos gloriosos y venerabilísimos apóstoles, por (nombre del santo conmemorado hoy), cuya memoria celebramos, y por todos tus santos, por cuyas súplicas visítanos Dios.

Acuérdate también de todos los que fallecieron con la esperanza de la resurrección a la vida eterna. También Te rogamos por el eterno descanso y por la permanencia en el lugar de la luz perpetua de tus siervos (nombres de los difuntos), donde no hay tristeza ni angustia. Y hazlos descansar donde resplandece la luz de tu rostro.

También te rogamos Señor, que te acuerdes de tu santa Iglesia católica y apostólica, extendida de un extremo al otro del mundo, y concédele la paz, a ella que redimiste con la preciosa Sangre de tu Cristo, y afirma este santo templo hasta el fin de los siglos.

Acuérdate Señor, de los que te ofrecemos estos dones, y de aquellos en cuyo nombre, por medio de los cuales y por quienes te han sido ofrecidos. Acuérdate Señor, de los que traen frutos a tus santas Iglesias y hacen obras de bien, y se acuerdan de los pobres: retribúyeles con tus ricos y celestiales dones, dándoles lo celestial en vez de lo terrenal, lo eterno en vez de lo temporal, lo incorruptible en vez de lo corruptible. Acuérdate Señor, de los que habitan en los desiertos, en las sierras, en las cavernas y en los abismos terrestres. Acuérdate Señor, de los que perseveran en virginidad y piedad, llevando una vida de ayunos y de pureza.

Acuérdate Señor, de toda autoridad, gobierno y ejército: dándoles una profunda y perpetua paz; pon en sus corazones buenos sentimientos para con tu Iglesia y con todos tus fieles, para que pasemos bajo su gobierno una vida apacible y silenciosa con toda piedad y pureza. Conserva a los buenos en su bondad, convierte a los malos en buenos por tu bondad.

Acuérdate Señor, del pueblo aquí presente y de los ausentes por motivos justificados, y ten piedad para con ellos y con nosotros, debido a la muchedumbre de tu misericordia: llena sus haberes de todo lo bueno; conserva sus matrimonios; educa a los niños; dirige a la juventud, sostén a la vejez, consuela a los afligidos; reúne a los errantes; reintegra a tu santa Iglesia católica y apostólica a los que, seducidos, la han abandonado; libra a los oprimidos por los espíritus impuros; navega con los navegantes; viaja con los viajeros; ayuda a las viudas, protege a los huérfanos; libera a los cautivos; sana a los enfermos. Acuérdate Dios, de los que están ante los tribunales; de los mineros, de los presos, de los condenados a trabajos forzados; de los que sufren cualquier pena, necesidad o adversidad. Acuérdate también de todos los que necesitan tu gran misericordia: de los que nos aman y de los que nos odian, de los que se hayan encomendado a nuestras humildes oraciones, y de todo tu pueblo, Señor Dios nuestro, y derrama tu abundante clemencia, concediendo a cada uno lo necesario para su salvación. Y a quienes no hemos recordado por no conocerlos o haberlos olvidado, o debido a la gran cantidad de nombres; tú mismo Dios, conmemóralos, ya que conoces la edad y el nombre de cada cual, conociendo a cada uno desde el seno de su madre.

Pues tú eres, Señor, la ayuda de los que no tienen socorro, la esperanza de los desesperados, el salvador de los atormentados, el puerto de los navegantes, el médico de los enfermos. Sé tú mismo todo para todos, tú que conoces a cada cual: sus preocupaciones, su hogar y su necesidad. Protege, Señor, esta ciudad y cualquier ciudad o país de enfermedad infecciosa, hambre, sismo, inundación, incendio, espada, invasión de enemigos, y guerra civil.

SACERDOTE (en voz alta)

Primeramente acuérdate, Señor, de nuestro arzobispo (N.), consérvalo para tus santas iglesias, en paz, seguridad, honor, salud, larga vida, y que enseñe rectamente la palabra de tu verdad.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Y de quienes tienen en mente cada uno; y de todos y de todas.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE (en voz baja)

Acuérdate Señor, de todo episcopado ortodoxo que enseña fielmente la palabra de tu verdad. Acuérdate también Señor, en la abundancia de tu generosidad, de mi indignidad: perdóname mis faltas voluntarias e involuntarias; no sea que a causa de mis pecados prohíbas que descienda la gracia del Espíritu santo sobre los dones aquí ofrecidos. Acuérdate Señor, del presbiterado, del diaconado en Cristo y de todo el orden sacerdotal; y que ninguno de los que rodeamos tu santo altar sea avergonzado ante ti.

Visítanos con tu gracia, Señor; hazte presente a nosotros en tus abundantes generosidades. Envíanos vientos benignos y útiles, lluvias clementes para la fertilidad de la tierra; apacigua las discordias entre las iglesias, calma la rebelión de los paganos, destruye pronto las herejías por la fuerza de tu Espíritu santo; recíbenos a todos en tu reino haciéndonos hijos de la luz y del día. Danos tu paz y tu amor Señor Dios nuestro, pues tu nos has dado todo.

SACERDOTE (en voz alta)

Y concédenos que con una sola boca y un solo corazón glorifiquemos y alabemos tu honorabilísimo y magnífico nombre, del Padre y del Hijo y del Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

SACERDOTE

Que las misericordias de nuestro gran Dios y Salvador Jesús Cristo sean con todos ustedes.

CORO

Y con tu espíritu.

ORACIÓN DEL SEÑOR

DIÁCONO

Conmemorando a todos los santos, una vez más en paz roguemos al señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por los preciosos dones ya ofrecidos y santificados, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Para que nuestro Dios filántropo, quien los aceptó en su santo, celestial y racional altar como olor de fragancia espiritual, nos envíe la divina gracia y los dones del Espíritu santo, roguemos.

CORO: Señor, ten piedad.


Mostrar peticiones

__________

(Estas peticiones no se incluían originalmente. Probablemente fueron agregadas debido a la influencia de la Liturgia de los Dones Presantificados.)

DIÁCONO

Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Que el día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Un ángel de paz, guía fiel y custodio de nuestras almas y cuerpos, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Perdón y remisión de nuestros pecados y transgresiones, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Cuanto es bueno y conveniente para nuestras almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Que el tiempo restante de nuestra vida se complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor y vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos al Señor.

CORO: Concédelo, Señor.

__________

Ocultar peticiones


DIÁCONO

Pidiendo por la unión de la fe y la comunión del Espíritu santo, encomendémonos cada uno a sí mismo, y unos a otros, y nuestra vida entera, a Cristo Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

Dios nuestro, Dios de la salvación, enséñanos tú mismo como agradecerte por todos los beneficios que nos otorgaste y sigues otorgándonos. Tú, Dios nuestro, que aceptaste estos dones, purifícanos de toda impureza de la carne y del espíritu, y enséñanos cómo realizar la santificación de tu nombre, con temor ante ti, para que recibiendo con el puro testimonio de nuestra conciencia una parte de tus santos misterios, nos unamos con el santo cuerpo y sangre de tu Cristo, y habiéndolos recibido dignamente tengamos a Cristo viviendo en nuestro corazón y seamos templo de tu Espíritu Santo.

Y sobre todo te rogamos Dios nuestro, que a ninguno de nosotros hagas culpable, ni enfermo de alma y cuerpo, ante tus temibles y celestiales misterios, por comulgar indignamente, sino que nos concedas recibir con dignidad hasta nuestro último suspiro una parte de tus misterios, como viático para la vida eterna y para una favorable defensa ante el temible tribunal de tu Cristo; para que también nosotros participemos, con todos los santos que desde el principio del tiempo supieron complacerte, de los eternos goces que has preparado, Señor, para los que te aman.

SACERDOTE (en voz alta)

Y haznos dignos, Soberano, de atrevernos a invocarte con confianza y sin condenación, a ti, Dios y Padre celestial, y decirte:

TODOS

ORACIÓN DEL SEÑOR

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

SACERDOTE

Porque tuyos son el reino, y el poder, y la gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

INCLINACIÓN DE LAS CABEZAS

SACERDOTE: Paz a todos.

CORO: Y a tu espíritu.

DIÁCONO

Inclinemos la cabeza ante el Señor.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

Señor y soberano Padre de toda bondad y Dios de todo consuelo: bendice, santifica, conserva, fortifica, afirma, y aparta de toda mala acción a los que ante ti inclinan su cabeza; únelos a toda acción buena y concédeles que comulguen sin reproche de estos tus purísimos y vivificadores misterios, para el perdón de los pecados y la comunión del Espíritu santo.

SACERDOTE (en voz alta)

Por la gracia, compasión y filantropía de tu Hijo Unigénito, con quien eres bendito, junto con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

DIVINA COMUNIÓN

SACERDOTE (en voz baja)

Atiende Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, desde tu santa morada y desde el trono de la gloria de tu reino, y ven a santificarnos, tú, que te asientas en las alturas con el Padre, y que estás aquí presente invisiblemente con nosotros; y dígnate concedernos, por tu poderosa mano, tu inmaculado Cuerpo y tu preciosa Sangre, y por nosotros a todo el pueblo.

DIÁCONO: ¡Atendamos!

SACERDOTE

Los santos para los santos.

CORO

Uno es santo, uno es Señor, Jesús Cristo, para la gloria de Dios Padre. Amén.

Mostrar las oraciones preparatorias para la comunión

TODOS

ORACIONES ANTES DE LA COMUNIÓN

Los siguientes textos de la comunión pueden variar de una parroquia a otra, dependiendo de las costumbres locales.

Creo Señor, y confieso, que en verdad eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo a salvar a los pecadores de los que yo soy el primero. También creo que éste es tu mismo inmaculado Cuerpo y que ésta es tu misma preciosa Sangre. Por eso te imploro: ten piedad de mí y perdona mis culpas, voluntarias e involuntarias, las de palabra o de obra, cometidas a sabiendas o en ignorancia, y hazme digno, sin condenación, de participar de tus inmaculados misterios, para el perdón de mis pecados y para la vida eterna. Amén.

Ahora que me acerco a la divina comunión, hacedor, no me consumas por comulgar; ya que tú eres fuego que abrasa al indigno, sino purifícame de toda mancha.

De tu cena mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón te confieso: ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu reino!

Tiembla, hombre, cuando contemples la Sangre deificante; es una brasa que consume al indigno. El Cuerpo de Dios deifica y alimenta; deifica el espíritu y maravillosamente alimenta la mente.

Me sedujiste con ansia, Cristo, y con tu divino amor me convertiste. Consume ahora con fuego inmaterial mis pecados y hazme digno de saciarme del gozo que está en ti, para que saltando de alegría, bueno, magnifique tus dos advenimientos.

¿Cómo puedo yo, indigno, entrar en el esplendor de tus santos? Pues si me atrevo a entrar en la cámara nupcial mis vestidura me denunciará porque no es de bodas, y maniatado los ángeles me echarán. Limpia la inmundicia de mi alma y sálvame, Señor, pues eres filántropo.

Soberano, Filántropo, Señor Jesús Cristo, Dios mío, no sean para el juicio, por causa de mi indignidad, estos Santos Dones, sino para la purificación y santificación de mi alma y de mi cuerpo y para recibirlos como anticipo de la vida futura y tu reino; pues es bueno para mi aferrarme a Dios y poner en el Señor la esperanza de mi salvación.

De tu cena mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón te confieso: ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu reino!

Ocultar las oraciones preparatorias para la comunión

CORO

Himno de la comunión. Salmo 148.

Alaben al Señor de los cielos. [SAOGM] ¡Aleluya!

DIÁCONO

Acérquense con respeto de Dios, con fe y con amor.

El sacerdote toma el santo cáliz de las manos del diácono y le da la comunión a cada uno diciendo: El (la) siervo (a) de Dios (N.) Comulga el valioso Cuerpo y Sangre del Señor, Dios y Salvador Jesús Cristo, para la remisión de tus pecados y para la vida eterna. Amén.

Himnos Durante la Divina Comunión

SACERDOTE

Salva, Dios, a tu pueblo y bendice a tu heredad.

CORO

Himno después de la comunión.

Tono 2.

Vimos la luz verdadera. Recibimos el Espíritu celestial. Encontramos la verdadera fe, adorando a la Trinidad indivisible, pues ella nos salvó.

DIÁCONO (en voz baja)

Eleva, soberano.

SACERDOTE (en voz baja)

Dios, elevada sea sobre los cielos y sobre toda la tierra tu gloria. (3 veces)

Bendito sea Dios nuestro.

SACERDOTE (en voz alta)

Eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

ACCIÓN DE GRACIAS

DIÁCONO

¡De pie! Habiendo comulgado los divinos, santos, inmaculados, inmortales, celestiales, vivificadores y estremecedores misterios de Cristo, agradezcamos dignamente al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Habiendo pedido que cada día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, encomendémonos cada uno a sí mismo, y unos a otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS

Te damos gracias Señor y Dios nuestro, por la comunión de tus santos, purísimos, inmortales y celestiales misterios que nos has dado para beneficio, santificación y curación de nuestras almas y cuerpos. Tú mismo Soberano de todos, haz que la comunión del santo Cuerpo y Sangre de tu Cristo se convierta para nosotros en fe sin tropiezo, en amor sin hipocresía, en aumento de sabiduría, en curación del alma y del cuerpo, en rechazo de todo lo adverso, en cumplimiento de tus mandamientos, en respuesta favorable en el temible tribunal de tu Cristo.

SACERDOTE (en voz alta)

Porque tú eres nuestra santificación y a ti rendimos gloria: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

DESPEDIDA

SACERDOTE: Salgamos en paz.

DIÁCONO: Roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE

ORACIÓN DETRÁS DEL AMBÓN

Como sacrificio de alabanza y adoración agradable, Tú aceptas este racional e incruento sacrificio de quienes con todo su corazón claman a ti, Cristo Dios nuestro, cordero inmaculado e Hijo de Dios, que quitas el pecado del mundo y fuiste sacrificado por nosotros voluntariamente; el dividido, pero no desunido; el comido, pero no consumido; santifica a los que de ahí comen; que en memoria de tu pasión voluntaria y el vivificador levantamiento tuyo al tercer día, nos has hecho partícipes de los inefables y temibles misterios de tu santo Cuerpo y tu preciosa Sangre: ampáranos en tu santificación a nosotros tus servidores y ministros, a las autoridades civiles, a nuestras fuerzas armadas y al pueblo aquí presente.

Concédenos en todo tiempo y en toda hora meditar en tu bondad para que siendo conducidos de acuerdo a tu voluntad y haciendo las cosas que te agradan, podamos hacernos dignos de un lugar a tu diestra cuando vengas a juzgar a los vivos y a los muertos. Rescata a nuestros hermanos que están cautivos; visita a los que están en la enfermedad; guía a los que están en peligro en el mar; y da reposo, donde la luz de tu rostro les ilumine, a las almas de los que nos han precedido en el descanso con la esperanza de la resurrección a la vida eterna; y escucha a todos los que buscan tu ayuda.

Porque tú eres el dador de bondades, y a ti rendimos gloria, junto con tu Padre que no tiene principio, y tu santísimo y bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Sea el nombre del Señor bendecido desde ahora y por los siglos. [SAOGM] (3 veces)

ORACIÓN DURANTE LA RECOLECCIÓN DE LOS DONES

SACERDOTE (en voz baja)

Ha sido terminado y realizado, según nuestras posibilidades, Cristo nuestro Dios, el misterio de tu providencia: pues tenemos el recuerdo de tu muerte, vimos la imagen de tu resurrección, nos llenamos de tu vida infinita, gozamos de tu alimento inagotable, del cual concédenos ser dignos también en el mundo futuro, por la gracia de tu Padre que no tiene principio y de tu santo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

OFICIO

DE LA GRAN BENDICIÓN DE LAS AGUAS

DE TEOFANÍA


CORO

Tono 8 (plagal 4).

La voz del Señor sobre las aguas clama, diciendo: Vengan todos y reciban al Espíritu de sabiduría, al Espíritu de inteligencia, al Espíritu del temor de Dios, del Cristo que se ha manifestado. [SAOGM] (3 veces)

Hoy es santificada la naturaleza de las aguas, y el Jordán es partido, deteniendo las corrientes de sus aguas al ver lavarse en ellas al Dueño de todo. [SAOGM] (2 veces)

Cristo Rey, has venido al río como hombre, y en tu bondad te apresuras a recibir el bautismo propio de un siervo de manos del Precursor, por causa de nuestros pecados, Amante de los hombres. [SAOGM] (2 veces)

Gloria. Ahora y siempre. Tono 8 (plagal 4).

A la voz del que clamaba en el desierto, ‘Preparen el camino del Señor,’ has acudido, Señor, tomando la forma de siervo, y tú que no conoces pecado pides ser bautizado. Viéndote las aguas temieron; el Precursor temblando exclamó: “¿Cómo podrá el candil iluminar la Luz? ¿Cómo podrá tocar el siervo al Dueño? Salvador, que quitas los pecados del mundo, santifícame a mí junto con las aguas.” [SAOGM]

LECTOR

Lectura de la profecía de Isaías.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡Atendamos!

LECTOR

Is. 35:1-10

Oráculo del Señor: Que se alegren desierto y sequedal, que se regocije y florezca la estepa; que estalle en flores y se regocije, que lance gritos de júbilo. Le va a ser dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Podrá verse la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. Fortalezcan las manos débiles, afiancen las rodillas vacilantes. Digan a los de corazón inquieto: ¡Sean fuertes, no teman! Miren que llega su Dios vengador, Dios que les trae la recompensa; él vendrá y los salvará. Entonces se abrirán los ojos del ciego, las orejas de los sordos se destaparán. Entonces saltará el cojo como ciervo, la lengua del mudo gritará de júbilo. Pues manarán aguas en el desierto y correrán torrentes por la estepa; la paramera se trocará en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida de los chacales verdeará la caña y el papiro. Habrá allí una senda purificada, que la llamarán Vía Sacra; no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella vagarán. No habrá leones en ella, ni por ella subirá bestia salvaje; los rescatados la recorrerán. Los redimidos del Señor volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones: precedidos por alegría eterna, seguidos de regocijo y alegría. ¡Adiós, penas y suspiros! [BJ-SAOGM]

LECTOR

Lectura de la profecía de Isaías.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡Atendamos!

LECTOR

Is. 55:1-13

Oráculo del Señor: ¡Sedientos todos, vayan por agua; los que no tienen dinero, vengan; compren y coman de balde, vino y leche sin pagar! ¿A qué gastar en lo que no alimenta y fatigarse por lo que no sacia? Háganme caso y comerán bien, disfrutarán con algo sustancioso. Escúchenme y acudan a mí; oigan, y su vida prosperará. Haré con ustedes una alianza eterna: las fieles promesas hechas a David. Le nombré testigo de las naciones, caudillo y legislador de los pueblos. Llamarás a un pueblo que no conocías, un pueblo que no te conocía a ti correrá, por amor del Señor tu Dios, por el Santo de Israel, que te honra. Busquen al Señor mientras se deja encontrar; invoquen al Señor mientras está cercano. Que el malvado abandone su conducta, el hombre inicuo sus pensamientos, y se vuelva al Señor, el compasivo, a nuestro Dios, generoso en perdón. Porque mis pensamientos no son sus pensamientos, ni sus proyectos son mis proyectos —oráculo del Señor—. Pues cuanto se elevan los cielos sobre la tierra, del mismo modo se elevan mis proyectos sobre los suyos y mis pensamientos sobre los suyos. Del mismo modo que descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá de vacío, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y produzca pan para comer, así será la palabra de mi boca: no tornará a mí de vacío, pues realizará lo que me he propuesto y será eficaz en lo que le mande. Con alegría saldrán, conducidos en paz; montes y colinas aclamarán a su paso, y pasarán entre los aplausos de todos los árboles del campo. En lugar del espino crecerá el ciprés; en lugar de la ortiga crecerá el mirto. Será para renombre del Señor, para señal eterna e imborrable. [BJ-SAOGM]

LECTOR

Lectura de la profecía de Isaías.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡Atendamos!

LECTOR

Is. 12:3-6

Oráculo del Señor: Sacarán agua con gozo de los hontanares de salvación, y dirán aquel día: «Den gracias al Señor, aclamen su nombre, divulguen entre los pueblos sus hazañas, pregonen que es sublime su nombre. Canten al Señor, porque ha hecho proezas, algo digno de saberse en toda la tierra. Griten de gozo y de júbilo, moradores de Sión: grande es en medio de ti el Santo de Israel.» [BJ-SAOGM]

Lectura apostólica

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Proquímeno. Tono 4. Salmo 26.

El Señor es mi luz y mi salvación.

Verso: El Señor es el refugio de mi vida. [BJ-SAOGM]

DIÁCONO

¡Sabiduría!

LECTOR

Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

1 Co. 10:1-4

Hermanos, no quiero que ignoren que nuestros antepasados estuvieron todos bajo la nube y que todos atravesaron el mar, de modo que todos quedaron vinculados a Moisés al ser bautizados en la nube y en el mar. Además todos comieron el mismo alimento espiritual y bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo. [BJ-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti lector.

CORO

Aleluya. Tono 7 (grave). Salmo 44.

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Verso 1: Un bello tema bulle en mi corazón. [BJ-SAOGM]

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Verso 2: Eres vistoso en hermosura, más que los hijos de los hombres.

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.

SACERDOTE: Paz a todos.

CORO: Y a tu espíritu.

DIÁCONO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

SACERDOTE

¡Atendamos!

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

Mc. 1:9-11

En aquel tiempo, vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba sobre él. Entonces se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco.» [BJ-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti, evangelizador.

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

En paz, roguemos al Señor.

CORO (después de cada petición)

Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por la paz de lo alto y por la salvación de nuestras almas, roguemos al Señor.

Por la paz del mundo entero, la estabilidad de las santas Iglesias de Dios y la unión de todos, roguemos al Señor.

Por esta santa morada y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.

Por los cristianos piadosos y ortodoxos, roguemos al Señor.

Por nuestro arzobispo (N.), el honorable presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero y el pueblo, roguemos al Señor.

Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad y poder roguemos al Señor.

Por esta ciudad (Monasterio, Pueblo, o Isla), por toda ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan, roguemos al Señor.

Por un clima benéfico, por la abundancia de los frutos de la tierra y por tiempos pacíficos, roguemos al Señor.

Por quienes viajan por mar, tierra o aire, por los enfermos, los afligidos, los cautivos y por su salvación, roguemos al Señor.

Para que esta agua sea santificada, con el poder, la acción y la venida del Espíritu Santo, roguemos al Señor.

Para que venga sobre esta agua la acción purificadora de la Santísima Trinidad suprasubstancial, roguemos al Señor.

Para que a estas aguas sea concedida la gracia de la redención y la bendición del Jordán, roguemos al Señor.

Para que seamos iluminados por la luz de la sabiduría y de la piedad, por el descenso del Espíritu Santo, roguemos al Señor.

Para que esta agua sea un don de santificación, remisión de pecados, curación de almas y cuerpos, para todo buen propósito, roguemos al Señor.

Para que esta agua brote como manantial de vida eterna, roguemos al Señor.

Para que sea prevención contra toda asechanza de nuestros enemigos visibles e invisibles, roguemos al Señor.

Por los que la reciban y la lleven para la santificación de sus hogares, roguemos al Señor.

Para que sea purificación de alma y cuerpo de todos los que la reciban y la beban, roguemos al Señor.

Para que seamos dignos de ser infundidos de santificación por tomar de estas aguas, por la manifestación invisible del Espíritu Santo, roguemos al Señor.

Para que el Señor Dios escuche la voz de suplica de nosotros que somos pecadores y que tenga piedad de nosotros, roguemos al Señor.

Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.

CORO: A ti, Señor.

El sacerdote, habiendo terminando la oración anterior, dice lo siguiente alzando su voz:

SACERDOTE

Grande eres, Señor, y maravillosas tus obras, y ninguna palabra es suficiente para cantar Tus maravillas. [SAOGM] (3 veces)

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

SACERDOTE

Porque Tú, por tu propia voluntad, de la nada has traído todas las cosas a la existencia, y por tu poder mantienes toda la creación, y por tu providencia ordenas el mundo Constituiste con los cuatro elementos la creación; coronaste el ciclo del año con cuatro estaciones. Ante ti tiemblan todas las potestades razonables. El sol canta tus alabanzas, y la luna te glorifica; las estrellas interceden contigo. Te obedece la luz. Ante Ti se estremecen los abismos; los manantiales te sirven. Extendiste los cielos como una cortina. Estableciste la tierra sobre las aguas. Rodeaste los mares de arena. Derramaste el aire para el aliento.

Las potestades angelicales te sirven. Los coros de arcángeles te adoran. Los querubines de múltiples ojos y los serafines de seis alas, estando en derredor y volando, se cubren de temor ante tu inaccesible gloria.

Porque Tú, el Dios incircunscrito, sin comienzo e inefable, descendiste a la tierra, tomando la forma de un siervo y haciéndote a semejanza del hombre. Pues no toleraba tu entrañable misericordia, Dueño ver a la raza de los hombres bajo la tiranía del diablo, porque viniste a salvarnos. Confesamos tu gracia; proclamamos tu misericordia; no escondemos tu beneficencia. Libertaste a los hijos de nuestra naturaleza; por tu nacimiento santificaste el seno de la Virgen. Toda la creación canta tus alabanzas, Tú que te manifestaste. Porque Tú, Dios nuestro, apareciste en la tierra y habitaste entre los hombres. Santificaste las corrientes del Jordán, enviando desde el cielo a tu santísimo Espíritu, y aplastaste la cabeza de los dragones que allí habitaban.

Por tanto, Rey que amas a los hombres, está presente ahora, por el descenso de tu Espíritu Santo, y santifica esta agua. [SAOGM] (3 veces)

CORO: Amén.

SACERDOTE

Y concédele la gracia de la redención, la bendición del Jordán. Haz de ella una fuente de incorrupción, un don de santificación. una remisión de pecados, un remedio de enfermedades, una destrucción de demonios, inaccesible a las potestades hostiles, llenada de poder angelical, a fin de que sea para los que la reciban y la tomen para purificación de sus almas y cuerpos, para curación de las pasiones, para santificación de sus hogares y para todo buen propósito.

Pues Tú eres nuestro Dios, que por el agua y el Espíritu, renovaste nuestra naturaleza envejecida por el pecado. Tú eres nuestro Dios, que por el agua ahogaste el pecado en los días de Noé. Tú eres nuestro Dios, que por el mar, por medio de Moisés, libertaste a los hebreos de la esclavitud de Faraón. Tú eres nuestro Dios, que partiste la roca en el desierto de modo que las aguas brotaron y se desbordaron los arroyos, y saciaste a tu pueblo sediento. Tú eres nuestro Dios, que por agua y fuego, por medio de Ellas, volviste a Israel del error de Baal.

Tú mismo, Señor, santifica ahora esta agua por tu Espíritu Santo. [SAOGM] (3 veces)

CORO: Amén.

SACERDOTE

Concede a todos los que la toquen, con ella se unjan, y participen de ella, santificación, bendición, purificación y salud. Salva, Señor, a nuestros gobernantes fieles. Y guárdalos en paz bajo tu amparo. Somete bajo sus pies a todo enemigo y adversario; concédeles todas sus peticiones que sean por la salvación y la vida eterna. Acuérdate, Señor, de nuestro Arzobispo (N.), de todo el presbiterio, del diaconado en Cristo, y de toda orden sacerdotal, y de todo el pueblo aquí presente, lo mismo que de nuestros hermanos que están ausentes por causa justa, y ten piedad de ellos y de nosotros, según tu gran piedad.

Para que por los elementos, por los ángeles, y por los hombres, por todas las cosas visibles e invisibles, sea glorificado tu santísimo nombre, juntamente con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

SACERDOTE: Paz a todos.

CORO: Y a tu espíritu.

SACERDOTE

Inclinemos la cabeza ante el Señor.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE

El sacerdote inclina la cabeza y ora:

Inclina tu oído y escúchanos, Señor, que te dignaste ser bautizado en el Jordán y santificaste las aguas. Bendícenos a todos, quienes por la inclinación de nuestras cabezas señalamos nuestra sumisión, y haznos dignos de ser santificados por participar de esta agua y por ser rociados con ella, para que sea, Señor, para la salud de nuestras almas y cuerpos.

Porque Tú eres la santificación de nuestras almas y cuerpos y te rendimos gloria, gracias y adoración, con Tu Padre que es sin origen, y Tu Santísimo Espíritu Bueno y Vivificador, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Luego, el sacerdote, teniendo con las dos manos la preciosa cruz y el ramaje de albahaca, bendice el agua sumergiéndolas verticalmente y trazando con ellas la señal de la cruz, mientras canta el apolitiquio de la fiesta.

SACERDOTE

Apolitiquio. Tono 1.

Cuando fuiste bautizado oh Señor, en el Jordán, la adoración a la Trinidad fue manifestada. Porque la voz del Padre dio testimonio de Ti, llamándote: Hijo Amado; y el Espíritu en forma de paloma, confirmó la certeza de la palabra. Oh Cristo nuestro Dios que apareciste e iluminaste al mundo, gloria a Ti. [unES]

Los coros cantan este himno dos veces más, y cada vez el sacerdote repite sus acciones según lo descrito anteriormente.

CORO

Apolitiquio. Tono 1.

Cuando fuiste bautizado oh Señor, en el Jordán, la adoración a la Trinidad fue manifestada. Porque la voz del Padre dio testimonio de Ti, llamándote: Hijo Amado; y el Espíritu en forma de paloma, confirmó la certeza de la palabra. Oh Cristo nuestro Dios que apareciste e iluminaste al mundo, gloria a Ti. (2 veces)

Luego, el sacerdote, sosteniendo con la mano derecha el ramaje de albahaca y con la izquierda la preciosa cruz, rocía en forma de cruz el templo y a los fieles, mientras canta el condaquio.

El 5 de Enero:

Condaquio. Por la pre-fiesta.

Tono 4.

Hoy el Señor se presenta en las corrientes del Jordán, exclamando a Juan y diciendo: “No temas bautizarme; porque si he venido es para salvar al primer creado Adán.” [unES]

Mientras los fieles besan la cruz y el sacerdote los rocía con agua bendita, el coro canta el siguiente himno:

CORO

Tono 6 (plagal 2).

Alabemos, fieles, la grandeza de la dispensación de Dios por nosotros, porque el que se hizo hombre por causa de nuestras transgresiones, y es el único puro y libre de mancha, para purificarnos se purificó en el Jordán, para santificarme a mí y las aguas y aplastar las cabezas de los dragones del agua. Tomemos las aguas con gozo, hermanos, porque sobre los que las tomen con fe, se concede invisiblemente la gracia del Espíritu por Cristo el Dios y Salvador de nuestras almas. [SAOGM]


DIÁCONO: Roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE

La bendición del Señor y su misericordia vengan sobre ustedes, por su divina gracia y su filantropía, eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

SACERDOTE

Gloria a ti, Dios nuestro. Gloria a ti.

El que se dignó a ser bautizado por Juan en el Jordán, para nuestra salvación, Cristo, verdadero Dios nuestro, por las intercesiones de su purísima e inmaculada Madre, por el poder de la vivificante y preciosa Cruz, la protección de las celestiales potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y glorioso profeta, precursor y bautista Juan, de los santos, gloriosos y alabadísimos apóstoles, de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de nuestros justos y teóforos padres, (santo patrono del templo local); de los santos y justos familiares del Señor, Joaquín y Ana, y de todos los santos, tenga misericordia de nosotros y sálvanos, pues eres un Dios bondadoso y filántropo.

CORO

Al que nos bendice y santifica, conserva Señor, por muchos años.

SACERDOTE

Por las oraciones de nuestros santos padres, Señor Jesús Cristo Dios, ten piedad de nosotros y sálvanos.

CORO: Amén.