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Triodion - Semana Santa

Liturgia Vespertina de S. Basilio del Gran Jueves Santo

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LITURGIA VESPERTINA DE SAN BASILIO

SACERDOTE

Bendito el reino del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Mientras se lee el salmo introductorio (103/104), el sacerdote, con la cabeza descubierta, se coloca frente a la Santa Mesa o frente al icono de Cristo en la solea, y recita en silencio las oraciones del encendido de las lámparas.

LECTOR

Vengan, adoremos y prosternémonos ante Dios nuestro Rey.

Vengan, adoremos y prosternémonos ante Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.

Vengan, adoremos y prosternémonos ante el mismo Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.

Salmo 103 (104)

Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. Extiendes los cielos como una tienda, construyes tu morada sobre las aguas; las nubes te sirven de carroza, avanzas en las olas del viento; los vientos te sirven de mensajeros; el fuego llameante, de ministro. Asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano, y las aguas se posaron sobre las montañas; pero a tu bramido huyeron, al fragor de tu trueno se precipitaron, mientras subían los montes y bajaban los valles: cada cual al puesto asignado. Trazaste una frontera que no traspasarán, y no volverán a cubrir la tierra. De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes; en ellos beben las fieras de los campos, el asno salvaje apaga su sed; junto a ellos habitan las aves del cielo, y entre las frondas se oye su canto. Desde tu morada riegas los montes, y la tierra se sacia de tu acción fecunda; haces brotar hierba para los ganados, y forraje para los que sirven al hombre. Él saca pan de los campos, y vino que le alegra el corazón; y aceite que da brillo a su rostro, y alimento que le da fuerzas. Se llenan de savia los árboles del Señor, los cedros del Líbano que El plantó: allí anidan los pájaros, en su cima pone casa la cigüeña. Los riscos son para las cabras, las peñas son madriguera de erizos. Hiciste la luna con sus fases, el sol conoce su ocaso. Pones las tinieblas y viene la noche, y rondan las fieras de la selva; los cachorros rugen por la presa, reclamando a Dios su comida. Cuando brilla el sol, se retiran, y se tumban en sus guaridas; el hombre sale a sus faenas, a su labranza hasta el atardecer. Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. Ahí está el mar: ancho y dilatado, en él bullen, sin número, animales pequeños y grandes; lo surcan las naves, y el leviatán que modelaste para que retoce. Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo: se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes; escondes tu rostro, y se espantan; les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu aliento, y los creas, y repueblas la faz de la tierra. Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras, cuando Él mira la tierra, ella tiembla; cuando toca los montes, humean. Cantaré al Señor, tocaré para mi Dios mientras exista: que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor. Que se acaben los pecadores en la tierra, que los malvados no existan más. ¡Bendice, alma mía, al Señor!

El sol, que conoce su ocaso; pones las tinieblas y viene la noche.

Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría. [CA-SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

¡Aleluya, aleluya, aleluya! Gloria a ti, oh Dios. (3 veces)

La esperanza nuestra, oh Señor, gloria a ti.

LETANÍA DE LA PAZ

DIÁCONO

En paz, roguemos al Señor.

CORO (después de cada petición)

Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por la paz de lo alto y por la salvación de nuestras almas, roguemos al Señor.

Por la paz del mundo entero, la estabilidad de las santas Iglesias de Dios y la unión de todos, roguemos al Señor.

Por esta santa morada y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.

Por los cristianos piadosos y ortodoxos, roguemos al Señor.

Por nuestro arzobispo (N.), el honorable presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero y el pueblo, roguemos al Señor.

Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad y poder roguemos al Señor.

Por esta ciudad (Monasterio, Pueblo, o Isla), por toda ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan, roguemos al Señor.

Por un clima benéfico, por la abundancia de los frutos de la tierra y por tiempos pacíficos, roguemos al Señor.

Por quienes viajan por mar, tierra o aire, por los enfermos, los afligidos, los cautivos y por su salvación, roguemos al Señor.

Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE

Pues a ti se debe toda gloria, honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

CORO

Tono 2.

Señor, a Ti he clamado, óyeme; óyeme, oh Señor. Señor, a Ti he clamado, óyeme; escucha la voz de mi oración, cuando Te invoque. Óyeme, oh Señor. [SAOGM]

Sea enderezada mi oración como incienso delante de Ti, y mis manos elevadas como sacrificio vespertino. Óyeme, oh Señor. [SAOGM]

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Pon, Señor, una guardia ante mi boca y vigila la puerta de mis labios.

Mi corazón no inclines a obras malas.

Que en negocios oscuros no me meta con los que hacen el mal. ¡No me dejes probar sus deleites!

Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá a la cabeza.

Mi oración denunciará siempre sus crímenes. Sus jefes fueron echados desde el peñón.

Comprendieron entonces que hablaba con bondad. Cuando la tierra se abrió a sus pies, sus huesos tapizaron la entrada del infierno.

Por lo tanto, oh Señor, hacia Ti vuelvo mis ojos, en Ti me refugio, no expongas mi vida.

Protégeme del lazo que me han tendido, de las trampas de los que hacen el mal.

Que en sus propias redes caigan los impíos mientras que sólo a mí se me abre paso.

Al Señor le imploro a grandes voces, al Señor le suplico a grandes voces.

En su presencia explayo mi lamento y ante Él relato mi aflicción.

Cuando en mí desfallece mi espíritu, pero Tú, ¿no conoces mi sendero?

En el camino por donde pasaba ocultaron una trampa.

Dirige a la derecha tu mirada y ve cómo ninguno me conoce.

Lejos de mí está cualquier refugio, nadie se preocupa de mi vida.

¡A Ti clamo, Señor, a Ti Te digo: “Tú eres mi esperanza, mi parte en la tierra de los que viven!”

Atiende a mi clamor porque estoy muy decaído.

Ponme a salvo de mis perseguidores, que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión para que dé gracias a tu nombre.

Una ronda harán los justos en torno a mí al saber los favores que me has hecho.

Desde el abismo clamo a Ti, Señor. ¡Señor, escucha mi voz!

¡Que tus oídos pongan atención al clamor de mis súplicas!

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Del Triodion - - -

Idiómelon 1. Tono 2.

Señor, si no Te olvidas de las faltas, ¿quién podrá subsistir? Pero de Ti procede el perdón. [SAOGM]

Se reunió la asamblea de los judíos para entregar al Creador y Constructor de todo a Pilatos. ¡Oh inicuos! ¡Oh incrédulos! El que viene a juzgar a vivos y muertos les prepara un juicio. El que sana las pasiones a la Pasión les prepara. Señor compasivo, grande es tu misericordia, gloria a Ti. [SAOGM]

Repetir.

Idiómelon 1. Tono 2.

Espero, Señor, mi alma espera, confío en tu palabra; mi alma cuenta con el Señor. [SAOGM]

Se reunió la asamblea de los judíos para entregar al Creador y Constructor de todo a Pilatos. ¡Oh inicuos! ¡Oh incrédulos! El que viene a juzgar a vivos y muertos les prepara un juicio. El que sana las pasiones a la Pasión les prepara. Señor compasivo, grande es tu misericordia, gloria a Ti. [SAOGM]

Idiómelon 2. Tono 2.

Como confía en la aurora el centinela, así Israel confíe en el Señor. [SAOGM]

Judas el trasgresor, que tiñó su mano en la cena, en la copa contigo, extendió las manos inicuas al crédito de las monedas de plata y que consideró el valor del bálsamo, no temió venderte a Ti Señor, que eres invaluable. El que puso los pies para que los lavaras, te besó falsamente, Soberano, se alejó de la compañía de los Apóstoles y tiró las treinta monedas de plata, no contempló tu Resurrección al tercer día. Ten piedad de nosotros. [SAOGM]

Idiómelon 3. Tono 2.

Porque junto al Señor está su bondad y la abundancia de sus liberaciones, y Él liberará a Israel de todas sus culpas. [SAOGM]

Judas el desgraciado traidor, con un falso beso entregó al Señor y Salvador y vendió al Soberano de todos, como a un esclavo a los transgresores y como oveja fue llevado a la inmolación el Cordero de Dios, el Hijo del Padre, el único infinitamente misericordioso. [SAOGM]

Idiómelon 4. Tono 2.

¡Alaben al Señor en todas las naciones, y festéjenlo todos los pueblos! [SAOGM]

Judas el siervo y falso, el discípulo e insidioso, el amigo y falso acusador, fue conocido por sus obras. Siguiendo al Maestro estudiaba como entregarlo. Decía a sí mismo: Lo entrego y gano el dinero prometido. Deseaba el sueldo del bálsamo y a Jesús tomar con astucia. Con un beso entregó a Cristo, que como Cordero fue a la inmolación. Oh, único misericordioso y amante de la humanidad. [SAOGM]

Idiómelon 5. Tono 2.

Pues su amor hacia nosotros es muy grande, y la lealtad del Señor es para siempre. [SAOGM]

El Cordero que Isaías contempló voluntariamente fue a la inmolación, ofreció sus espaldas a los azotes, las mejillas, a las bofetadas. Su rostro no se aparta de la vergüenza y de los esputos. Condenado a muerte horrible, el que es exento de todo pecado, todo soporta voluntariamente para dar a todos la resurrección de los muertos. [SAOGM]

Gloria. Ahora y siempre.

Del Triodion - - -

Tono 6 (plagal 2).

En verdad Judas es contado con la generación de las víboras, que comieron el maná en el desierto, mas murmuraron contra Aquel que los sustentó; y estando aún la comida en su boca, en su ingratitud blasfemaron contra Dios. Él en su impiedad, llevando todavía en la boca el Pan del cielo, salió y traicionó al Salvador. ¡Oh la codicia insaciable! ¡Oh la audacia inhumana! Vendió al Señor que lo alimentaba; y al Maestro a quien besó lo entregó a la muerte. Judas el transgresor es a la verdad hijo de ellos, y con ellos ha heredado la perdición. Pero Tú, oh Señor, libra nuestras almas, de tal odio que odia al hombre, porque solo Tú eres inefablemente paciente. [KAD]

DIÁCONO

(en voz baja)

Roguemos al Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DE LA ENTRADA

A la tarde, a la mañana y al medio día, Te alabamos, Te bendecimos, Te damos gracias y te suplicamos, Maestro de todo, Señor amante de la humanidad. Dirige nuestra oración como incienso ante Ti, y no inclines nuestros corazones a palabras o pensamientos de maldad; antes bien, líbranos de todos los que persiguen nuestras almas, pues, Señor, Señor, en Ti están nuestros ojos y en Ti esperamos; no nos dejes avergonzados, Dios nuestro.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie!

LECTOR

Luz apacible de la santa gloria del Padre Inmortal, Celestial, Santo, y Bendito: Jesús Cristo. Al llegar a la puesta del sol, viendo la luz vespertina, cantamos himnos al Padre, Hijo, y Espíritu Santo—Dios. Digno es en todo tiempo cantarte con voces propicios, Hijo de Dios y Dador de Vida, por lo cual el mundo Te glorifica. [SAOGM]

LECTURAS

DIÁCONO

Vespertino...

Del Triodion - - -

LECTOR

Proquímeno. Tono 1.

Salmo 139 (140)

Líbrame, Señor, del hombre malvado.

De los que traman maldades en su interior. [BJ-SAOGM]

Lectura del libro del Éxodo.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡Atendamos!

LECTOR

Ex. 19:10-19

El Señor dijo a Moisés: “Ve al pueblo y que se purifiquen hoy y mañana; que laven sus vestidos y estén preparados para el tercer día; porque el tercer día descenderá el Señor sobre el monte Sinaí a la vista de todo el pueblo. Señala un límite alrededor del monte, y di: Guardaos de subir al monte o de tocar su falda. Quien toque el monte morirá. Nadie pondrá la mano sobre el culpable; será apedreado o asaeteado, sea hombre o animal; no quedará con vida. Sólo cuando suene el cuerno podrán subir al monte.” Moisés bajó del monte, adonde estaba el pueblo, lo purificó y ellos lavaron sus vestidos. Y dijo al pueblo: “Estad preparados para el tercer día; no os acerquéis a vuestra mujer” El tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un fuerte sonido de trompeta. Todo el pueblo, en el campamento, se echó a temblar. Moisés hizo salir al pueblo del campamento, al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en el fuego. Subía el humo como el de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno. [CA-SAOGM]

Proquímeno. Tono 7 (grave).

Salmo 58 (59)

Líbrame de mis enemigos, Dios mío.

Líbrame de los malhechores. [BJ-SAOGM]

Lectura del libro de Job.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡Atendamos!

LECTOR

Jb. 38:1-21; 42:1-5

El Señor se dirigió a Job desde la tormenta: ¿Quién es éste que denigra mi designio diciendo tales desatinos? Si eres valiente, cíñete los lomos: te voy a preguntar y tú me instruirás. ¿Dónde estabas cuando cimenté la tierra? Dilo, si tanto sabes y entiendes. ¿Sabes quién fijó sus medidas, o quién la midió a cordel? ¿Dónde se asientan sus bases? ¿Quién puso su piedra angular entre el vocerío de los luceros del alba y las aclamaciones de los Hijos de Dios? ¿Quién cerró el mar con compuertas, cuando escapaba impetuoso de su seno, cuando le ponía nubes por mantillas, nubes tormentosas por pañales, cuando le marcaba las lindes poniendo puertas y cerrojos? Le dije: “Hasta aquí llegarás, no pasarás, aquí se estrellará el orgullo de tus olas”. ¿Alguna vez has mandado a la mañana o asignado su puesto a la aurora, para que agarre a la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados, para que tome forma como arcilla de sello, y quede coloreada como un vestido, para que niegue a los malvados su luz y quede roto el brazo sublevado? ¿Has entrado hasta las fuentes del mar?, ¿has paseado por el fondo del Abismo? ¿Te han enseñado las puertas de la Muerte?, ¿has visto las puertas del país de las Sombras? ¿Tienes idea de las dimensiones de la tierra? Dilo, si todo lo sabes. ¿Por dónde habita la luz?, ¿dónde viven las tinieblas? ¿Podrías llevarlas a su tierra, indicarles el camino de su casa? Lo sabrás, ¡pues ya habías nacido y tienes tantísimos años! : Job respondió al Señor: Me doy cuenta que todo lo puedes, que eres capaz de cualquier proyecto. Dijiste: “¿Quién es éste que vela mi designio con razones carentes de sentido?”. Sí, hablé sin pensar de maravillas que me superan y que ignoro. (Escucha y déjame hablar, Te voy a preguntar y Tú me instruirás). Sólo de oídas Te conocía, pero ahora Te han visto mis ojos. [CA-SAOGM]

LECTOR

Lectura de la profecía de Isaías.

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡Atendamos!

LECTOR

Is. 50:4-11

El Señor Dios me ha dado lengua dócil, que sabe decir al cansado palabras de aliento. Temprano, temprano despierta mi oído para escuchar, igual que los discípulos. El Señor Dios me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás. Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos. Pues que el Señor habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado. Cerca está el que me justifica: ¿quién disputará conmigo? Presentémonos juntos: ¿quién es mi demandante?, ¡que se llegue a mí! He aquí que el Señor Dios me ayuda: ¿quién me condenará? Pues todos ellos como un vestido se gastarán, la polilla se los comerá. El que de entre vosotros tema al Señor oiga la voz de Su Siervo. El que anda a oscuras y carece de claridad confíe en el Nombre del Señor y apóyese en su Dios. ¡Oh vosotros, todos los que encendéis fuego, los que sopláis las brasas! Id a la lumbre de vuestro propio fuego y a las brasas que habéis encendido. Esto os vendrá de mi mano: en tormento yaceréis. [CA-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a todos.

HIMNO TRISAGIO

DIÁCONO: Roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DEL HIMNO TRISAGIO

Santo Dios, que descansas entre tus santos y eres alabado por los Serafines con el himno trisagio y glorificado por los Querubines y adorado por toda potestad celestial, tú que de la nada trajiste todo a la existencia, que creaste al hombre a tu imagen y semejanza, y lo adornaste con todos tus dones; Tú que das al suplicante sabiduría y prudencia, y no desprecias al pecador, sino que instituiste el arrepentimiento para su salvación; Tú que dignificaste, a nosotros tus humildes e indignos servidores, de estar ahora ante la gloria de tu Santo Altar y de ofrecerte la adoración y la alabanza que te son debidas; Tú mismo, Soberano, recibe, aun de la boca de nosotros, pecadores, el himno trisagio, y visítanos en tu bondad. Perdona todas nuestras transgresiones voluntarias e involuntarias; Santifica nuestras almas y cuerpos, y concede que te adoremos en santidad todos los días de nuestra vida; por las intercesiones de la santísima Theotokos y de todos los santos que desde el origen de los siglos te complacieron.

SACERDOTE (en voz alta)

Porque tú eres santo, Dios nuestro, y a ti rendimos gloria: al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre,

DIÁCONO

y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

HIMNO TRISAGIO

Santo Dios, santo Poderoso, santo Inmortal, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

DIÁCONO

¡Fuerte!

DIÁCONO (en voz baja)

Ordena, Soberano.

SACERDOTE (en voz baja)

Bendito es aquel que viene en el nombre del Señor.

DIÁCONO (en voz baja)

Bendice, soberano, el excelso trono.

SACERDOTE (en voz baja)

Bendito eres en el trono de la gloria de tu reino, tú que estás sentado sobre los querubines, eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

CORO

¡Fuerte!

Santo Dios, santo Poderoso, santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

Lectura apostólica

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Proquímeno. Tono 7 (grave). Salmo 2.

Los príncipes a una se alían en contra del Señor y su Ungido.

Verso: ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos conspiran en vano?

DIÁCONO

¡Sabiduría!

LECTOR

Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

1 Co. 11:23-32

Hermanos, yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que era entregado, tomó pan, dando gracias, lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.” Asimismo tomó el cáliz después de cenar, diciendo: “Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoria mía.” Pues cada vez que comáis este pan y bebáis de este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. Por tanto, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condena. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos achacosos, y mueren no pocos. Si nos juzgásemos a nosotros mismos, no seríamos castigados. Mas, al ser castigados, somos corregidos por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo. [CA-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti lector.

CORO

Aleluya. Tono 6 (plagal 2). Salmo 40.

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Verso 1: Dichoso el que cuida del débil y el pobre.

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Verso 2: Mis enemigos hablan mal de mí: «¿Cuándo morirá y se perderá su apellido?»

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Verso 3: Mi compañero de mesa me ha traicionado.

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Santo Evangelio

ORACIÓN DEL SANTO EVANGELIO

SACERDOTE (en voz baja)

Soberano filántropo, haz brillar en nuestros corazones la luz pura de tu conocimiento, y abre los ojos de nuestro entendimiento a la comprensión de tus predicaciones evangélicas; inculca asimismo en nosotros el temor de tus bienaventurados mandamientos a fin de que, habiendo pisoteado todos los deseos carnales, vayamos en busca de un espiritual modo de vida, pensando y obrando cuanto es de tu agrado. Porque tú eres la iluminación de nuestras almas y cuerpos, Cristo Dios, y a ti rendimos gloria junto con tu Padre que no tiene principio y con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Evangelio

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.

SACERDOTE

Paz a todos.

CORO

Y a tu espíritu.

DIÁCONO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

SACERDOTE

¡Atendamos!

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

(Mt 26:1–20)

Dijo el Señor a sus discípulos: «Ya saben que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado.» Entonces los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás; y resolvieron prender a Jesús con engaño y darle muerte. Decían sin embargo: «Durante la fiesta no, para que no haya alboroto en el pueblo.» Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó a él una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa. Al ver esto los discípulos se indignaron y dijeron: « ¿Para qué este despilfarro? Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres.» Mas Jesús, dándose cuenta, les dijo: « ¿Por qué molestan a esta mujer? Pues una “obra buena” ha hecho conmigo. Porque pobres tendrán siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre. Y al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho. Yo les aseguro: donde quiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.» Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: « ¿Qué quieren darme, y yo se los entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle. El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: « ¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?» El les dijo: «Vayan a la ciudad, a casa de fulano, y díganle: “El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.”» Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce.

(Jn 13:3–17)

Sabiendo Jesús que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?» Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.» Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.» Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.» Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos.» Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No están limpios todos.» Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: « ¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman “el Maestro” y “el Señor”, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Porque les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho con ustedes. «En verdad, en verdad les digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. «Sabiendo esto, dichosos serán si lo cumplen.»

(Mt 26:21–39)

Y mientras comían, dijo: «Yo les aseguro que uno de ustedes me entregará.» Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: « ¿Acaso soy yo, Señor?» El respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!» Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: « ¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Sí, tú lo has dicho.» Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomen, coman, éste es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Beban de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. Y les digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con ustedes, nuevo, en el Reino de mi Padre.» Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces les dice Jesús: «Todos ustedes van a escandalizarse de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. Mas después de mi resurrección, iré delante de ustedes a Galilea.» Pedro intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de Ti, yo nunca me escandalizaré.» Jesús le dijo: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Dícele Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Y lo mismo dijeron también todos los discípulos. Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: «Siéntense aquí, mientras voy allá a orar.» Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quédense aquí y velen conmigo.» Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.»

(Lc 22:43–44)

Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.

(Mt 26:40–75; 27:1–2)

Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: « ¿Conque no han podido velar una hora conmigo? Velen y oren, para que no caigan en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.» Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.» Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Viene entonces donde los discípulos y les dice: «Ahora ya pueden dormir y descansar. Miren, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. ¡Levántense!, ¡vámonos! Miren que el que me va a entregar está cerca.» Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; préndanlo.» Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: « ¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso. Jesús le dijo: «Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron. En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja. Dícele entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?» En aquel momento dijo Jesús a la gente: « ¿Como contra un salteador han salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.» Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron. Los que prendieron a Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro le iba siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver el final. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra Jesús con ánimo de darle muerte, y no lo encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Al fin se presentaron dos, que dijeron: «Este dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en tres días edificarlo.» Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: « ¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?» Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.» Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo declaro que a partir de ahora verán al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.» Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: « ¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte.» Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle, diciendo: «Adivínanos, Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?» Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una criada se acercó a él y le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo.» Pero él lo negó delante de todos: «No sé qué dices.» Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Este estaba con Jesús el Nazoreo.» Y de nuevo lo negó con juramento: « ¡Yo no conozco a ese hombre!» Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: « ¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre!» Entonces él se puso a echar imprecaciones y a jurar: « ¡Yo no conozco a ese hombre!» Inmediatamente cantó un gallo. Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente. Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Y después de atarle, le llevaron y le entregaron al procurador Pilatos. [SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti, evangelizador.

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

SACERDOTE (en voz baja)

SEGUNDA ORACIÓN DE LOS FIELES

Dios, que visitaste en tu generosidad y misericordia a nuestra humildad, que nos colocaste a nosotros, pecadores e indignos siervos tuyos ante tu santa gloria para que sirvamos a tu santo altar: tú mismo fortalécenos con la fuerza de tu santo Espíritu para este ministerio y abre nuestros labios para poder invocar la gracia sobre los dones que ahora te serán ofrecidos.

SACERDOTE (en voz alta)

Para que siendo protegidos siempre bajo tu poder, te rindamos gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

GRAN ENTRADA

En lugar del Himno Querúbico

Tono 6 (plagal 2).

De tu Cena Mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus Misterios, ni un beso te daré como Judas.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DEL HIMNO QUERÚBICO

Ninguno de los que se hallan atados por los deseos y placeres carnales es digno de llegar o de acercarse a ti, ni de servirte, rey de la gloria; pues el servirte es cosa grande y terrible aun para las potestades celestiales. No obstante, por tu indecible e infinito amor a la humanidad, te hiciste hombre sin cambio ni alteración, y te erigiste sumo sacerdote nuestro, concediéndonos a nosotros el ministerio de este litúrgico e incruento sacrificio, como Soberano de todo; puesto que sólo tú, Señor Dios nuestro, ejerces el dominio sobre todas las cosas celestiales y terrenales; tú que te asientas sobre el trono de los querubines; que eres el Señor de los serafines; que eres el Señor de los Serafines y el rey de Israel, el único santo, y descansas entre los santos. A ti, pues, dirijo mi súplica, único bueno y pronto para escuchar: Obsérvame a mí, tu pecador y inútil siervo y limpia mi alma y mi corazón de conciencia de malignidad; y hazme capaz por el poder de tu santo Espíritu, ya que me hallo investido de la gracia del sacerdocio, para estar ante esta tu santa mesa y ministrar tu santo e inmaculado Cuerpo y tu preciosa Sangre. Pues ante ti acudo e inclinado la cabeza te suplico; no apartes de mí tu rostro, ni me rechaces de entre tus hijos, sino dígnate aceptar de mí, tu servidor, pecador e indigno, estos dones; porque tú mismo eres quien ofrece y quién eres ofrecido, tú quien recibes y quién eres distribuido, Cristo Dios nuestro, y a ti rendimos gloria junto con tu Padre eterno y tu santísimo Espíritu bueno y vivificador, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

DIÁCONO

El Señor Dios se acuerde eternamente de todos ustedes y de todos los piadosos Cristianos Ortodoxos en su reino ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Sino que, como el ladrón, te confieso. ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu Reino!

LETANÍA COMPLETIVA

DIÁCONO

Completemos nuestra súplica al Señor.

CORO (después de cada petición)

Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por los preciosos dones ya ofrecidos, roguemos al Señor.

Por esta santa morada y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.

Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

Que el día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, pidamos al Señor.

CORO (después de cada petición)

Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Un ángel de paz, guía fiel y custodio de nuestras almas y cuerpos, pidamos al Señor.

Perdón y remisión de nuestros pecados y transgresiones, pidamos al Señor.

Cuanto es bueno y conveniente para nuestras almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.

Que el tiempo restante de nuestra vida se complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.

Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor y vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos al Señor.

Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DEL OFERTORIO

Señor Dios nuestro, que nos creaste y nos introdujiste en esta vida y nos diste la revelación de los misterios celestiales: tú que nos pusiste en este ministerio por la fuerza de tu santo Espíritu: ten la bondad de concedernos Señor, que seamos servidores de tu Nuevo Testamento, servidores de tus santos misterios. Acéptanos por la magnitud de tu misericordia, a nosotros que nos acercamos a tu santo altar, para que seamos dignos de ofrecerte este sacrificio racional e incruento por nuestros pecados y por la ignorancia del pueblo. Y al recibirlo en tu santo, celestial y espiritual altar, en olor de fragancia, envíanos desde lo alto la gracia de tu Espíritu santo.

Vuélvete Dios, y mira este nuestro oficio y acéptalo como aceptaste los dones de Abel, los sacrificios de Noé, las ofrendas de frutos de la tierra de Abraham, el sacerdocio de Moisés y de Aarón, y la ofrenda de paz de Samuel. Así como recibiste de tus santos apóstoles este oficio verdadero, recibe Señor también por tu bondad, estos dones de las manos de nosotros pecadores; para que, después de habernos concedido servir sin mancha a tu santo altar, obtengamos la recompensa de los fieles y sabios administradores en el temible día de tu justa retribución.

SACERDOTE

Por las misericordias de tu Hijo Unigénito, con quien eres bendito junto con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

SACERDOTE: Paz a todos.

CORO: Y a tu espíritu.

DIÁCONO

Amémonos unos a otros, para que, unánimemente, confesemos.

CORO

Al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Trinidad, coesencial e indivisible.

O en las concelebraciones:

Te amaré Señor, fortaleza mía; el Señor es mi apoyo, mi refugio y mi libertador. [SAOGM]

DIÁCONO

¡Las puertas! ¡Las puertas! Con sabiduría atendamos.

TODOS

EL SÍMBOLO DE LA FE

Creo en un solo Dios Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Y en un solo Señor Jesús Cristo, unigénito Hijo de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma esencia que el Padre, por quien todo fue hecho. Quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos, y se encarnó del Espíritu santo y de María la Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato, padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. Y ascendió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. Y de nuevo vendrá, con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu santo, Señor, vivificador, que procede del Padre, que junto con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado, que habló por medio de los profetas. En la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Espero la resurrección de los muertos, y la vida en la era futura.

CORO: Amén.

SANTA OBLACIÓN

DIÁCONO

Dispongámonos bien. Dispongámonos con temor, estemos atentos a la santa oblación que ofrecemos en paz.

CORO

Misericordia de paz, sacrificio de alabanza.

SACERDOTE

La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo, y el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu santo sean con todos ustedes.

CORO

Y con tu espíritu.

SACERDOTE

Elevemos los corazones.

CORO

Los tenemos hacia el Señor.

SACERDOTE

Demos gracias al Señor.

CORO

Es digno y justo.

SACERDOTE (en voz baja)

Tú, que eres soberano, adorado Señor y Padre omnipotente: es realmente digno y justo, y conviene a la magnificencia de tu santidad, alabarte, cantarte, adorarte, agradecerte, glorificarte a ti, el único Dios realmente existente, y ofrecerte, con el corazón contrito y en espíritu de humildad, este nuestro oficio racional; pues tú eres quien nos dio el conocimiento de tu verdad. ¿Y quién es capaz de proclamar tu poder, hacer escuchar todas tus alabanzas, o narrar todos tus milagros en todo tiempo?

Rey de todos, Señor del cielo y de la tierra y de todo lo creado, lo visible y lo invisible, que estás sentado en un trono de gloria y miras los espacios infinitos; que no tienes comienzo, que eres invisible, inconcebible, indescriptible, inmutable, Padre de nuestro Señor, gran Dios y Salvador, Jesús Cristo, nuestra esperanza; quien es la imagen de tu bondad y signo exacto de ella; que en sí mismo te representa a ti, Padre, siendo Verbo vivo, Dios verdadero, sabiduría eterna, vida, santificación, poder, luz verdadera; por el cual se manifestó el Espíritu Santo, Espíritu de verdad, don de filiación, promesa de herencia futura, principio de los bienes eternos, fuerza vivificadora, fuente de santificación que otorga fuerza a toda criatura de habla e inteligencia para servirte y ofrecerte constantemente la glorificación racional; porque todos te sirven a ti.

Pues a ti alaban los ángeles, los arcángeles, los tronos, los dominios, los principados, las potestades, las fuerzas y los querubines de muchos ojos. En torno tuyo se encuentran los serafines, cada uno con seis alas, con dos se cubren la cara, con dos los pies, y con dos vuelan, exclamando cada uno después del otro, con voz interminable, glorificaciones incesantes.

SACERDOTE (en voz alta)

Cantando el himno de la victoria, proclamando, exclamando y diciendo.

CORO

Santo, santo, santo, Señor Sabaot, plenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en las alturas: bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en las alturas.

SACERDOTE (en voz baja)

Con estas bienaventuradas potestades, Soberano que amas a la humanidad, también nosotros, pecadores, clamamos y decimos: Santo eres realmente y santísimo, y no existe medida para la magnificencia de tu santidad, y eres justo en todas tus obras, porque todo nos has hecho conforme a la verdad y a la justicia. Al crear al hombre tomaste polvo de la tierra, lo honraste con tu imagen, Dios, y lo ubicaste en el paraíso de la dulzura, prometiéndole una vida inmortal y el gozo de tus bienes eternos por el cumplimiento de tus mandamientos; pero habiéndote desobedecido a ti, al Dios verdadero que lo creó, y atraído por el engaño de la serpiente y mortificado por sus pecados, lo expulsaste Dios por tu justa sentencia del paraíso a este mundo, devolviéndole a la tierra de la que fue tomado, preparándole su salvación por un nuevo nacimiento en tu propio Cristo.

Pues no rechazaste del todo a tu criatura que has creado, Bondadoso, ni te olvidaste de la obra de tus manos, sino que la visitaste repetidamente por la misericordia de tu gracia: enviaste profetas, obraste milagros por medio de tus santos, que te complacieron cada uno a su modo; nos hablaste por la boca de tus siervos, los profetas, prediciéndonos la salvación que había de venir; estableciste la Ley para nuestra ayuda; pusiste ángeles guardianes.

Al cumplirse el tiempo nos hablaste por medio de tu propio Hijo, por el cual creaste los siglos, el cual es resplandor de tu gloria e imagen de tu hipóstasis; sosteniéndolo todo por el verbo de su fuerza, no se apropió indebidamente el ser igual a ti, Dios y Padre, sino que siendo Dios eterno apareció en la tierra y vivió con los hombres; se encarnó de la Santa Virgen, se rebajó tomando el aspecto de un siervo, se hizo semejante al cuerpo de nuestra humildad para hacernos semejantes a la imagen de su gloria.

Y puesto que el pecado entró al mundo por el hombre, y por el pecado la muerte, tu Unigénito Hijo existente en tu seno, Dios y Padre, se dignó nacer de una mujer, la santísima siempre virgen María, y sometiéndose a la ley condenó el pecado por medio de su propia carne, para que muriendo en Adán se vuelva a la vida en tu propio Cristo; y después de haber vivido en este mundo, habiéndonos dado mandamientos salvadores, y apartado del engaño de los ídolos, nos trajo el conocimiento de ti, verdadero Dios y Padre, habiéndonos adquirido como gente elegida, sacerdocio real, pueblo santo; y habiéndonos purificado con el agua y santificado con el Espíritu santo, se entregó a sí mismo a cambio de la muerte, de la cual estábamos cautivos, vendidos por el pecado; y habiendo descendido al infierno por la cruz, para llenarlo todo de sí, venció los sufrimientos mortales; y resucitó al tercer día, abriendo a toda carne el camino de la resurrección de entre los muertos, porque no era posible que la corrupción se apoderase del propio origen de la vida; se hizo el primero de los fallecidos y el primer surgido de entre los muertos, para ser él mismo todo, siendo el primero en todo; y habiendo ascendido a los cielos, se sentó en las alturas a la diestra de tu majestad, de donde vendrá para retribuir a cada uno según sus obras.

Nos dejó, como re cuerdo de su pasión salvadora, estos misterios que te ofrecemos conforme a sus preceptos; pues queriendo salir para su muerte voluntaria, digna de eterna memoria y vivificadora, en la noche en que se entregó por la vida del mundo, tomó el pan en sus santas y purísimas manos y lo elevó a ti, Dios y Padre, dio las gracias, lo bendijo, lo santificó, y partiéndolo,

SACERDOTE (en voz alta)

Lo dio a sus santos discípulos y apóstoles, diciendo: Tomen, coman, éste es mi Cuerpo que por ustedes es partido, para la remisión de los pecados.

CORO: Amén.

SACERDOTE (en voz baja)

Del mismo modo, tomó el cáliz del fruto de la vida, lo mezcló, dio las gracias, lo bendijo, y santificándolo,

SACERDOTE (en voz alta)

Lo dio a sus santos discípulos y apóstoles, diciendo: Beban todos de él, ésta es mi Sangre, la del nuevo testamento, que por ustedes y por muchos es derramada para la remisión de los pecados.

CORO: Amén.

SACERDOTE (en voz baja)

Hagan esto en memoria mía: cada vez que coman este pan y beban de este cáliz anuncian mi muerte y confiesan mi resurrección. Recordando, pues, también nosotros, Soberano, su salvadora pasión, su vivificadora cruz, su sepultura de tres días, su resurrección de entre los muertos, su ascensión a los cielos, su entronización en el trono que está a tu diestra, Dios y Padre, y su glorioso y temible segundo advenimiento.

SACERDOTE (en voz alta)

Te ofrecemos lo que es tuyo, de lo que es tuyo, en todo y por todo.

CORO

Te alabamos, te bendecimos, te damos gracias, Señor, y te suplicamos, oh Dios nuestro.

SACERDOTE (en voz baja)

Por todo aquello, Santísimo Soberano, también nosotros pecadores e indignos siervos tuyos, que somos honrados en servir a tu santísimo Altar, no en atención a nuestros méritos, pues no hicimos nada bueno en la tierra, sino por tu benevolencia y generosidad, que ampliamente derramaste sobre nosotros, nos atrevemos a acercarnos a tu santo altar y, ofreciéndote los signos representativos del santo Cuerpo y de la Sangre de tu Cristo, te rogamos e invocamos, oh Santo de los santos, que por la benignidad de tu benevolencia descienda el Espíritu santo sobre nosotros y sobre los dones que te presentamos, y que los bendiga, santifique y muestra que:

DIÁCONO (en voz baja)

Bendice, soberano, el santo pan.

SACERDOTE

Ciertamente este pan es el mismo valioso Cuerpo del Señor, Dios y Salvador nuestro, Jesús Cristo.

DIÁCONO

Amén.

Bendice, soberano, el santo cáliz.

SACERDOTE

Y ciertamente este cáliz contiene la valiosa Sangre del Señor, Dios y Salvador nuestro, Jesús Cristo.

DIÁCONO

Amén.

Bendice, soberano, juntamente los santos Dones.

SACERDOTE

Derramada por la vida y la salvación del mundo.

DIÁCONO

Amén. Amén. Amén.

SACERDOTE

Y a nosotros todos los que comulgamos de un mismo pan y de un mismo cáliz únenos los unos con los otros en la comunión de un solo Espíritu santo, y que ninguno de nosotros comulgue del santo Cuerpo y Sangre de tu Cristo para su juicio y condenación, sino que hallemos tu misericordia y gracia junto con todos los santos que te hayan complacido desde el principio de los siglos, los progenitores, padres, patriarcas, profetas, apóstoles, predicadores, evangelistas, mártires, confesores de la fe, maestros y toda alma justa fallecida en la fe.

SACERDOTE (en voz alta)

Especialmente por la santísima, purísima, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre virgen María.

CORO

Himno a la Theotokos.

Toda la creación se alegra en ti, oh Llena de gracia, el coro de los ángeles y el género humano. Oh templo consagrado, paraíso espiritual y orgullo de la virginidad, de quien Dios encarnó y se hizo niño, el sempiterno Dios nuestro! Pues Él hizo de tu vientre un trono, y más amplias que los cielos tus entrañas. Toda la creación se alegra en ti, oh Llena de gracia: ¡Gloria a ti!

SACERDOTE (en voz baja)

Por el santo profeta, precursor y bautista Juan, por los santos gloriosos y venerabilísimos apóstoles, por (nombre del santo conmemorado hoy), cuya memoria celebramos, y por todos tus santos, por cuyas súplicas visítanos Dios.

Acuérdate también de todos los que fallecieron con la esperanza de la resurrección a la vida eterna. También Te rogamos por el eterno descanso y por la permanencia en el lugar de la luz perpetua de tus siervos (nombres de los difuntos), donde no hay tristeza ni angustia. Y hazlos descansar donde resplandece la luz de tu rostro.

También te rogamos Señor, que te acuerdes de tu santa Iglesia católica y apostólica, extendida de un extremo al otro del mundo, y concédele la paz, a ella que redimiste con la preciosa Sangre de tu Cristo, y afirma este santo templo hasta el fin de los siglos.

Acuérdate Señor, de los que te ofrecemos estos dones, y de aquellos en cuyo nombre, por medio de los cuales y por quienes te han sido ofrecidos. Acuérdate Señor, de los que traen frutos a tus santas Iglesias y hacen obras de bien, y se acuerdan de los pobres: retribúyeles con tus ricos y celestiales dones, dándoles lo celestial en vez de lo terrenal, lo eterno en vez de lo temporal, lo incorruptible en vez de lo corruptible. Acuérdate Señor, de los que habitan en los desiertos, en las sierras, en las cavernas y en los abismos terrestres. Acuérdate Señor, de los que perseveran en virginidad y piedad, llevando una vida de ayunos y de pureza.

Acuérdate Señor, de toda autoridad, gobierno y ejército: dándoles una profunda y perpetua paz; pon en sus corazones buenos sentimientos para con tu Iglesia y con todos tus fieles, para que pasemos bajo su gobierno una vida apacible y silenciosa con toda piedad y pureza. Conserva a los buenos en su bondad, convierte a los malos en buenos por tu bondad.

Acuérdate Señor, del pueblo aquí presente y de los ausentes por motivos justificados, y ten piedad para con ellos y con nosotros, debido a la muchedumbre de tu misericordia: llena sus haberes de todo lo bueno; conserva sus matrimonios; educa a los niños; dirige a la juventud, sostén a la vejez, consuela a los afligidos; reúne a los errantes; reintegra a tu santa Iglesia católica y apostólica a los que, seducidos, la han abandonado; libra a los oprimidos por los espíritus impuros; navega con los navegantes; viaja con los viajeros; ayuda a las viudas, protege a los huérfanos; libera a los cautivos; sana a los enfermos. Acuérdate Dios, de los que están ante los tribunales; de los mineros, de los presos, de los condenados a trabajos forzados; de los que sufren cualquier pena, necesidad o adversidad. Acuérdate también de todos los que necesitan tu gran misericordia: de los que nos aman y de los que nos odian, de los que se hayan encomendado a nuestras humildes oraciones, y de todo tu pueblo, Señor Dios nuestro, y derrama tu abundante clemencia, concediendo a cada uno lo necesario para su salvación. Y a quienes no hemos recordado por no conocerlos o haberlos olvidado, o debido a la gran cantidad de nombres; tú mismo Dios, conmemóralos, ya que conoces la edad y el nombre de cada cual, conociendo a cada uno desde el seno de su madre.

Pues tú eres, Señor, la ayuda de los que no tienen socorro, la esperanza de los desesperados, el salvador de los atormentados, el puerto de los navegantes, el médico de los enfermos. Sé tú mismo todo para todos, tú que conoces a cada cual: sus preocupaciones, su hogar y su necesidad. Protege, Señor, esta ciudad y cualquier ciudad o país de enfermedad infecciosa, hambre, sismo, inundación, incendio, espada, invasión de enemigos, y guerra civil.

SACERDOTE (en voz alta)

Primeramente acuérdate, Señor, de nuestro arzobispo (N.), consérvalo para tus santas iglesias, en paz, seguridad, honor, salud, larga vida, y que enseñe rectamente la palabra de tu verdad.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Y de quienes tienen en mente cada uno; y de todos y de todas.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE (en voz baja)

Acuérdate Señor, de todo episcopado ortodoxo que enseña fielmente la palabra de tu verdad. Acuérdate también Señor, en la abundancia de tu generosidad, de mi indignidad: perdóname mis faltas voluntarias e involuntarias; no sea que a causa de mis pecados prohíbas que descienda la gracia del Espíritu santo sobre los dones aquí ofrecidos. Acuérdate Señor, del presbiterado, del diaconado en Cristo y de todo el orden sacerdotal; y que ninguno de los que rodeamos tu santo altar sea avergonzado ante ti.

Visítanos con tu gracia, Señor; hazte presente a nosotros en tus abundantes generosidades. Envíanos vientos benignos y útiles, lluvias clementes para la fertilidad de la tierra; apacigua las discordias entre las iglesias, calma la rebelión de los paganos, destruye pronto las herejías por la fuerza de tu Espíritu santo; recíbenos a todos en tu reino haciéndonos hijos de la luz y del día. Danos tu paz y tu amor Señor Dios nuestro, pues tu nos has dado todo.

SACERDOTE (en voz alta)

Y concédenos que con una sola boca y un solo corazón glorifiquemos y alabemos tu honorabilísimo y magnífico nombre, del Padre y del Hijo y del Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

SACERDOTE

Que las misericordias de nuestro gran Dios y Salvador Jesús Cristo sean con todos ustedes.

CORO

Y con tu espíritu.

ORACIÓN DEL SEÑOR

DIÁCONO

Conmemorando a todos los santos, una vez más en paz roguemos al señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Por los preciosos dones ya ofrecidos y santificados, roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Para que nuestro Dios filántropo, quien los aceptó en su santo, celestial y racional altar como olor de fragancia espiritual, nos envíe la divina gracia y los dones del Espíritu santo, roguemos.

CORO: Señor, ten piedad.


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(Estas peticiones no se incluían originalmente. Probablemente fueron agregadas debido a la influencia de la Liturgia de los Dones Presantificados.)

DIÁCONO

Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.

CORO

Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO

Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Que el día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, pidamos al Señor.

CORO (después de cada petición)

Concédelo, Señor.

DIÁCONO

Un ángel de paz, guía fiel y custodio de nuestras almas y cuerpos, pidamos al Señor.

Perdón y remisión de nuestros pecados y transgresiones, pidamos al Señor.

Cuanto es bueno y conveniente para nuestras almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.

Que el tiempo restante de nuestra vida se complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.

Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor y vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos al Señor.

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Ocultar peticiones


DIÁCONO

Pidiendo por la unión de la fe y la comunión del Espíritu santo, encomendémonos cada uno a sí mismo, y unos a otros, y nuestra vida entera, a Cristo Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

Dios nuestro, Dios de la salvación, enséñanos tú mismo como agradecerte por todos los beneficios que nos otorgaste y sigues otorgándonos. Tú, Dios nuestro, que aceptaste estos dones, purifícanos de toda impureza de la carne y del espíritu, y enséñanos cómo realizar la santificación de tu nombre, con temor ante ti, para que recibiendo con el puro testimonio de nuestra conciencia una parte de tus santos misterios, nos unamos con el santo cuerpo y sangre de tu Cristo, y habiéndolos recibido dignamente tengamos a Cristo viviendo en nuestro corazón y seamos templo de tu Espíritu Santo.

Y sobre todo te rogamos Dios nuestro, que a ninguno de nosotros hagas culpable, ni enfermo de alma y cuerpo, ante tus temibles y celestiales misterios, por comulgar indignamente, sino que nos concedas recibir con dignidad hasta nuestro último suspiro una parte de tus misterios, como viático para la vida eterna y para una favorable defensa ante el temible tribunal de tu Cristo; para que también nosotros participemos, con todos los santos que desde el principio del tiempo supieron complacerte, de los eternos goces que has preparado, Señor, para los que te aman.

SACERDOTE (en voz alta)

Y haznos dignos, Soberano, de atrevernos a invocarte con confianza y sin condenación, a ti, Dios y Padre celestial, y decirte:

TODOS

ORACIÓN DEL SEÑOR

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

SACERDOTE

Porque tuyos son el reino, y el poder, y la gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

INCLINACIÓN DE LAS CABEZAS

SACERDOTE: Paz a todos.

CORO: Y a tu espíritu.

DIÁCONO

Inclinemos la cabeza ante el Señor.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

Señor y soberano Padre de toda bondad y Dios de todo consuelo: bendice, santifica, conserva, fortifica, afirma, y aparta de toda mala acción a los que ante ti inclinan su cabeza; únelos a toda acción buena y concédeles que comulguen sin reproche de estos tus purísimos y vivificadores misterios, para el perdón de los pecados y la comunión del Espíritu santo.

SACERDOTE (en voz alta)

Por la gracia, compasión y filantropía de tu Hijo Unigénito, con quien eres bendito, junto con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

DIVINA COMUNIÓN

SACERDOTE (en voz baja)

Atiende Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, desde tu santa morada y desde el trono de la gloria de tu reino, y ven a santificarnos, tú, que te asientas en las alturas con el Padre, y que estás aquí presente invisiblemente con nosotros; y dígnate concedernos, por tu poderosa mano, tu inmaculado Cuerpo y tu preciosa Sangre, y por nosotros a todo el pueblo.

DIÁCONO: ¡Atendamos!

SACERDOTE

Los santos para los santos.

CORO

Uno es santo, uno es Señor, Jesús Cristo, para la gloria de Dios Padre. Amén.

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TODOS

ORACIONES ANTES DE LA COMUNIÓN

Los siguientes textos de la comunión pueden variar de una parroquia a otra, dependiendo de las costumbres locales.

Creo Señor, y confieso, que en verdad eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo a salvar a los pecadores de los que yo soy el primero. También creo que éste es tu mismo inmaculado Cuerpo y que ésta es tu misma preciosa Sangre. Por eso te imploro: ten piedad de mí y perdona mis culpas, voluntarias e involuntarias, las de palabra o de obra, cometidas a sabiendas o en ignorancia, y hazme digno, sin condenación, de participar de tus inmaculados misterios, para el perdón de mis pecados y para la vida eterna. Amén.

Ahora que me acerco a la divina comunión, hacedor, no me consumas por comulgar; ya que tú eres fuego que abrasa al indigno, sino purifícame de toda mancha.

De tu cena mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón te confieso: ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu reino!

Tiembla, hombre, cuando contemples la Sangre deificante; es una brasa que consume al indigno. El Cuerpo de Dios deifica y alimenta; deifica el espíritu y maravillosamente alimenta la mente.

Me sedujiste con ansia, Cristo, y con tu divino amor me convertiste. Consume ahora con fuego inmaterial mis pecados y hazme digno de saciarme del gozo que está en ti, para que saltando de alegría, bueno, magnifique tus dos advenimientos.

¿Cómo puedo yo, indigno, entrar en el esplendor de tus santos? Pues si me atrevo a entrar en la cámara nupcial mis vestidura me denunciará porque no es de bodas, y maniatado los ángeles me echarán. Limpia la inmundicia de mi alma y sálvame, Señor, pues eres filántropo.

Soberano, Filántropo, Señor Jesús Cristo, Dios mío, no sean para el juicio, por causa de mi indignidad, estos Santos Dones, sino para la purificación y santificación de mi alma y de mi cuerpo y para recibirlos como anticipo de la vida futura y tu reino; pues es bueno para mi aferrarme a Dios y poner en el Señor la esperanza de mi salvación.

De tu cena mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón te confieso: ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu reino!

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CORO

Himno de la comunión.

De tu Cena Mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus Misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón, te confieso. ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu Reino! [SAOGM]

DIÁCONO

Acérquense con respeto de Dios, con fe y con amor.

El sacerdote toma el santo cáliz de las manos del diácono y le da la comunión a cada uno diciendo: El (la) siervo (a) de Dios (N.) Comulga el valioso Cuerpo y Sangre del Señor, Dios y Salvador Jesús Cristo, para la remisión de tus pecados y para la vida eterna. Amén.

Himnos Durante la Divina Comunión

SACERDOTE

Salva, Dios, a tu pueblo y bendice a tu heredad.

CORO

Himno después de la comunión.

En lugar de “Vimos la luz verdadera”.

De tu Cena Mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus Misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón, te confieso. ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu Reino! [SAOGM]

DIÁCONO (en voz baja)

Eleva, soberano.

SACERDOTE (en voz baja)

Dios, elevada sea sobre los cielos y sobre toda la tierra tu gloria. (3 veces)

Bendito sea Dios nuestro.

SACERDOTE (en voz alta)

Eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

ACCIÓN DE GRACIAS

DIÁCONO

¡De pie! Habiendo comulgado los divinos, santos, inmaculados, inmortales, celestiales, vivificadores y estremecedores misterios de Cristo, agradezcamos dignamente al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

CORO: Señor, ten piedad.

DIÁCONO

Habiendo pedido que cada día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, encomendémonos cada uno a sí mismo, y unos a otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.

CORO: A ti, Señor.

SACERDOTE (en voz baja)

ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS

Te damos gracias Señor y Dios nuestro, por la comunión de tus santos, purísimos, inmortales y celestiales misterios que nos has dado para beneficio, santificación y curación de nuestras almas y cuerpos. Tú mismo Soberano de todos, haz que la comunión del santo Cuerpo y Sangre de tu Cristo se convierta para nosotros en fe sin tropiezo, en amor sin hipocresía, en aumento de sabiduría, en curación del alma y del cuerpo, en rechazo de todo lo adverso, en cumplimiento de tus mandamientos, en respuesta favorable en el temible tribunal de tu Cristo.

SACERDOTE (en voz alta)

Porque tú eres nuestra santificación y a ti rendimos gloria: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

DESPEDIDA

SACERDOTE: Salgamos en paz.

DIÁCONO: Roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE

ORACIÓN DETRÁS DEL AMBÓN

Como sacrificio de alabanza y adoración agradable, Tú aceptas este racional e incruento sacrificio de quienes con todo su corazón claman a ti, Cristo Dios nuestro, cordero inmaculado e Hijo de Dios, que quitas el pecado del mundo y fuiste sacrificado por nosotros voluntariamente; el dividido, pero no desunido; el comido, pero no consumido; santifica a los que de ahí comen; que en memoria de tu pasión voluntaria y el vivificador levantamiento tuyo al tercer día, nos has hecho partícipes de los inefables y temibles misterios de tu santo Cuerpo y tu preciosa Sangre: ampáranos en tu santificación a nosotros tus servidores y ministros, a las autoridades civiles, a nuestras fuerzas armadas y al pueblo aquí presente.

Concédenos en todo tiempo y en toda hora meditar en tu bondad para que siendo conducidos de acuerdo a tu voluntad y haciendo las cosas que te agradan, podamos hacernos dignos de un lugar a tu diestra cuando vengas a juzgar a los vivos y a los muertos. Rescata a nuestros hermanos que están cautivos; visita a los que están en la enfermedad; guía a los que están en peligro en el mar; y da reposo, donde la luz de tu rostro les ilumine, a las almas de los que nos han precedido en el descanso con la esperanza de la resurrección a la vida eterna; y escucha a todos los que buscan tu ayuda.

Porque tú eres el dador de bondades, y a ti rendimos gloria, junto con tu Padre que no tiene principio, y tu santísimo y bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

Sea el nombre del Señor bendecido desde ahora y por los siglos. [SAOGM] (3 veces)

ORACIÓN DURANTE LA RECOLECCIÓN DE LOS DONES

SACERDOTE (en voz baja)

Ha sido terminado y realizado, según nuestras posibilidades, Cristo nuestro Dios, el misterio de tu providencia: pues tenemos el recuerdo de tu muerte, vimos la imagen de tu resurrección, nos llenamos de tu vida infinita, gozamos de tu alimento inagotable, del cual concédenos ser dignos también en el mundo futuro, por la gracia de tu Padre que no tiene principio y de tu santo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

DIÁCONO: Roguemos al Señor.

CORO: Señor, ten piedad.

SACERDOTE

La bendición del Señor y su misericordia vengan sobre ustedes, por su divina gracia y su filantropía, eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

CORO: Amén.

SACERDOTE

El que de excesiva bondad nos mostró el excelente camino de la humildad, al lavar los pies de los discípulos, y se rebajó hasta la cruz y la sepultura, Cristo, verdadero Dios nuestro, por las intercesiones de su purísima e inmaculada Madre, por el poder de la vivificante y preciosa Cruz, la protección de las celestiales potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y glorioso profeta, precursor y bautista Juan, de los santos, gloriosos y alabadísimos apóstoles, de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de nuestros justos y teóforos padres, (santo patrono del templo local); de los santos y justos familiares del Señor, Joaquín y Ana, y de todos los santos, tenga misericordia de nosotros y sálvanos, pues eres un Dios bondadoso y filántropo.

CORO

Al que nos bendice y santifica, conserva Señor, por muchos años.

SACERDOTE

Por las oraciones de nuestros santos padres, Señor Jesús Cristo Dios, ten piedad de nosotros y sálvanos.

CORO: Amén.