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MISTERIO DE LA SANTA UNCIÓN


SACERDOTE

Bendito sea nuestro Dios, eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

LECTOR

Amén.

Trisagio.

Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

SACERDOTE

Porque tuyos son el reino, y el poder, y la gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

LECTOR

Amén.

Señor, ten piedad. (12 veces)

Gloria. Ahora y siempre.

Vengan, adoremos y prosternémonos ante Dios nuestro Rey.

Vengan, adoremos y prosternémonos ante Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.

Vengan, adoremos y prosternémonos ante el mismo Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios.

Salmo 142 (143)

Escucha, Señor, mi oración, y presta oído a mi súplica; respóndeme leal, por tu justicia. No entres en pleito con tu siervo, pues no hay ser vivo justo ante ti. Me persigue a muerte el enemigo, aplasta mi vida contra el suelo; me obliga a vivir entre tinieblas, como los que han muerto para siempre. Ya se apaga el aliento en mí, mi corazón por dentro enmudece. Recuerdo los días de antaño, medito todas tus acciones, pondero las obras de tus manos; hacia ti tiendo mis manos, como tierra sedienta de ti. Pausa. ¡Respóndeme pronto, Señor, que ya me falta el aliento; no escondas tu rostro lejos de mí, pues sería como los que bajan a la fosa! Hazme sentir tu amor por la mañana, pues yo cuento contigo; muéstrame el camino que he de seguir, pues estoy pendiente de ti. Líbrame de mis enemigos, Señor, pues busco refugio en ti; enséñame a cumplir tu voluntad, tú, que eres mi Dios; tu espíritu, que es bueno, me guíe por una tierra llana. Por tu nombre, Señor, dame la vida, por tu justicia, líbrame de la angustia; por tu amor, aniquila a mis enemigos. Pierde a todos mis opresores, porque yo soy tu servidor. [BJ-SAOGM]

SACERDOTE

Una y otra vez en paz, roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

( Señor, ten piedad. )

Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.

( A ti, Señor. )

Porque eres Dios misericordioso y amante de la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. ( Amén. )

CORO

Tono 6 (plagal 2).

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Verso 1: ¡Señor, no me corrijas con Tu cólera, no me castigues con Tu Furor!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Verso 2: Ten piedad de mi, Señor porque soy un pecador.

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Troparios.

Ten piedad de nosotros, oh Señor, Ten piedad de nosotros porque carecemos de toda excusa. Te ofrecemos, nosotros pecadores, esta suplica, oh Señor: Ten piedad de nosotros. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Ten piedad de nosotros, oh Señor, pues en ti hemos puesto nuestra confianza; no estés sobre manera airado con nosotros, ni te acuerdes de nuestras faltas, sino mira con tu bondad hacia nosotros ahora y líbranos de nuestros enemigos. Porque Tú eres nuestro Dios y nosotros somos Tu pueblo, todos somos la obra de Tus manos, e imploramos ayuda por Tu santo Nombre. [SAOGM]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Ábrenos las puertas de Tu misericordia, oh bienaventurada Madre de Dios, para que confiándonos en Ti, no seamos defraudados los que esperamos en Ti, sino que seamos salvados de toda adversidad. [SAOGM]

LECTOR

Salmo 50 (51)

Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad, por tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa, purifícame de mi pecado. Pues yo reconozco mi delito, mi pecado está siempre ante mí; contra ti, contra ti solo pequé, lo malo a tus ojos cometí. Por que seas justo cuando hablas e irreprochable cuando juzgas. Mira que nací culpable, pecador me concibió mi madre. Y tú amas la verdad en lo íntimo del ser, en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con hisopo hasta quedar limpio, lávame hasta blanquear más que la nieve. Devuélveme el son del gozo y la alegría, se alegren los huesos que tú machacaste. Aparta tu vista de mis yerros y borra todas mis culpas. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme; no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu. Devuélveme el gozo de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso; enseñaré a los rebeldes tus caminos y los pecadores volverán a ti. Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios salvador mío, y aclamará mi lengua tu justicia; abre, Señor, mis labios, y publicará mi boca tu alabanza. Pues no te complaces en sacrificios, si ofrezco un holocausto, no lo aceptas. Dios quiere el sacrificio de un espíritu contrito, un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias. ¡Sé benévolo y favorece a Sión, reconstruye los muros de Jerusalén! Entonces te agradarán los sacrificios legítimos –holocausto y oblación entera–, entonces se ofrecerán novillos en tu altar. [BJ-SAOGM]

CORO

El Canon

Tono 4. Oda primera.

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Oh Maestro, que siempre alegras las almas y cuerpos de los hombres, con el Aceite de bondad, y preservas también a tu pueblo fiel por el aceite: Muestra compasión a los que ahora se acercan ante ti a través del aceite. [SAOGM]

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Toda la tierra está llena de tu misericordia Oh Maestro: Por eso nosotros, con fe te rogamos, que nos otorgues hoy, el ser ungidos con tu Aceite Divino y precioso, por Tu misericordia que es superior a todo entendimiento. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Oh Tu que amas a los Hombres, que a través de tus Apóstoles, con caridad, diste el mandamiento de dispensar la Unción Santa sobre tus siervos enfermos: Ten piedad de todos nosotros, por las oraciones de los mismos siervos, a través de Tu Sello. [SAOGM]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh Theotokos, que eres Purísima, que diste a luz al que es abismo de la paz, sin reposo: por vuestras incesantes oraciones a Dios, libra a estos tus siervos, de sus enfermedades y aflicciones; y así ellos podrán glorificarte incesantemente. [SAOGM]

Oda tercera.

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Tú que solo eres Maravilloso, el Misericordioso con los hombres que tienen fe, otorga tu Gracia desde lo alto a estos tus siervos, que padecen enfermedades graves, Oh Cristo [SAOGM]

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Señor, que en tiempos antiguos mostraste una rama de olivo para señalar la disminución de la inundación, por tu mandamiento Divino: Por tu misericordia salva a los dolientes. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Con la Divina Lámpara de Luz, en tu misericordia, alegra Oh Cristo, a los que ahora van a ser ungidos, y se apresuran con fe a tu misericordia. [SAOGM]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Míranos desde lo alto con amor, Oh Madre del Creador de todas las cosas, y por tus intercesiones elimina el dolor y amargura de los enfermos. [SAOGM]

Catisma.

Tono 8 (plagal 4).

Tú que eres como un río de misericordia divina, como un golfo sin remanso de gran benevolencia, Oh Generoso; muéstranos las corrientes divinas de Tu misericordia, y cura a todos los hombres. Vierte en el mundo abundantes misericordias, y purifica a todos los hombres: porque recurrimos siempre a ti, implorando fervientemente tu Gracia. [SAOGM]

Gloria. Ahora y siempre.

Tono 4.

Medico y consolador del sufrimiento, Redentor y Salvador de los enfermos: tú mismo, Maestro y Señor de todo, otorga la salud a tus siervos enfermos. Muestra compasión, ten misericordia de los que han pecado gravemente, y perdona las iniquidades de tus siervos, oh Cristo, para poder glorificar tu poder Divino. [SAOGM]

Oda cuarta.

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Oh salvador, que eres incorruptible como la mirra, que derramas la Gracia y limpias el mundo, muestra compasión, ten piedad, sana las heridas corporales de estos tus siervos, que viven con fe a recibir la Santa Unción. [SAOGM]

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Puesto que, con la tranquilidad del Sello de tu misericordia, has sellado los sentimientos de tus siervos, Maestro, haz inaccesible e impenetrable en ellos a todos los poderes adversos. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Tú que permites a los enfermos llamar a tus santos Teóforos Ministros, y a procurar la salvación por sus oraciones, y por la unción de Tu Aceite Santo, hecha por ellos: Salva a los que sufren, por tu misericordia. [SAOGM]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Theotokos, siempre Virgen, Purísima, constante Refugio y Fortaleza, Apoyo y Muralla de protección, ten piedad y muestra compasión de tus enfermos: Porque solo a Ti acuden por refugio [SAOGM]

Oda quinta.

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Oh Bueno, que eres profundo y grande en misericordia; a través de Tu santo Aceite, Oh Misericordioso, muestra tu poder a los que sufren, porque tú eres compasivo. [SAOGM]

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Oh Cristo, que has santificado nuestras almas y cuerpos desde lo alto, por tu Divino Poder pon tu Sello, y cúralos por tu mano. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Señor, que eres supremamente bueno, que por tu amor inefable, aceptaste la unción con mirra preciosa de las manos de la pecadora, Ten compasión de estos tus siervos. [SAOGM]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh alabadísima Theotokos, llena de gracia, ten piedad de los que ahora están aquí para ser ungidos con el Aceite Divino, y salva a estos tus siervos. [SAOGM]

Oda sexta.

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Oh, Tú que amas a los Hombres, que instituiste la Unción a los reyes por tu Palabra, y por las manos de los Sumos Sacerdotes lograste lo mismo: Salva, también, a los dolientes por tu Sello, porque tú eres benévolo. [SAOGM]

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

No permitas que los demonios malignos, Oh Salvador, toquen los sentidos de los que están marcados con tu Divina Unción; protégelos con el Poder de tu Gloria. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Extiende tu mano desde lo alto, tú que amas a los hombres, y santificas tu Aceite, otórgalo, oh Salvador, a tus siervos para la curación de todas sus enfermedades. [SAOGM]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Tu mismo te manifestaste como un árbol de Olivo fructífero, en la residencia de Dios, Oh madre del Creador, y por eso el mundo está lleno de misericordia. Salva por tus intercesiones a Dios, de los que sufren. [SAOGM]

Condaquio.

Tono 2.

Oh Fuente de misericordia, que eres excesivamente Bueno. Rescata de toda adversidad a los que con fe ferviente veneran tu misericordia inefable, Oh tú que eres el mas Compasivo, lleva lejos de ellos sus enfermedades, y concédeles tu Divina Gracia que viene de lo alto. [SAOGM]

Oda séptima.

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Oh Tu, nuestro Salvador y solo Dios, que con tu misericordia y tu compasión curas todas las pasiones del alma y las aflicciones del cuerpo; Tu, el mismo Dios, restaura a los que sufren y cura sus enfermedades. [SAOGM]

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Cuando las cabezas de todos estén ungidas con el Aceite de Unción, concede alegría a todos los que buscan la misericordia de tu redención, Oh Cristo, otorgando las riquezas de tu Gracia, señor nuestro. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Tu sello es una espada contra los demonios, Oh salvador. Un fuego que consume las pasiones del alma, por las oraciones de los Sacerdotes. Por lo cual, nosotros que hemos recibido cura en nuestra fe, a ti te cantamos alabanzas. [SAOGM]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh Madre de Dios, que dentro de tu vientre, de una manera divina sostuviste, y encarnaste inefablemente al Dios que mantiene todas las cosas en la palma de su mano, roguémosle misericordiosamente que aminore las angustias de los dolientes. [SAOGM]

Oda octava.

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Ten misericordia de todos, oh salvador, conforme a tu grande y divina misericordia; porque todos nosotros reunidos aquí representamos la veneración de tu misericordia, y traemos a los enfermos para ungirlos con tu Santo Aceite, por eso cúralos con tu poder. [SAOGM]

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Por las fuentes de tu misericordia, oh Cristo, y a través de la unción de tus Sacerdotes, tú que eres Compasivo, Señor, lava los dolores, las heridas, y los repentinos ataques de sufrimiento de los que están atormentados por la violencia de sus pasiones: Para que puedan glorificarte con acción de gracias, ya que han sido curados. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

El aceite es el símbolo divino de la condescendía y alegría desde lo alto, Oh maestro, rogamos que no pongas tu misericordia lejos de nosotros que continuamente clamamos: Todas las obras del Señor, bendecid al Señor. [SAOGM]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

La naturaleza acepto tu Nacimiento Divino, Purísima Theotokos, como una corona excesivamente gloriosa, que aplasto las huestes del adversario, y conquistaste su dominio. Por ello, coronados con el resplandor alegre de tu gracia, te cantamos elogios, Oh alabadísima Señora. [SAOGM]

Oda novena.

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Mira desde el Cielo, Oh Generoso, y muestra tu misericordia a todos los Hombres. Otorga ahora tu compasión y tu fortaleza a los que vienen a tu Unción Divina de las manos de tus Sacerdotes. Oh Tú que amas a los Hombres. [SAOGM]

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Salvador Bondadoso, hemos venido a la Unción del Aceite divino con alegría, que por tu condescendencia nos has permitido recibir, más que por los méritos de los participantes, y la has impartido a los que han compartido la purificación Divina. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Ten piedad de nosotros, ten piedad, oh Salvador; líbranos del dolor y del peligro. Rescátanos a Tus siervos, en alma y cuerpo, porque somos blanco de las flechas del diablo. Pero ya que Tú eres el Señor misericordioso, sánanos completamente por la gracia divina. [KAD]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Como tu recibes los cantos y las suplicas de tus siervos, Oh Virgen, así también cura de los terribles dolores y enfermedades, por tus intercesiones, a los que acuden a tu protección Divina, Oh Purísima. [SAOGM]

Digno es, en verdad, aclamarte a ti, Theotokos, la siempre bienaventurada e inmaculada, y Madre de nuestro Dios. A la más honorable que los querubines y más gloriosa, incomparablemente que los serafines; a ti, la que incorruptamente, diste a luz al Verbo de Dios, a la verdaderamente Theotokos, te exaltamos. [SAOGM]

Exapostelario.

Tono 3.

En tu misericordia, Oh Bondadoso, dirige tus ojos a nuestras peticiones, ya que estamos juntos hoy en tu Santo Templo, para ungir los enfermos estos tus siervos con tu Aceite Divino. [SAOGM]

Alabanzas. Tono 4.

Todo cuanto respira alabe al Señor. Alaben al Señor desde el cielo, alábenlo en las alturas. Tú mereces la alabanza, oh Dios. [BJ-SAOGM]

Alábenlo, todos sus ángeles. Todas sus huestes, alábenlo. Tú mereces la alabanza, oh Dios. [BJ-SAOGM]

Stijera prosomia.

Tono 4.

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Tu, que eres fácil para suplicarle, y amas a los hombres, Tu que has dado la gracia por medio de los Apóstoles, para curar las heridas y las enfermedades de todos los hombres. Ten piedad de los que ahora, con fe, encuentran el remedio de tu Aceite, y santifícalos, y muéstrales misericordia, porque eres Compasivo. Depúrales de cada enfermedad y aflicción, y protégeles con tus bendiciones incorruptibles, Oh Señor. [SAOGM]

Señor Cristo, ten piedad de tus siervos.

Mira, oh Incomprensible, desde los Cielos, y como Compasivo has sellado nuestros sentidos por tu mano invisible, Tu que amas a los Hombres, por tu Aceite Divino otorga redención de las transgresiones, a los que se acercan a ti con fe, suplicándote, y regálales la cura del alma y del cuerpo, para que puedan con fe glorificarte y magnificar tu Poder Soberano. [SAOGM]

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Por la Unción de tu Aceite, y la imposición de manos de tu Sacerdote, tú que amas a los Hombres, santifica desde lo alto a tus siervos, líbrales de sus enfermedades, depúrales de su vileza espiritual, lávales, Oh Señor, y remíteles de sus muchas tentaciones escandalosas. Termina sus dolores, y remueve todos los obstáculos. Destruye completamente todas sus aflicciones, porque tú eres un Dios generoso, y lleno de benevolencia. [SAOGM]

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Tú que eres el Palacio Purísimo del Rey, Oh virgen inmaculada, te imploro, purifica mi mente que está manchada con el pecado, y hazla residencia Justa de la Santísima Trinidad, que yo, tu indigno siervo se salve, para que pueda glorificar tu Poder Grandísimo, y tu interminable misericordia. [SAOGM]

LECTOR

Trisagio.

Santo Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

SACERDOTE

Porque tuyos son el reino, y el poder, y la gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

CORO

Amén.

Tropario.

Tono 4.

Tú que eres solo Apoyo rápido, Oh Cristo, muestra Tu visitación rápida desde lo alto sobre Tus siervos enfermos; líbrales de sus enfermedades, y dolor cruel, y levántales de nuevo para cantar alabanzas a Ti, y glorificarte sin parar. Por las intercesiones de Theotokos, Tú que eres el único que tiene amor para los hombres. [SAOGM]

SACERDOTE

Bendito el reino del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

DIÁCONO

En paz, roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

Por la paz de lo alto y por la salvación de nuestras almas, roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

Por la paz del mundo entero, la estabilidad de las santas Iglesias de Dios y la unión de todos, roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

Por esta santa morada y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

Por nuestro arzobispo (N.), el honorable presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero y el pueblo, roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

Por nuestra piadosa nación, por toda Autoridad y Poder roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

Por el pueblo presente, que espera recibir la gracia del Espíritu Santo, roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

Para que sea bendecido este Óleo, por la visitación, poder, y energía del Espíritu Santo, roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

Por los siervos de Dios y por la visitación de Dios hacia ellos, y para que descienda sobre ellos la gracia del Espíritu Santo, roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.

( Señor, ten piedad. )

Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.

( A ti, Señor. )

SACERDOTE

Pues a ti se debe toda gloria, honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

DIÁCONO

Roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

Oh Señor Que en tus misericordias y tus bondades, sanas los desordenes de nuestras almas y nuestros cuerpos; santifica este Aceite, para que los que van a ser ungidos con él, podamos encontrar la sanación de cada pasión, cada mal, y cada enfermedad de la carne y del espíritu; y de esta manera tu Santísimo Nombre del padre, y del hijo, y del Espíritu; y de esta manera tu Santísimo Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, sea glorificado, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

CORO

Tropario de la unción.

Tono 4.

Tú que eres solo Apoyo rápido, Oh Cristo, muestra Tu visitación rápida desde lo alto sobre Tus siervos enfermos; líbrales de sus enfermedades, y dolor cruel, y levántales de nuevo para cantar alabanzas a Ti, y glorificarte sin parar. Por las intercesiones de Theotokos, Tú que eres el único que tiene amor para los hombres. [SAOGM]

Condaquio del ciego.

Tono 4.

Vengo a ti, oh Cristo, como el ciego de nacimiento. Con los ojos de mi alma cegados, te clamo arrepentido: “Tú eres la luz resplandeciente de los que están en tinieblas”. [unES]

Condaquio del paralítico.

Tono 3.

Estoy severamente paralizado por una multitud de pecados y hechos malos. Tal como levantaste al paralítico de antaño, levanta también mi alma por Tu divina providencia, para que Te clame: “¡Gloria a Tu poder, oh Cristo compasivo!” [unES]

Apolitiquio de Santiago.

Tono 4.

Oh justo, como discípulo del Señor recibiste el Evangelio; como mártir nunca eres rechazado; como hermano de Dios tienes osadía; como jerarca puedes interceder. Ruega a Cristo Dios que salve nuestras almas. [unES]

Condaquio de Santiago.

Tono 4.

Oh Hijo Unigénito, Verbo de Dios, Engendrado por Dios Padre, que en estos días te has manifestado a nosotros, Oh Santiago Divino que fuiste mandado por Dios, para ser el primer pastor y maestro de los que vivieron en Jerusalén, y un fiel ministro de los misterios espirituales: Oh Apóstol, te veneramos. [SAOGM]

Condaquio de S. Nicolás.

Tono 3.

En Mira, por su sacerdocio se manifestó el santo: Bienaventurado, cumpliendo el Evangelio de Cristo, entregaste tu alma por tu gente, salvaste a los inocentes de muerte injusta, te convertiste en santo, gran custodio de la misericordia del Señor. [SAOGM]

Apolitiquio de S. Demetrio.

Tono 3.

El universo te ha encontrado cual gran protector en los peligros, y victorioso, oh Luchador de Cristo; pues como animaste a Néstor en el estadio destruyendo la fuerza de Liaco, así intercede ante Cristo Dios, oh San Demetrio, para que nos otorgue la gran misericordia. [unES]

Apolitiquio de S. Pantaleón.

Tono 3.

Oh santo premiado y sanador Pantaleón, intercede ante Dios Misericordioso, que otorgue a nuestras almas el perdón de las transgresiones. [unES]

Apolitiquio de los santos anárgiros.

Tono 8 (plagal 4).

Santos anárgiros y milagrosos, sanen nuestras enfermedades. Puesto que de gratis recibieron, de gratis denlo. [unES]

Condaquio de S. Juan Teólogo.

Tono 2.

Quien puede describir tus glorias, Oh Virgen Santa Bárbara. Tú que viertes milagros, y eres una fuente de salud, intercede por nuestras almas, como Teóloga y amiga de Cristo. [SAOGM]

Teotoquio.

Tono 2.

Tú que eres la Intercesión ferviente, y un castillo inconquistable, fuente de misericordia, apoyo del mundo, nosotros te clamamos con suplica ferviente: Oh Virgen Theotokos, date prisa en nuestra ayuda, y líbranos de toda adversidad, tú que eres nuestra única protectora universal. [SAOGM]

Lectura Apostólica 1

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Proquímeno. Tono 1. Salmo 32.

Sea tu misericordia, Señor, sobre nosotros.

Verso: Alégrense, justos, en el Señor.

DIÁCONO

¡Sabiduría!

LECTOR

Lectura de la carta universal de Santiago.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

St. (5:10-16)

Hermanos, tomad como modelo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor. Mirad cómo proclamamos felices a los que sufrieron con paciencia. Habéis oído la paciencia de Job en el sufrimiento y sabéis el final que el Señor le dio; porque el Señor es compasivo y misericordioso. Ante todo, hermanos, no juréis ni por el cielo ni por la tierra, ni por ningún otra cosa. Que vuestro sí sea sí, y el no, no; para no incurrir en juicio. ¿Sufre alguno entre vosotros? Que ore. ¿Está alguno alegre? Que cante salmos. ¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder. [CA-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti lector.

CORO

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Evangelio 1

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.

SACERDOTE

Paz a todos.

( Y a tu espíritu. )

DIÁCONO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

SACERDOTE

¡Atendamos!

( ¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti! )

DIÁCONO

(10:25-37)

Un maestro de la Ley, que quería ponerlo a prueba, se levantó y le dijo: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella?» El hombre contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Jesús le dijo: «¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás.» El otro, que quería justificar su pregunta, replicó: «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús empezó a decir: «Bajaba un hombre por el camino de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron hasta de sus ropas, lo golpearon y se marcharon dejándolo medio muerto. Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote; lo vió, tomó el otro lado y siguió. Lo mismo hizo un levita que llegó a ese lugar: lo vio, tomó el otro lado y pasó de largo. Un samaritano también pasó por aquel camino y lo vio; pero éste se compadeció de él. Se acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre el animal que él traía, lo condujo a una posada y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente sacó dos monedas y se las dio al posadero diciéndole: «Cuídalo, y si gastas más, yo te lo pagaré a mi vuelta.» Jesús entonces le preguntó: «Según tu parecer, ¿cuál de estos tres fue el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?» El maestro de la Ley contestó: «El que se mostró compasivo con él.» Y Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo.» [SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti, evangelizador.

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

De nuevo suplicamos por misericordia, paz, vida, salud, salvación, visitación, el perdón y remisión de los pecados de estos siervos de Dios, que han venido a este Santo Misterio, el perdón de todas sus faltas voluntarias e involuntarias.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

Porque eres Dios misericordioso y amante de la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

DIÁCONO

Roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

1a Oración

Oh Señor, tú que eres sin principio, eterno, Santísimo entre los Santos, que enviaste debajo de los cielos a tu Hijo Unigénito, parar curar cada enfermedad y cada mal, de nuestras almas y cuerpos: envía tu Espíritu Santo, y santifica este Aceite; y haz que sea, para tus siervos, que están a punto de ser ungidos con él, la remisión completa de sus pecados, y herencia en el Reino de los Cielos. [SAOGM]

Porque tú eres un Dios Grande y Maravilloso, que mantienes tu pacto con los hombres, y tu misericordia hacia los que te aman; Tu que diste la remisión de los pecados a través de tu Niño Santo, Jesús Cristo El que nos regenera de pecado; que ilumina a los ciegos, y levanta nuevamente a los que han caído; que ama a los justos, y que muestra misericordia a los pecadores; que nos renueva de la oscuridad y de sombra de muerte, diciendo a los que están cautivos: Venid adelante, y a los que están en la oscuridad: Vosotros estáis descubiertos. Porque la luz del conocimiento de tu Hijo Unigénito brilló en nuestros corazones, quien por nosotros fue revelado sobre la tierra, y habitó entre los hombres; y a los que te han aceptado, les dio autoridad para ser Hijos de Dios, haciéndoles en verdad Hijos de Dios, regalándoles la adopción, a través del baño de regeneración, y nos ha hecho fuertes para no caer en la esclavitud del diablo. Porque no le gustaría que deberíamos limpios por sangre, sino por Aceite Santo, tú nos diste la imagen de su cruz, que podríamos ser parte del cuerpo de Cristo, un Sacerdocio Real, una Nación Santa, y nos purifico por el agua, y nos santificó en Espíritu Santo. Tú, Señor, y Maestro, danos la Gracia de éste tu Misterio, como tú la diste a Moisés, tu Siervo, a Samuel, tu persona amada, y a Juan, tu elegido, y a todos aquellos que, de generación, han sido aceptables a ti. Así, haznos, también, ministros del Nuevo Pacto de tu Hijo a través de éste Aceite, que has adquirido por la Sangre Preciosa de tu Cristo. Y nosotros después de apartarnos de todo afán temporal, seremos muertos al pecado, pero vivos a la justicia, revestidos de nuestro Señor Jesús Cristo, por la Unción con éste Aceite, que será santificado en poco tiempo. Deja que sea, Oh Señor, que éste Aceite, sea el Aceite de alegría, el Aceite de Santificación, un ornamento real, una armadura de poder, una repulsión de cada trabajo del diablo, el sello de inmunidad de las trampas del diablo, la alegría del corazón, y un eterno regocijo. Así, los que sean ungidos con éste Aceite de Regeneración, puedan ser fuertes contra sus adversarios, y brillar con el resplandor de tus Santos, y que puedan lograr tu paz eterna y recibir el premio de la llamada desde lo alto. [SAOGM]

Porque a Ti Te corresponde el tener misericordia y salvarnos, Dios nuestro, y Te elevamos gloria, a Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

Lectura Apostólica 2

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Proquímeno. Tono 2. Salmo 117.

Mi fuerza y mi canto es el Señor, él fue mi salvación.

Verso: Me castigó, me castigó el Señor, mas a la muerte no me entregó.

DIÁCONO

¡Sabiduría!

LECTOR

Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Rm. (15:1-7)

Hermanos, nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no buscar nuestro propio agrado. Que cada uno de nosotros trate de agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación; pues tampoco Cristo buscó Su Propio Agrado, antes bien, como dice la Escritura: Los ultrajes de los que te ultrajaron cayeron sobre mí. En efecto todo cuanto fue escrito en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, para que con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Y el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener los unos para con los otros los mismos sentimientos, siguiendo a Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesús Cristo. Por tanto, acogeos mutuamente como os acogió Cristo para Gloria de Dios. [CA-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti lector.

CORO

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Evangelio 2

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.

SACERDOTE

Paz a todos.

( Y a tu espíritu. )

DIÁCONO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

SACERDOTE

¡Atendamos!

( ¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti! )

DIÁCONO

(19:1-10)

Habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad. Había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los cobradores del impuesto y muy rico. Quería ver cómo era Jesús, pero no lo conseguía en medio de tanta gente, pues era de baja estatura. Entonces se adelantó corriendo y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por allí. Cuando llegó Jesús al lugar, miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja en seguida, pues hoy tengo que quedarme en tu casa.» Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Entonces todos empezaron a criticar y a decir: «Se ha ido a casa de un rico que es un pecador.» Pero Zaqueo dijo resueltamente a Jesús: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien le haya exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más.» Jesús, pues, dijo con respecto a él: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también este hombre es un hijo de Abraham. El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.» [SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti, evangelizador.

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

De nuevo suplicamos por misericordia, paz, vida, salud, salvación, visitación, el perdón y remisión de los pecados de estos siervos de Dios, que han venido a este Santo Misterio, el perdón de todas sus faltas voluntarias e involuntarias.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

Porque eres Dios misericordioso y amante de la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

DIÁCONO

Roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

2a Oración

Oh Dios, grande y poderoso, adorado de toda criatura, fuente de sabiduría, abismo inexplorable de la verdadera bondad, océano ilimitado de compasión; Tú mismo, Maestro, amigo de los hombres, Dios de las cosas eternas y admirables que ningún genio humano puede comprender, echa una mirada sobre nosotros, atiende a estos tus indignos siervos; envía el don de tus remedios y el perdón de sus pecados a los que administramos estos óleos en nombre de tu majestad y cúrales en nombre de tu inmensa misericordia. Sí, Señor Conciliador, sólo misericordioso y amigo de los hombres, Tú que perdonas toda malicia y que sabes que la naturaleza del hombre está inclinada al mal desde su nacimiento, que no quieres la muerte del pecador sino que se convierta y que viva, Tú, que siendo Dios, te hiciste hombre por la salvación de los pecadores y criatura por vuestra criatura, eres Tú quien dijo: “No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores a la penitencia.” Fuiste Tú quien salió en busca de la oveja perdida. Eres Tú quien dijo: “No rechazaré al que se acerque a mí.” Eres Tú quien no despreció a la prostituta, que regaba de lágrimas tus venerables pies. Quien dijo: “Cada vez que caigas, levántate, y te salvarás.” Quien dijo que hay gran alegría en el cielo por un solo pecador que se convierte y hace penitencia. Contempla, Maestro compasivo desde tu santa morada del cielo. Tú, que en este momento nos has cubierto con tu sombra, a nosotros pecadores, indignos, siervos tuyos, en la gracia del Espíritu Santo; y establece también tu morada en tus siervos pecadores., que ha reconocido sus faltas y que, por la fe, se acerca a ti. Por tu amistad por los hombres, borra y perdona sus pecados cometidos en palabras, obras y pensamientos. Purifícale de toda falta y asistiéndole siempre, guárdale durante el resto de su vida, para que marche según tu justicia, de manera que el demonio no tenga jamás ocasión de alegrarse por culpa de él, y que por él sea glorificado tu santo nombre. [SAOGM]

Por la gracia, compasión y filantropía de tu Hijo Unigénito, con quien eres bendito, junto con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

Lectura Apostólica 3

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Proquímeno. Tono 3. Salmo 26.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

Verso: El Señor es el refugio de mi vida, ¿ante quién temblaré?

DIÁCONO

¡Sabiduría!

LECTOR

Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

1 Co. (12:27-13:8)

Hermanos, vosotros sois el Cuerpo de Cristo, y Sus Miembros cada uno a su modo. Y así los puso Dios en la iglesia, primeramente los Apóstoles; en segundo lugar los Profetas; en tercer lugar los Maestros; luego, los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas. ¿Acaso todos son apóstoles? O ¿todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Todos con poder de milagros? ¿Todos con carisma de curaciones? ¿Hablan lenguas todos? ¿Interpretan todos? ¡Aspirad a los carismas superiores! Y aun os voy a mostrar un camino más excelente. Aunque hable las lenguas de los hombres y de los Ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tenga el don de profecía, y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque reparta todos mis bienes, y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente, es amable; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca. [CA-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti lector.

CORO

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Evangelio 3

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.

SACERDOTE

Paz a todos.

( Y a tu espíritu. )

DIÁCONO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

SACERDOTE

¡Atendamos!

( ¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti! )

DIÁCONO

10:1, 5-8

En aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder para expulsar a los espíritus inmundos y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Jesús envió a estos doce, después de darles las siguientes instrucciones: «No tomen las rutas de los paganos ni entren en poblados de samaritanos; diríjanse más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis. [SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti, evangelizador.

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

De nuevo suplicamos por misericordia, paz, vida, salud, salvación, visitación, el perdón y remisión de los pecados de estos siervos de Dios, que han venido a este Santo Misterio, el perdón de todas sus faltas voluntarias e involuntarias.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

Porque eres Dios misericordioso y amante de la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

DIÁCONO

Roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

3a Oración

Maestro todo poderoso, Rey santo, que castigas para la corrección pero no haces morir, que levantas a los que caen y enderezas a los que se desvían, que reparas las opresiones físicas de los hombres, te suplicamos, oh Dios nuestro, que hagas descender tu piedad sobre este aceite y sobre los que serán ungidos en tu nombre, para que se convierta en remedio de sus almas y de sus cuerpos. Que les purifique y les quite todo sufrimiento, toda enfermedad, todo mal y toda impureza carnal y espiritual. Si, Señor, envía del cielo tu poder de curación, toca este cuerpo, apaga su fiebre, haz cesar su sufrimiento y toda debilidad oculta. Sé el médico de tus siervos; levántalos de su lecho de dolor y sufrimiento y devuélvelos a tu iglesia sanos y salvos, agradecidos a ti y dispuestos a cumplir tu voluntad. [SAOGM]

Porque a Ti Te corresponde el tener misericordia y salvarnos, Dios nuestro, y Te elevamos gloria, a Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

Lectura Apostólica 4

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Proquímeno. Tono 4.

El día de la angustia, tiende hacia mí tu oído.

Verso: Escucha, Señor, mi oración.

DIÁCONO

¡Sabiduría!

LECTOR

Lectura de la segunda carta de san Pablo a los Corintios.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

2 Co. (6:16-7:1)

Hermanos, nosotros somos templo de Dios vivo, como dijo Dios: Habitaré en medio de ellos y caminaré entre ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Por tanto, salid de entre ellos y apartaos, dice el Señor. No toquéis cosa impura, y yo os acogeré. Yo seré para vosotros un padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor todopoderoso. Teniendo, pues, estas promesas, queridos míos, purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíritu, consumando la santificación en el temor de Dios. [CA-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti lector.

CORO

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Evangelio 4

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.

SACERDOTE

Paz a todos.

( Y a tu espíritu. )

DIÁCONO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

SACERDOTE

¡Atendamos!

( ¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti! )

DIÁCONO

(8:14-23)

Jesús fue a casa de Pedro; allí encontró a la suegra de éste en cama, con fiebre. Jesús le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y comenzó a atenderle. Al atardecer le llevaron muchos endemoniados. Él expulsó a los espíritus malos con una sola palabra, y sanó también a todos los enfermos. Así se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades. Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden de cruzar a la otra orilla. Entonces se le acercó un maestro de la Ley y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.» Jesús le contestó: «Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza.» Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre.» Jesús le contestó: «Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.» Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. [SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti, evangelizador.

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

De nuevo suplicamos por misericordia, paz, vida, salud, salvación, visitación, el perdón y remisión de los pecados de estos siervos de Dios, que han venido a este Santo Misterio, el perdón de todas sus faltas voluntarias e involuntarias.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

Porque eres Dios misericordioso y amante de la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

DIÁCONO

Roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

4a Oración

Señor, bueno y amigo de los hombres, compasivo y muy misericordioso, pródigo en piedad y rico en bondad, padre de las misericordias, y Dios de toda consolación, que por medio de tus santos apóstoles nos diste el poder de curar, por el óleo y por tu invocación, las enfermedades de tu pueblo: Haz, entonces, Tú mismo, de este aceite un remedio para los que son ungidos con el, para que sean libres de toda enfermedad, de toda debilidad y de todos los males. Si Maestro, Señor y nuestro Dios Todopoderoso; te pedimos que nos salves a todos; oh único médico de las almas y de los cuerpos, santifícanos a todos; Tú, que curas cualquier enfermedad, sana también a tus siervos; haz que se levante de su lecho de dolor, por tu bondad llena de misericordia; arroja lejos de él toda enfermedad y toda calamidad, para que, resucitado gracias a tu brazo poderoso, te sirva y no cese de tributarte gracias y nosotros, objetos desde ahora de tu gran bondad, te cantemos y te glorifiquemos, ya que haces cosas grandes y admirables, gloriosas y sin parangón. [SAOGM]

Porque a Ti Te corresponde el tener misericordia y salvarnos, Dios nuestro, y Te elevamos gloria, a Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

Lectura Apostólica 5

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Proquímeno. Tono 5 (plagal 1). Salmo 11.

Tú, Señor, nos guardarás, nos librarás.

Verso: Sálvanos, Señor, que escasean los fieles.

DIÁCONO

¡Sabiduría!

LECTOR

Lectura de la segunda carta de san Pablo a los Corintios.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

2 Co. (1:8-11)

Hermanos, no queremos que lo ignoréis: la tribulación sufrida en Asia nos abrumó hasta el extremo, por encima de nuestras fuerzas, que perdimos la esperanza de conservar la vida. Pues hemos tenido sobre nosotros mismos la sentencia de muerte, para que no pongamos nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. Él nos libró de tan mortal peligro, y nos librará; en Él esperamos que nos seguirá librando, si colaboráis también vosotros con la oración en favor nuestro, para que la gracia obtenida por intervención de muchos sea por muchos agradecida en nuestro nombre. [CA-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti lector.

CORO

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Evangelio 5

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.

SACERDOTE

Paz a todos.

( Y a tu espíritu. )

DIÁCONO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

SACERDOTE

¡Atendamos!

( ¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti! )

DIÁCONO

(25:1-13)

«Escuchen, pues, lo que pasará entonces en el Reino de los Cielos. Diez jóvenes salieron con sus lámparas para salir al encuentro del novio. Cinco de ellas eran descuidadas y las otras cinco precavidas. Las descuidadas tomaron sus lámparas como estaban, sin llevar más aceite consigo. Las precavidas, en cambio, junto con las lámparas, llevaron sus botellas de aceite. Como el novio se demoraba en llegar, se adormecieron todas y al fin se quedaron dormidas. Al llegar la medianoche, se oyó un gritó: ¡Viene el novio, salgan a su encuentro! Todas las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Entonces las descuidadas dijeron a las precavidas: Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando. Las precavidas dijeron: No habría bastante para ustedes y para nosotras; vayan mejor a donde lo venden, y compren para ustedes. Mientras fueron a comprar el aceite, llegó el novio; las que estaban listas entraron con él a la fiesta de las bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y llamaron: Señor, Señor, ábrenos. Pero él respondió: En verdad, se lo digo: no las conozco. Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la hora.» [SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti, evangelizador.

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

De nuevo suplicamos por misericordia, paz, vida, salud, salvación, visitación, el perdón y remisión de los pecados de estos siervos de Dios, que han venido a este Santo Misterio, el perdón de todas sus faltas voluntarias e involuntarias.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

Porque eres Dios misericordioso y amante de la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

DIÁCONO

Roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

5a Oración

Señor Dios nuestro, que castigas y sanas, que levantas al mendigo de su miseria y sacas al pobre de sus inmundicias; Padre de los huérfanos, puerto de los que sufren de la tempestad, médico de los enfermos, que soportas nuestras debilidades sin irritarte y que curas nuestras enfermedades, que tienes placer en sentir piedad, que perdonas nuestras iniquidades y nuestras injusticias, rápido en socorrer y lento en cólera, que soplando sobre tus discípulos dijiste: “Recibid el Espíritu Santo; les serán perdonados los pecados a los que vosotros perdonareis”; Tú, que admites la penitencia de los pecadores y tienes poder de perdonar todos los pecados, por más numerosos y graves que sean; que concedes la curación a los que están arrepentidos y se debaten en la enfermedad; que no has despreciado e este humilde e indigno servidor como soy yo, enredado en una multitud de pecados y enlazado en las pasiones engañosas; que me has llamado al santo y muy elevado grado del sacerdocio y a entrar al otro lado del velo, en le santo de los santos donde los ángeles desean mirar o escuchar la voz evangélica del Señor, contemplar cara a cara el espectáculo de la santa oblación y gozar de la Santa y Divina Liturgia; que me has juzgado digno de desempeñar tus Celestiales Misterios, de ofrecerte los dones y los sacrificios por mis pecados y por la ignorancia del pueblo y de ser el mediador entre ti y tus ovejas espirituales para que, por tu inmensa bondad, los libres de sus faltas; entonces, rey bondadoso, escucha mi oración en esta hora y en este día, en todo tiempo y en todo lugar; presta atención a la voz de mi corazón y concede la curación de tus siervos, enfermos del alma y del cuerpo, otorgándoles el perdón de sus pecados voluntarios e involuntarios, sanando sus llagas incurables, todas sus enfermedades y dolencias. Concédeles la gracia de la curación espiritual porque Tú tocando a la suegra de Pedro, la fiebre desapareció y ella, levantándose, te servía. Concede, entonces, también, la salud y liberación de toda enfermedad dañina. Acuérdate de tus liberales beneficios y de tu misericordia, y de que la naturaleza humana está inclinada al mal desde su nacimiento y que nadie es impecable sobre la tierra, porque eres Tú el único que está sin pecado. Tú que, con tu advenimiento salvaste al género humano y nos libraste de la esclavitud del enemigo y si juzgas a tus servidores, no encontrarás a ninguno que esté del todo puro y todas las lenguas permanecerán calladas, no sabiendo cómo justificarse, porque toda nuestra justicia aparecerá ante Ti como un paño manchado, por eso es que no te acuerdas de los pecados de nuestra juventud. [SAOGM]

Porque Tú eres, Señor, la esperanza de los desesperados y el reposo de los que están cargados del yugo de la iniquidad y nosotros te tributamos gloria, así como a tu Padre eterno y a tu santo, bueno y vivificante Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

Lectura Apostólica 6

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Proquímeno. Tono 4. Salmo 50.

Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad.

Verso: Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firm.

DIÁCONO

¡Sabiduría!

LECTOR

Lectura de la carta de san Pablo a los Gálatas.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Ga. (5:22-26, 6:1-2)

Hermanos, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias. Si vivimos por el Espíritu, sigamos también al Espíritu. No seamos vanidosos provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente. Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo. [CA-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti lector.

CORO

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Evangelio 6

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.

SACERDOTE

Paz a todos.

( Y a tu espíritu. )

DIÁCONO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

SACERDOTE

¡Atendamos!

( ¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti! )

DIÁCONO

(15:21-28)

Jesús marchó de allí y se fue en dirección a las tierras de Tiro y Sidón. Una mujer cananea, que llegaba de ese territorio, empezó a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija está atormentada por un demonio.» Pero Jesús no le contestó ni una palabra. Entonces sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Atiéndela, mira cómo grita detrás de nosotros.» Jesús contestó: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.» Pero la mujer se acercó a Jesús; y, puesta de rodillas, le decía: «¡Señor, ayúdame!» Jesús le dijo: «No se debe echar a los perros el pan de los hijos.» La mujer contestó: «Es verdad, Señor, pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.» Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo.» Y en aquel momento quedó sana su hija. [SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti, evangelizador.

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

De nuevo suplicamos por misericordia, paz, vida, salud, salvación, visitación, el perdón y remisión de los pecados de estos siervos de Dios, que han venido a este Santo Misterio, el perdón de todas sus faltas voluntarias e involuntarias.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

Porque eres Dios misericordioso y amante de la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

DIÁCONO

Roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

6a Oración

Te damos gracias, Señor, Dios nuestro, bueno y amigo de los hombres, médico de las almas y de los cuerpos, que soportas sin enojarte el peso de nuestros males, Tú, por cuyas llagas hemos sido curados; Pastor bueno, que has salido en busca de las ovejas descarriadas; que consuelas a los pusilánimes y devuelves a la vida a los que están arrepentidos; que curaste a la hemorroisa después de doce años de enferma; que libraste a la hija de Cananea de un terrible demonio; que perdonaste la deuda a los dos deudores y concediste el perdón de la pecadora; que diste la gracia de la curación al paralítico, perdonándole al mismo tiempo sus pecados; que declaraste justo al publicano y aceptaste la confesión del ladrón en el último momento de su vida; que cargaste con los pecados del mundo y los clavaste sobre la cruz; nosotros te rogamos y te suplicamos. en tu bondad, quita, aniquila, perdona, oh Dios, la iniquidades y los pecados de tus siervos, sus faltas voluntarias y también las involuntarias, consciente e inconsciente, sus transgresiones y sus desórdenes, sus faltas cometidas durante el día y durante la noche, por haber incurrido en la maldición del sacerdote, de su padre o de su madre, por haber buscado el placer de la vista, afeminado su olfato, por haber corrompido su tacto o envilecido su gusto, por haberse desviado de tu voluntad o de tu santidad por cualquier movimiento de la carne o del espíritu. Si ha pecado y si nosotros mismos hemos pecado, oh Dios bueno que olvidas las injurias, perdónale y no permitas que él o nosotros caigamos en una vida impura y tomemos el camino de la perdición. Sí, Maestro, Señor, escúchame en este momento, por más pecador que yo sea, a mí que pido por tus siervos, no te fijes en sus faltas, oh Dios que olvidas los desprecios; arráncalo de la perdición eterna, lleno sus labios de alabanza tuya, que su lengua glorifique tu nombre, dirige sus manos en el cumplimiento de tus preceptos y sus pies por el camino del Evangelio; afirma con tu gracia todos sus miembros así como su inteligencia, porque eres nuestro Dios que, por medio de tus Apóstoles nos diste éste precepto: “Les serán perdonados los pecados a los que nosotros perdonareis, y les serán retenidos a los que vosotros retuviereis.” Así como en la hora de su muerte escuchaste a Ezequías en su tribulación y no despreciaste su oración. Bien ahora escucha a este pobre pecador e indigno servidor como soy yo. Y, en efecto, Tú eres, Señor Jesús Cristo, el que, con su bondad y amor a los hombres, mandó perdonar hasta setenta veces siete a los que hubieren caído en cualquier pecado y te ofreciste en holocausto por nuestros desvaríos y te alegras del regreso de los extraviados, porque tu misericordia iguala tu poder. Es a Ti quien rendimos gloria, así como a tu eterno Padre y a tu santísimo, bueno y vivificante Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. [SAOGM]

( Amén. )

Lectura Apostólica 7

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

Proquímeno. Tono 4. Salmo 6.

Señor, no me corrijas con tu cólera.

Verso: Piedad, Señor, que estoy baldado.

DIÁCONO

¡Sabiduría!

LECTOR

Lectura de la primera carta de san Pablo a los Tesalonicenses.

DIÁCONO

¡Atendamos!

LECTOR

1 Ts. (5:14-23)

Hermanos: os exhortamos asimismo a que amonestéis a los que viven desconcertados, animéis a los pusilánimes, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos. Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal, antes bien, procurad siempre el bien mutuo y el de todos. Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros. No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno. Absteneos de todo género de mal. Que Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesús Cristo. [CA-SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti lector.

CORO

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

Evangelio 7

DIÁCONO

¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.

SACERDOTE

Paz a todos.

( Y a tu espíritu. )

DIÁCONO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

SACERDOTE

¡Atendamos!

( ¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti! )

DIÁCONO

(9:9-13)

Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Mateo se levantó y lo siguió. Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: «¿Cómo es que su Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?» Jesús los oyó y dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.» [SAOGM]

SACERDOTE

Paz a ti, evangelizador.

CORO

¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

DIÁCONO

Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

De nuevo suplicamos por misericordia, paz, vida, salud, salvación, visitación, el perdón y remisión de los pecados de estos siervos de Dios, que han venido a este Santo Misterio, el perdón de todas sus faltas voluntarias e involuntarias.

( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

Porque eres Dios misericordioso y amante de la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

( Amén. )

DIÁCONO

Roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

7a Oración

Maestro, Señor Dios nuestro, médico de las almas y los cuerpos, que has cuidado todo sufrimiento prolongado y que curas toda enfermedad y todo mal en el pueblo, deseas que todo hombre se salve y llegue al conocimiento de la verdad, porque no quieres la muerte del pecador sino que se convierta y que viva. Eres Tú quien en el Antiguo Testamento impuso la penitencia a pecadores tales como David, los Ninivitas y otros. Después de ellos, durante el transcurso de la economía de tu encarnación, no llamaste a los justos sino a los pecadores a la penitencia, como al publicano, la pecadora y el buen ladrón. Recibiste por la penitencia al impío perseguidor, el gran Pablo. En cuanto a Pedro, tu Apóstol, que te negó tres veces, es gracias a la penitencia que lo recibiste y acogiste y le hiciste esta promesa: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella y yo te daré las llaves del reino de los cielos.” Por eso nosotros también, oh buen amigo de los hombres confiando en tus promesas verídicas, te rogamos y suplicamos en esta hora: escucha nuestra oración y acéptala como el incienso que te es ofrecido. Visita a tus siervos y si han cometido algún pecado, por pensamiento, palabra u obra, de día o de noche, o si han incurrido en alguna maldición del sacerdote o si ha recaído sobre él su propia maldición; si te han provocado con juramento o si han jurado en vano, nosotros te invocamos y te pedimos: Perdona, olvida, oh Dios, sus pecados y sus iniquidades y no tengas en cuenta lo que han cometido, consciente o inconscientemente, y si han transgredido alguno de tus preceptos, si han pecado como un hombre carnal y como un habitante de éste mundo, instigado por la acción del demonio, oh buen Dios, amigo de los hombres, perdónales, porque no existe hombre que viva en la tierra y que no peque; Tú eres el único impecable, tu justicia es una justicia eterna y tu palabra es verdad. Señor, no has creado al hombre para luego perderlo, sino para que cumpla tus mandamientos y sea heredero de la vida incorruptible. Y es a Ti a quien tributamos gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. [SAOGM]

( Amén. )

DIÁCONO

Roguemos al Señor.

( Señor, ten piedad. )

SACERDOTE

Oración del Perdón

Rey Santo, lleno de misericordia y ternura, Señor Jesús Cristo, Hijo y Verbo del Dios vivo, que no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva: No es mi mano pecadora la que impongo sobre tu siervo que se acerca ahora a pedirte perdón por sus pecados, sino tu mano fuerte y poderosa que está en este Evangelio, que yo tengo impuesto sobre la cabeza de tu siervo; y ruego a tu clemencia y amor a la humanidad: Oh Dios Salvador, así como concediste a David, por medio del profeta Natán, el perdón de sus pecados y aceptaste la oración de Manasés arrepentido, acepta también, según tu amor a la humanidad, a tu siervo N., arrepentido de sus pecados, y aparta tu rostro de sus culpas, pues Tú eres nuestro Dios y has dicho que tenemos que perdonar a los caídos hasta setenta veces siete, y tu misericordia es tan inmensa como tu majestad, y Te es debida toda gloría, honor y adoración, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. [SAOGM]

( Amén. )

SACERDOTE

Gloria a ti, Dios, esperanza nuestra. Gloria a ti.

LECTOR

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, ten piedad. (3 veces)

Santo padre, bendiga.

SACERDOTE

Cristo, verdadero Dios nuestro, por las intercesiones de su purísima e inmaculada Madre, por el poder de la vivificante y preciosa Cruz, de los santos y justos familiares del Señor, Joaquín y Ana, de Santiago el hermano del Señor; y de todos los santos, tenga misericordia de nosotros y sálvanos, pues eres un Dios bondadoso y filántropo.

Por las oraciones de nuestros santos padres, Señor Jesús Cristo Dios, ten piedad de nosotros y sálvanos.

( Amén. )

CORO

Tono 4.

Oh Santos desprendidos del dinero que poseéis la fuente de los remedios acercad la curación a todos los que os la piden, porque habéis sido juzgados dignos de los más grandes favores de parte de la fuente inagotable que es Cristo Salvador. el Señor os dijo como imitadores de los Apóstoles: “He aquí que os he dado poder sobre los espíritus impuros, para que los podáis arrojar y curar toda enfermedad y debilidad.” Habéis vivido sumisos a estas órdenes: recibisteis gratuitamente, dad también gratuitamente curando los sufrimientos de nuestros cuerpos y nuestras almas. [SAOGM]

Gloria. Ahora y siempre. Teotoquio.

Tono 4.

Accede a las oraciones de tus siervos, oh Purísima, Tú que calmas los violentos ataques a que estamos sujetos y nos libras de toda adversidad; porque eres Tú la única ancla firme y segura que tenemos y nos gozamos de tu mediación. Has que no seamos confundidos, oh Madre nuestra, al invocarte; apresúrate a aceptar las súplicas de los que te claman con fe: Salve, Señora nuestra, socorro de todos, alegría, protección y salvación de nuestras almas. [SAOGM]