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Hieraticón
Liturgia de S. Basilio
Octóijos - Tono 4.
Domingo por la mañana
Triodion
Domingo de la ortodoxia - Domingo por la mañana
Menaion - 9 de Marzo
Memoria de los cuarenta santos mártires de Sebaste
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LITURGIA DE S. BASILIO
ENARXIS, LETANÍA DE LA PAZ, ANTÍFONAS
DIÁCONO
Bendice, soberano.
SACERDOTE
Bendito el reino del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
CORO
Amén.
DIÁCONO
En paz, roguemos al Señor.
CORO (después de cada petición)
Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Por la paz de lo alto y por la salvación de nuestras almas, roguemos al Señor.
Por la paz del mundo entero, la estabilidad de las santas Iglesias de Dios y la unión de todos, roguemos al Señor.
Por esta santa morada y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.
Por los cristianos piadosos y ortodoxos, roguemos al Señor.
Por nuestro arzobispo (N.), el honorable presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero y el pueblo, roguemos al Señor.
Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad y poder roguemos al Señor.
Por esta ciudad (Monasterio, Pueblo, o Isla), por toda ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan, roguemos al Señor.
Por un clima benéfico, por la abundancia de los frutos de la tierra y por tiempos pacíficos, roguemos al Señor.
Por quienes viajan por mar, tierra o aire, por los enfermos, los afligidos, los cautivos y por su salvación, roguemos al Señor.
Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
CORO: A ti, Señor.
SACERDOTE (en voz baja)
ORACIÓN DE LA PRIMERA ANTÍFONA
Señor Dios nuestro, de poder irrepresentable y gloria incomprensible, de misericordia incalculable y filantropía indecible; con tu entrañable compasión Soberano, observa a nosotros y a esta tu santa morada, activa las riquezas de tu misericordia y de tu compasión entre nosotros y a quienes junto con nosotros oran.
SACERDOTE (en voz alta)
Pues a ti se debe toda gloria, honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
CORO
Amén.
Primera antífona. Tono 2.
Verso 1: Reina el Señor, vestido de majestad; el Señor, vestido y ceñido de poder. [BJ-SAOGM]
Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.
Verso 2: Así el orbe está seguro, no vacila.
Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.
Verso 3: ¿Quién contará las proezas del Señor o proclamará toda su alabanza?
Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.
Verso 4: Que lo digan los rescatados por el Señor, los rescatados del poder del adversario.
Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.
Gloria. Ahora y siempre.
Por las intercesiones de la Theotokos, Salvador, sálvanos.
PEQUEÑA LETANÍA
DIÁCONO
Una y otra vez en paz, roguemos al Señor.
CORO: Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
CORO: Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
CORO: A ti, Señor.
SACERDOTE (en voz baja)
ORACIÓN DE LA SEGUNDA ANTÍFONA
Señor, Dios nuestro, salva a tu pueblo y bendice a tu heredad; protege la plenitud de tu Iglesia, santifica a los que aman la hermosura de tu morada, glorifícales también con tu divino poder y a nosotros que esperamos en ti no nos abandones.
SACERDOTE (en voz alta)
Porque tuyo es el poder, y tuyos son el reino, la fuerza y la gloria; del Padre y del Hijo y del Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
CORO
Amén.
Segunda antífona. Tono 2.
Verso 1: ¡Den gracias al Señor por su amor, por sus prodigios en favor de los hombres! [BJ-SAOGM]
Sálvanos, Hijo de Dios, el resucitado de entre los muertos. Te cantamos, ¡Aleluya!
Verso 2: ¡Alábenlo en la asamblea del pueblo, en el concejo de ancianos lo celebren!
Sálvanos, Hijo de Dios, el resucitado de entre los muertos. Te cantamos, ¡Aleluya!
Verso 3: Los ojos del Señor sobre sus adeptos, sobre los que esperan en su amor.
Sálvanos, Hijo de Dios, el resucitado de entre los muertos. Te cantamos, ¡Aleluya!
Verso 4: Para escuchar el suspiro del cautivo, para librar a los que aguardan la muerte.
Sálvanos, Hijo de Dios, el resucitado de entre los muertos. Te cantamos, ¡Aleluya!
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Hijo Unigénito y Verbo de Dios: tú que eres inmortal; accediste para nuestra salvación, a encarnarte de la santa Theotokos y siempre virgen María, inalterado te hiciste hombre; crucificado, Cristo Dios, con tu muerte a la muerte venciste; eres uno de la santa Trinidad, glorificado con el Padre y el Espíritu Santo: ¡Sálvanos!
PEQUEÑA LETANÍA
DIÁCONO
Una y otra vez en paz, roguemos al Señor.
CORO: Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
CORO: Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
CORO: A ti, Señor.
SACERDOTE (en voz baja)
ORACIÓN DE LA TERCERA ANTÍFONA
Tú que nos concediste la gracia de estas comunes y unísonas oraciones y que prometiste aceptar las peticiones a dos o tres concordes en tu nombre, tú mismo también ahora, cumple, las peticiones, de tus servidores para lo que conviene otorgándonos, en el presente siglo, el conocimiento, de tú verdad, y en el futuro, la vida eterna.
SACERDOTE (en voz alta)
Porque eres un Dios bondadoso y filántropo, y a ti rendimos gloria; al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
CORO
Amén.
Tercera antífona. Tono 2.
Verso 1: ¡Alábenlo los cielos y la tierra! [BJ-SAOGM]
Verso 2: ¡Éste es el día que hizo el Señor, exultemos y gocémonos en él!
Verso 3: Señor, Dios mío, te alabaré por siempre.
Apolitiquio de la fiesta.
Tono 2.
Nos prosternamos ante tu purísima imagen, oh Bondadoso, suplicándote el perdón de nuestros pecados, oh Cristo Dios. Porque, por tu propia voluntad, aceptaste ascender, por el cuerpo, a la cruz para salvar, de la esclavitud del enemigo, a los que tú habías formado. Por lo tanto, con agradecimiento, te exclamamos: “Habías llenando a todos de alegría, oh Salvador; porque tú has venido para salvar al mundo”. [unES]
ENTRADA MENOR
Mientras se canta la tercera antífona (con sus versos), el sacerdote y el diácono se inclinan tres veces ante el altar. Luego el sacerdote entrega el santo evangelio al diácono, quien le besa la mano al recibirlo, y luego los dos caminan alrededor del santo altar para salir por la puerta norte. Los acólitos salen primero, portando velas y querubines. (Si no hay diácono, el sacerdote toma el santo evangelio y lo sostiene frente a su rostro.) Cuando llegan todos al centro de la iglesia, se detienen e inclinan la cabeza, y el Diácono dice en voz baja:
DIÁCONO (en voz baja)
Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
SACERDOTE (en voz baja)
ORACIÓN DE LA ENTRADA
Soberano Señor y Dios nuestro, que instituiste en los cielos legiones y ejércitos de ángeles y arcángeles al servicio de tu gloria, haz que con nuestra entrada se realice la entrada de los santos ángeles concelebrando y glorificando juntamente con nosotros tu bondad. Pues a ti se debe toda gloria, honor y adoración: al Padre y al Hijo y al Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
DIÁCONO (en voz baja)
Bendice, soberano, la santa entrada.
SACERDOTE (en voz baja)
Bendita es la entrada de tus santos eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
DIÁCONO (en voz alta)
¡Sabiduría! ¡De pie!
CORO
Himno de la entrada. Tono 2.
Vengan, adoremos y postrémonos ante Cristo. Sálvanos, Hijo de Dios, el resucitado de entre los muertos.
Te cantamos, ¡Aleluya!
Himnos después de la pequeña entrada.
CORO
Del Octóijos - - -
Apolitiquio de la Resurrección.
Tono 4.
La alegre proclamación de la Resurrección, aprendieron del ángel las discípulas del Señor; y el rechazo de la sentencia ancestral, con entusiasmo anunciaron a los apóstoles: ¡la muerte ha sido desollada, Cristo nuestro Dios ha resucitado! dando al mundo gran misericordia. [SAOGM]
Por la fiesta.
Del Triodion - - -
Tono 2.
Nos prosternamos ante tu purísima imagen, oh Bondadoso, suplicándote el perdón de nuestros pecados, oh Cristo Dios. Porque, por tu propia voluntad, aceptaste ascender, por el cuerpo, a la cruz para salvar, de la esclavitud del enemigo, a los que tú habías formado. Por lo tanto, con agradecimiento, te exclamamos: “Habías llenando a todos de alegría, oh Salvador; porque tú has venido para salvar al mundo”. [unES]
Apolitiquio. Por los santos.
Del Menaion - - -
Tono 1.
Deja que te convenzan, O Señor, los sufrimientos que los Santos aguantaron por ti; y te rogamos que sanes nuestros dolores, oh Filántropo. [JB]
Por orden del Metropolita de México, se canta el siguiente apolitquio antes del apolitiquio del templo local.
Por la Protectora de México.
Tono 3.
Θείας πίστεως.
Protectora de México, dulce, bendita y agraciada Madre de Dios, por quien se vive. Nosotros tus siervos, heredad de tu Hijo, te cantamos, suplicando, protege a tu pueblo e intercede ante Él para que salve nuestras almas. [SAOGM]
Se canta el apolitiquio de la comunidad local.
Después:
Condaquio.
Del Menaion - - -
Tono 8 (plagal 4). Melodía modelo (aftómelon).
Τῇ ὑπερμάχῳ.
A ti, María, te cantamos como victoriosa;
Tu pueblo ofrece alabanzas de agradecimiento,
Pues de los apuros, Theotokos, nos has salvado.
Tú, que tienes invencible y excelsa fuerza,
De los múltiples peligros libéranos.
Para que exclamamos a ti: ¡Alégrate oh Novia y Virgen! [AA-MX]
HIMNO TRISAGIO
DIÁCONO: Roguemos al Señor.
CORO: Señor, ten piedad.
SACERDOTE (en voz baja)
ORACIÓN DEL HIMNO TRISAGIO
Santo Dios, que descansas entre tus santos y eres alabado por los Serafines con el himno trisagio y glorificado por los Querubines y adorado por toda potestad celestial, tú que de la nada trajiste todo a la existencia, que creaste al hombre a tu imagen y semejanza, y lo adornaste con todos tus dones; Tú que das al suplicante sabiduría y prudencia, y no desprecias al pecador, sino que instituiste el arrepentimiento para su salvación; Tú que dignificaste, a nosotros tus humildes e indignos servidores, de estar ahora ante la gloria de tu Santo Altar y de ofrecerte la adoración y la alabanza que te son debidas; Tú mismo, Soberano, recibe, aun de la boca de nosotros, pecadores, el himno trisagio, y visítanos en tu bondad. Perdona todas nuestras transgresiones voluntarias e involuntarias; Santifica nuestras almas y cuerpos, y concede que te adoremos en santidad todos los días de nuestra vida; por las intercesiones de la santísima Theotokos y de todos los santos que desde el origen de los siglos te complacieron.
SACERDOTE (en voz alta)
Porque tú eres santo, Dios nuestro, y a ti rendimos gloria: al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre,
DIÁCONO
y por los siglos de los siglos.
CORO: Amén.
HIMNO TRISAGIO
Santo Dios, santo Poderoso, santo Inmortal, ten piedad de nosotros. (3 veces)
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
DIÁCONO
¡Fuerte!
DIÁCONO (en voz baja)
Ordena, Soberano.
SACERDOTE (en voz baja)
Bendito es aquel que viene en el nombre del Señor.
DIÁCONO (en voz baja)
Bendice, soberano, el excelso trono.
SACERDOTE (en voz baja)
Bendito eres en el trono de la gloria de tu reino, tú que estás sentado sobre los querubines, eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
CORO
¡Fuerte!
Santo Dios, santo Poderoso, santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Lectura apostólica
Por los mártires.
DIÁCONO
¡Atendamos!
LECTOR
Proquímeno. Tono 8 (plagal 4). Salmo 11.
Tú, Señor, nos guardarás, nos librarás. [BJ-SAOGM]
Verso: Sálvanos, Señor, que escasean los fieles. [BJ-SAOGM]
DIÁCONO
¡Sabiduría!
LECTOR
Lectura de la carta de san Pablo a los Hebreos.
DIÁCONO
¡Atendamos!
LECTOR
Hb. 12:1-10
Hermanos: nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone, con los ojos fijos en Jesús, que inicia y lleva a la perfección la fe. Él, en vista del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios. Fíjense en quien soportó tal contradicción de parte de los pecadores, para que no desfallezcan faltos de ánimo. No han resistido todavía hasta llegar a la sangre en su lucha contra el pecado. Han echado en olvido la exhortación que como a hijos se les dirige: ‘Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por él. Pues a quien ama el Señor, lo corrige; y azota a todos los hijos que reconoce’. Sufren para corrección suya. Como a hijos los trata Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige? Mas si quedan sin la corrección, que a todos toca, señal de que son bastardos y no hijos. Además, teníamos a nuestros padres terrestres, que nos corregían, y les respetábamos. ¿No nos someteremos mejor al Padre de los espíritus para vivir? ¡Eso que ellos nos corregían según sus luces y para poco tiempo! Mas él, para provecho nuestro, y para hacernos partícipes de su santidad. [BJ-SAOGM]
SACERDOTE
Paz a ti lector.
CORO
¡Aleluya, aleluya, aleluya!
(Se canta “Aleluya” tres veces. Los versículos correspondientes se encuentran en el documento “Liturgia - partes variables” de la misma fecha.)
Santo Evangelio
ORACIÓN DEL SANTO EVANGELIO
SACERDOTE (en voz baja)
Soberano filántropo, haz brillar en nuestros corazones la luz pura de tu conocimiento, y abre los ojos de nuestro entendimiento a la comprensión de tus predicaciones evangélicas; inculca asimismo en nosotros el temor de tus bienaventurados mandamientos a fin de que, habiendo pisoteado todos los deseos carnales, vayamos en busca de un espiritual modo de vida, pensando y obrando cuanto es de tu agrado. Porque tú eres la iluminación de nuestras almas y cuerpos, Cristo Dios, y a ti rendimos gloria junto con tu Padre que no tiene principio y con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
DIÁCONO
¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el santo Evangelio.
SACERDOTE
Paz a todos.
CORO
Y a tu espíritu.
DIÁCONO
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
SACERDOTE
¡Atendamos!
CORO
¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!
DIÁCONO
Jn. 1:43-51
En aquel tiempo, Jesús quiso partir para Galilea y encontró a Felipe. Jesús le dijo: «Sígueme.» Felipe era de Betsaida, del pueblo de Andrés y Pedro. Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas; es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.» Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dijo Felipe: «Ven y lo verás.» Cuando vio Jesús que se acercaba Natanael, dijo de él: «Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Natanael le preguntó: «¿De qué me conoces?» Respondió Jesús: «Te vi cuando estabas debajo de la higuera, antes de que Felipe te llamara.» Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.» Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y añadió: «En verdad, en verdad les digo: verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.» [BJ-SAOGM]
SACERDOTE
Paz a ti, evangelizador.
CORO
¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!
SACERDOTE (en voz baja)
SEGUNDA ORACIÓN DE LOS FIELES
Dios, que visitaste en tu generosidad y misericordia a nuestra humildad, que nos colocaste a nosotros, pecadores e indignos siervos tuyos ante tu santa gloria para que sirvamos a tu santo altar: tú mismo fortalécenos con la fuerza de tu santo Espíritu para este ministerio y abre nuestros labios para poder invocar la gracia sobre los dones que ahora te serán ofrecidos.
SACERDOTE (en voz alta)
Para que siendo protegidos siempre bajo tu poder, te rindamos gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
CORO: Amén.
GRAN ENTRADA
Himno querúbico
Quienes a los querubines místicamente representamos y a la vivificadora Trinidad el himno trisagio cantamos: todo mundano afán depongamos. Para acoger al rey de todos.
SACERDOTE (en voz baja)
ORACIÓN DEL HIMNO QUERÚBICO
Ninguno de los que se hallan atados por los deseos y placeres carnales es digno de llegar o de acercarse a ti, ni de servirte, rey de la gloria; pues el servirte es cosa grande y terrible aun para las potestades celestiales. No obstante, por tu indecible e infinito amor a la humanidad, te hiciste hombre sin cambio ni alteración, y te erigiste sumo sacerdote nuestro, concediéndonos a nosotros el ministerio de este litúrgico e incruento sacrificio, como Soberano de todo; puesto que sólo tú, Señor Dios nuestro, ejerces el dominio sobre todas las cosas celestiales y terrenales; tú que te asientas sobre el trono de los querubines; que eres el Señor de los serafines; que eres el Señor de los Serafines y el rey de Israel, el único santo, y descansas entre los santos. A ti, pues, dirijo mi súplica, único bueno y pronto para escuchar: Obsérvame a mí, tu pecador y inútil siervo y limpia mi alma y mi corazón de conciencia de malignidad; y hazme capaz por el poder de tu santo Espíritu, ya que me hallo investido de la gracia del sacerdocio, para estar ante esta tu santa mesa y ministrar tu santo e inmaculado Cuerpo y tu preciosa Sangre. Pues ante ti acudo e inclinado la cabeza te suplico; no apartes de mí tu rostro, ni me rechaces de entre tus hijos, sino dígnate aceptar de mí, tu servidor, pecador e indigno, estos dones; porque tú mismo eres quien ofrece y quién eres ofrecido, tú quien recibes y quién eres distribuido, Cristo Dios nuestro, y a ti rendimos gloria junto con tu Padre eterno y tu santísimo Espíritu bueno y vivificador, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Quienes a los querubines místicamente representamos y a la vivificadora Trinidad el himno trisagio cantamos: todo mundano afán depongamos. * Para acoger al rey de todos. Acompañado invisiblemente por legiones angélicas. ¡Aleluya, aleluya, aleluya! (3 veces)
DIÁCONO
El Señor Dios se acuerde eternamente de todos ustedes y de todos los piadosos Cristianos Ortodoxos en su reino ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
CORO: Amén.
Acompañado invisiblemente por legiones angélicas. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
LETANÍA COMPLETIVA
DIÁCONO
Completemos nuestra súplica al Señor.
CORO (después de cada petición)
Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Por los preciosos dones ya ofrecidos, roguemos al Señor.
Por esta santa morada y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.
Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
Que el día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, pidamos al Señor.
CORO (después de cada petición)
Concédelo, Señor.
DIÁCONO
Un ángel de paz, guía fiel y custodio de nuestras almas y cuerpos, pidamos al Señor.
Perdón y remisión de nuestros pecados y transgresiones, pidamos al Señor.
Cuanto es bueno y conveniente para nuestras almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.
Que el tiempo restante de nuestra vida se complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.
Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor y vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos al Señor.
Conmemorando a la Santísima, pura, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre Virgen María; con todos los santos, encomendémonos cada uno a sí mismo y unos a otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios.
CORO: A ti, Señor.
SACERDOTE (en voz baja)
ORACIÓN DEL OFERTORIO
Señor Dios nuestro, que nos creaste y nos introdujiste en esta vida y nos diste la revelación de los misterios celestiales: tú que nos pusiste en este ministerio por la fuerza de tu santo Espíritu: ten la bondad de concedernos Señor, que seamos servidores de tu Nuevo Testamento, servidores de tus santos misterios. Acéptanos por la magnitud de tu misericordia, a nosotros que nos acercamos a tu santo altar, para que seamos dignos de ofrecerte este sacrificio racional e incruento por nuestros pecados y por la ignorancia del pueblo. Y al recibirlo en tu santo, celestial y espiritual altar, en olor de fragancia, envíanos desde lo alto la gracia de tu Espíritu santo.
Vuélvete Dios, y mira este nuestro oficio y acéptalo como aceptaste los dones de Abel, los sacrificios de Noé, las ofrendas de frutos de la tierra de Abraham, el sacerdocio de Moisés y de Aarón, y la ofrenda de paz de Samuel. Así como recibiste de tus santos apóstoles este oficio verdadero, recibe Señor también por tu bondad, estos dones de las manos de nosotros pecadores; para que, después de habernos concedido servir sin mancha a tu santo altar, obtengamos la recompensa de los fieles y sabios administradores en el temible día de tu justa retribución.
SACERDOTE
Por las misericordias de tu Hijo Unigénito, con quien eres bendito junto con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
CORO: Amén.
SACERDOTE: Paz a todos.
CORO: Y a tu espíritu.
DIÁCONO
Amémonos unos a otros, para que, unánimemente, confesemos.
CORO
Al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Trinidad, coesencial e indivisible.
O en las concelebraciones:
Te amaré Señor, fortaleza mía; el Señor es mi apoyo, mi refugio y mi libertador. [SAOGM]
DIÁCONO
¡Las puertas! ¡Las puertas! Con sabiduría atendamos.
TODOS
EL SÍMBOLO DE LA FE
Creo en un solo Dios Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Y en un solo Señor Jesús Cristo, unigénito Hijo de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma esencia que el Padre, por quien todo fue hecho. Quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos, y se encarnó del Espíritu santo y de María la Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato, padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. Y ascendió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. Y de nuevo vendrá, con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu santo, Señor, vivificador, que procede del Padre, que junto con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado, que habló por medio de los profetas. En la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Espero la resurrección de los muertos, y la vida en la era futura.
CORO: Amén.
SANTA OBLACIÓN
DIÁCONO
Dispongámonos bien. Dispongámonos con temor, estemos atentos a la santa oblación que ofrecemos en paz.
CORO
Misericordia de paz, sacrificio de alabanza.
SACERDOTE
La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo, y el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu santo sean con todos ustedes.
CORO
Y con tu espíritu.
SACERDOTE
Elevemos los corazones.
CORO
Los tenemos hacia el Señor.
SACERDOTE
Demos gracias al Señor.
CORO
Es digno y justo.
SACERDOTE (en voz baja)
Tú, que eres soberano, adorado Señor y Padre omnipotente: es realmente digno y justo, y conviene a la magnificencia de tu santidad, alabarte, cantarte, adorarte, agradecerte, glorificarte a ti, el único Dios realmente existente, y ofrecerte, con el corazón contrito y en espíritu de humildad, este nuestro oficio racional; pues tú eres quien nos dio el conocimiento de tu verdad. ¿Y quién es capaz de proclamar tu poder, hacer escuchar todas tus alabanzas, o narrar todos tus milagros en todo tiempo?
Rey de todos, Señor del cielo y de la tierra y de todo lo creado, lo visible y lo invisible, que estás sentado en un trono de gloria y miras los espacios infinitos; que no tienes comienzo, que eres invisible, inconcebible, indescriptible, inmutable, Padre de nuestro Señor, gran Dios y Salvador, Jesús Cristo, nuestra esperanza; quien es la imagen de tu bondad y signo exacto de ella; que en sí mismo te representa a ti, Padre, siendo Verbo vivo, Dios verdadero, sabiduría eterna, vida, santificación, poder, luz verdadera; por el cual se manifestó el Espíritu Santo, Espíritu de verdad, don de filiación, promesa de herencia futura, principio de los bienes eternos, fuerza vivificadora, fuente de santificación que otorga fuerza a toda criatura de habla e inteligencia para servirte y ofrecerte constantemente la glorificación racional; porque todos te sirven a ti.
Pues a ti alaban los ángeles, los arcángeles, los tronos, los dominios, los principados, las potestades, las fuerzas y los querubines de muchos ojos. En torno tuyo se encuentran los serafines, cada uno con seis alas, con dos se cubren la cara, con dos los pies, y con dos vuelan, exclamando cada uno después del otro, con voz interminable, glorificaciones incesantes.
SACERDOTE (en voz alta)
Cantando el himno de la victoria, proclamando, exclamando y diciendo.
CORO
Santo, santo, santo, Señor Sabaot, plenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en las alturas: bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en las alturas.
SACERDOTE (en voz baja)
Con estas bienaventuradas potestades, Soberano que amas a la humanidad, también nosotros, pecadores, clamamos y decimos: Santo eres realmente y santísimo, y no existe medida para la magnificencia de tu santidad, y eres justo en todas tus obras, porque todo nos has hecho conforme a la verdad y a la justicia. Al crear al hombre tomaste polvo de la tierra, lo honraste con tu imagen, Dios, y lo ubicaste en el paraíso de la dulzura, prometiéndole una vida inmortal y el gozo de tus bienes eternos por el cumplimiento de tus mandamientos; pero habiéndote desobedecido a ti, al Dios verdadero que lo creó, y atraído por el engaño de la serpiente y mortificado por sus pecados, lo expulsaste Dios por tu justa sentencia del paraíso a este mundo, devolviéndole a la tierra de la que fue tomado, preparándole su salvación por un nuevo nacimiento en tu propio Cristo.
Pues no rechazaste del todo a tu criatura que has creado, Bondadoso, ni te olvidaste de la obra de tus manos, sino que la visitaste repetidamente por la misericordia de tu gracia: enviaste profetas, obraste milagros por medio de tus santos, que te complacieron cada uno a su modo; nos hablaste por la boca de tus siervos, los profetas, prediciéndonos la salvación que había de venir; estableciste la Ley para nuestra ayuda; pusiste ángeles guardianes.
Al cumplirse el tiempo nos hablaste por medio de tu propio Hijo, por el cual creaste los siglos, el cual es resplandor de tu gloria e imagen de tu hipóstasis; sosteniéndolo todo por el verbo de su fuerza, no se apropió indebidamente el ser igual a ti, Dios y Padre, sino que siendo Dios eterno apareció en la tierra y vivió con los hombres; se encarnó de la Santa Virgen, se rebajó tomando el aspecto de un siervo, se hizo semejante al cuerpo de nuestra humildad para hacernos semejantes a la imagen de su gloria.
Y puesto que el pecado entró al mundo por el hombre, y por el pecado la muerte, tu Unigénito Hijo existente en tu seno, Dios y Padre, se dignó nacer de una mujer, la santísima siempre virgen María, y sometiéndose a la ley condenó el pecado por medio de su propia carne, para que muriendo en Adán se vuelva a la vida en tu propio Cristo; y después de haber vivido en este mundo, habiéndonos dado mandamientos salvadores, y apartado del engaño de los ídolos, nos trajo el conocimiento de ti, verdadero Dios y Padre, habiéndonos adquirido como gente elegida, sacerdocio real, pueblo santo; y habiéndonos purificado con el agua y santificado con el Espíritu santo, se entregó a sí mismo a cambio de la muerte, de la cual estábamos cautivos, vendidos por el pecado; y habiendo descendido al infierno por la cruz, para llenarlo todo de sí, venció los sufrimientos mortales; y resucitó al tercer día, abriendo a toda carne el camino de la resurrección de entre los muertos, porque no era posible que la corrupción se apoderase del propio origen de la vida; se hizo el primero de los fallecidos y el primer surgido de entre los muertos, para ser él mismo todo, siendo el primero en todo; y habiendo ascendido a los cielos, se sentó en las alturas a la diestra de tu majestad, de donde vendrá para retribuir a cada uno según sus obras.
Nos dejó, como re cuerdo de su pasión salvadora, estos misterios que te ofrecemos conforme a sus preceptos; pues queriendo salir para su muerte voluntaria, digna de eterna memoria y vivificadora, en la noche en que se entregó por la vida del mundo, tomó el pan en sus santas y purísimas manos y lo elevó a ti, Dios y Padre, dio las gracias, lo bendijo, lo santificó, y partiéndolo,
SACERDOTE (en voz alta)
Lo dio a sus santos discípulos y apóstoles, diciendo: Tomen, coman, éste es mi Cuerpo que por ustedes es partido, para la remisión de los pecados.
CORO: Amén.
SACERDOTE (en voz baja)
Del mismo modo, tomó el cáliz del fruto de la vida, lo mezcló, dio las gracias, lo bendijo, y santificándolo,
SACERDOTE (en voz alta)
Lo dio a sus santos discípulos y apóstoles, diciendo: Beban todos de él, ésta es mi Sangre, la del nuevo testamento, que por ustedes y por muchos es derramada para la remisión de los pecados.
CORO: Amén.
SACERDOTE (en voz baja)
Hagan esto en memoria mía: cada vez que coman este pan y beban de este cáliz anuncian mi muerte y confiesan mi resurrección. Recordando, pues, también nosotros, Soberano, su salvadora pasión, su vivificadora cruz, su sepultura de tres días, su resurrección de entre los muertos, su ascensión a los cielos, su entronización en el trono que está a tu diestra, Dios y Padre, y su glorioso y temible segundo advenimiento.
SACERDOTE (en voz alta)
Te ofrecemos lo que es tuyo, de lo que es tuyo, en todo y por todo.
CORO
Te alabamos, te bendecimos, te damos gracias, Señor, y te suplicamos, oh Dios nuestro.
SACERDOTE (en voz baja)
Por todo aquello, Santísimo Soberano, también nosotros pecadores e indignos siervos tuyos, que somos honrados en servir a tu santísimo Altar, no en atención a nuestros méritos, pues no hicimos nada bueno en la tierra, sino por tu benevolencia y generosidad, que ampliamente derramaste sobre nosotros, nos atrevemos a acercarnos a tu santo altar y, ofreciéndote los signos representativos del santo Cuerpo y de la Sangre de tu Cristo, te rogamos e invocamos, oh Santo de los santos, que por la benignidad de tu benevolencia descienda el Espíritu santo sobre nosotros y sobre los dones que te presentamos, y que los bendiga, santifique y muestra que:
DIÁCONO (en voz baja)
Bendice, soberano, el santo pan.
SACERDOTE
Ciertamente este pan es el mismo valioso Cuerpo del Señor, Dios y Salvador nuestro, Jesús Cristo.
DIÁCONO
Amén.
Bendice, soberano, el santo cáliz.
SACERDOTE
Y ciertamente este cáliz contiene la valiosa Sangre del Señor, Dios y Salvador nuestro, Jesús Cristo.
DIÁCONO
Amén.
Bendice, soberano, juntamente los santos Dones.
SACERDOTE
Derramada por la vida y la salvación del mundo.
DIÁCONO
Amén. Amén. Amén.
SACERDOTE
Y a nosotros todos los que comulgamos de un mismo pan y de un mismo cáliz únenos los unos con los otros en la comunión de un solo Espíritu santo, y que ninguno de nosotros comulgue del santo Cuerpo y Sangre de tu Cristo para su juicio y condenación, sino que hallemos tu misericordia y gracia junto con todos los santos que te hayan complacido desde el principio de los siglos, los progenitores, padres, patriarcas, profetas, apóstoles, predicadores, evangelistas, mártires, confesores de la fe, maestros y toda alma justa fallecida en la fe.
SACERDOTE (en voz alta)
Especialmente por la santísima, purísima, benditísima, y gloriosa doncella nuestra, la Theotokos y siempre virgen María.
CORO
Himno a la Theotokos.
Toda la creación se alegra en ti, oh Llena de gracia, el coro de los ángeles y el género humano. Oh templo consagrado, paraíso espiritual y orgullo de la virginidad, de quien Dios encarnó y se hizo niño, el sempiterno Dios nuestro! Pues Él hizo de tu vientre un trono, y más amplias que los cielos tus entrañas. Toda la creación se alegra en ti, oh Llena de gracia: ¡Gloria a ti!
SACERDOTE (en voz baja)
Por el santo profeta, precursor y bautista Juan, por los santos gloriosos y venerabilísimos apóstoles, por (nombre del santo conmemorado hoy), cuya memoria celebramos, y por todos tus santos, por cuyas súplicas visítanos Dios.
Acuérdate también de todos los que fallecieron con la esperanza de la resurrección a la vida eterna. También Te rogamos por el eterno descanso y por la permanencia en el lugar de la luz perpetua de tus siervos (nombres de los difuntos), donde no hay tristeza ni angustia. Y hazlos descansar donde resplandece la luz de tu rostro.
También te rogamos Señor, que te acuerdes de tu santa Iglesia católica y apostólica, extendida de un extremo al otro del mundo, y concédele la paz, a ella que redimiste con la preciosa Sangre de tu Cristo, y afirma este santo templo hasta el fin de los siglos.
Acuérdate Señor, de los que te ofrecemos estos dones, y de aquellos en cuyo nombre, por medio de los cuales y por quienes te han sido ofrecidos. Acuérdate Señor, de los que traen frutos a tus santas Iglesias y hacen obras de bien, y se acuerdan de los pobres: retribúyeles con tus ricos y celestiales dones, dándoles lo celestial en vez de lo terrenal, lo eterno en vez de lo temporal, lo incorruptible en vez de lo corruptible. Acuérdate Señor, de los que habitan en los desiertos, en las sierras, en las cavernas y en los abismos terrestres. Acuérdate Señor, de los que perseveran en virginidad y piedad, llevando una vida de ayunos y de pureza.
Acuérdate Señor, de toda autoridad, gobierno y ejército: dándoles una profunda y perpetua paz; pon en sus corazones buenos sentimientos para con tu Iglesia y con todos tus fieles, para que pasemos bajo su gobierno una vida apacible y silenciosa con toda piedad y pureza. Conserva a los buenos en su bondad, convierte a los malos en buenos por tu bondad.
Acuérdate Señor, del pueblo aquí presente y de los ausentes por motivos justificados, y ten piedad para con ellos y con nosotros, debido a la muchedumbre de tu misericordia: llena sus haberes de todo lo bueno; conserva sus matrimonios; educa a los niños; dirige a la juventud, sostén a la vejez, consuela a los afligidos; reúne a los errantes; reintegra a tu santa Iglesia católica y apostólica a los que, seducidos, la han abandonado; libra a los oprimidos por los espíritus impuros; navega con los navegantes; viaja con los viajeros; ayuda a las viudas, protege a los huérfanos; libera a los cautivos; sana a los enfermos. Acuérdate Dios, de los que están ante los tribunales; de los mineros, de los presos, de los condenados a trabajos forzados; de los que sufren cualquier pena, necesidad o adversidad. Acuérdate también de todos los que necesitan tu gran misericordia: de los que nos aman y de los que nos odian, de los que se hayan encomendado a nuestras humildes oraciones, y de todo tu pueblo, Señor Dios nuestro, y derrama tu abundante clemencia, concediendo a cada uno lo necesario para su salvación. Y a quienes no hemos recordado por no conocerlos o haberlos olvidado, o debido a la gran cantidad de nombres; tú mismo Dios, conmemóralos, ya que conoces la edad y el nombre de cada cual, conociendo a cada uno desde el seno de su madre.
Pues tú eres, Señor, la ayuda de los que no tienen socorro, la esperanza de los desesperados, el salvador de los atormentados, el puerto de los navegantes, el médico de los enfermos. Sé tú mismo todo para todos, tú que conoces a cada cual: sus preocupaciones, su hogar y su necesidad. Protege, Señor, esta ciudad y cualquier ciudad o país de enfermedad infecciosa, hambre, sismo, inundación, incendio, espada, invasión de enemigos, y guerra civil.
SACERDOTE (en voz alta)
Primeramente acuérdate, Señor, de nuestro arzobispo (N.), consérvalo para tus santas iglesias, en paz, seguridad, honor, salud, larga vida, y que enseñe rectamente la palabra de tu verdad.
CORO: Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Y de quienes tienen en mente cada uno; y de todos y de todas.
CORO: Señor, ten piedad.
SACERDOTE (en voz baja)
Acuérdate Señor, de todo episcopado ortodoxo que enseña fielmente la palabra de tu verdad. Acuérdate también Señor, en la abundancia de tu generosidad, de mi indignidad: perdóname mis faltas voluntarias e involuntarias; no sea que a causa de mis pecados prohíbas que descienda la gracia del Espíritu santo sobre los dones aquí ofrecidos. Acuérdate Señor, del presbiterado, del diaconado en Cristo y de todo el orden sacerdotal; y que ninguno de los que rodeamos tu santo altar sea avergonzado ante ti.
Visítanos con tu gracia, Señor; hazte presente a nosotros en tus abundantes generosidades. Envíanos vientos benignos y útiles, lluvias clementes para la fertilidad de la tierra; apacigua las discordias entre las iglesias, calma la rebelión de los paganos, destruye pronto las herejías por la fuerza de tu Espíritu santo; recíbenos a todos en tu reino haciéndonos hijos de la luz y del día. Danos tu paz y tu amor Señor Dios nuestro, pues tu nos has dado todo.
SACERDOTE (en voz alta)
Y concédenos que con una sola boca y un solo corazón glorifiquemos y alabemos tu honorabilísimo y magnífico nombre, del Padre y del Hijo y del Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
CORO: Amén.
SACERDOTE
Que las misericordias de nuestro gran Dios y Salvador Jesús Cristo sean con todos ustedes.
CORO
Y con tu espíritu.
ORACIÓN DEL SEÑOR
DIÁCONO
Conmemorando a todos los santos, una vez más en paz roguemos al señor.
CORO: Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Por los preciosos dones ya ofrecidos y santificados, roguemos al Señor.
CORO: Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Para que nuestro Dios filántropo, quien los aceptó en su santo, celestial y racional altar como olor de fragancia espiritual, nos envíe la divina gracia y los dones del Espíritu santo, roguemos.
CORO: Señor, ten piedad.
Mostrar peticiones
__________
(Estas peticiones no se incluían originalmente. Probablemente fueron agregadas debido a la influencia de la Liturgia de los Dones Presantificados.)
DIÁCONO
Por nuestra liberación de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
CORO
Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
CORO
Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Que el día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, pidamos al Señor.
CORO (después de cada petición)
Concédelo, Señor.
DIÁCONO
Un ángel de paz, guía fiel y custodio de nuestras almas y cuerpos, pidamos al Señor.
Perdón y remisión de nuestros pecados y transgresiones, pidamos al Señor.
Cuanto es bueno y conveniente para nuestras almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.
Que el tiempo restante de nuestra vida se complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.
Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor y vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos al Señor.
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Ocultar peticiones
DIÁCONO
Pidiendo por la unión de la fe y la comunión del Espíritu santo, encomendémonos cada uno a sí mismo, y unos a otros, y nuestra vida entera, a Cristo Dios.
CORO: A ti, Señor.
SACERDOTE (en voz baja)
Dios nuestro, Dios de la salvación, enséñanos tú mismo como agradecerte por todos los beneficios que nos otorgaste y sigues otorgándonos. Tú, Dios nuestro, que aceptaste estos dones, purifícanos de toda impureza de la carne y del espíritu, y enséñanos cómo realizar la santificación de tu nombre, con temor ante ti, para que recibiendo con el puro testimonio de nuestra conciencia una parte de tus santos misterios, nos unamos con el santo cuerpo y sangre de tu Cristo, y habiéndolos recibido dignamente tengamos a Cristo viviendo en nuestro corazón y seamos templo de tu Espíritu Santo.
Y sobre todo te rogamos Dios nuestro, que a ninguno de nosotros hagas culpable, ni enfermo de alma y cuerpo, ante tus temibles y celestiales misterios, por comulgar indignamente, sino que nos concedas recibir con dignidad hasta nuestro último suspiro una parte de tus misterios, como viático para la vida eterna y para una favorable defensa ante el temible tribunal de tu Cristo; para que también nosotros participemos, con todos los santos que desde el principio del tiempo supieron complacerte, de los eternos goces que has preparado, Señor, para los que te aman.
SACERDOTE (en voz alta)
Y haznos dignos, Soberano, de atrevernos a invocarte con confianza y sin condenación, a ti, Dios y Padre celestial, y decirte:
TODOS
ORACIÓN DEL SEÑOR
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
SACERDOTE
Porque tuyos son el reino, y el poder, y la gloria: del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
CORO: Amén.
INCLINACIÓN DE LAS CABEZAS
SACERDOTE: Paz a todos.
CORO: Y a tu espíritu.
DIÁCONO
Inclinemos la cabeza ante el Señor.
CORO: A ti, Señor.
SACERDOTE (en voz baja)
Señor y soberano Padre de toda bondad y Dios de todo consuelo: bendice, santifica, conserva, fortifica, afirma, y aparta de toda mala acción a los que ante ti inclinan su cabeza; únelos a toda acción buena y concédeles que comulguen sin reproche de estos tus purísimos y vivificadores misterios, para el perdón de los pecados y la comunión del Espíritu santo.
SACERDOTE (en voz alta)
Por la gracia, compasión y filantropía de tu Hijo Unigénito, con quien eres bendito, junto con tu santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
CORO: Amén.
DIVINA COMUNIÓN
SACERDOTE (en voz baja)
Atiende Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, desde tu santa morada y desde el trono de la gloria de tu reino, y ven a santificarnos, tú, que te asientas en las alturas con el Padre, y que estás aquí presente invisiblemente con nosotros; y dígnate concedernos, por tu poderosa mano, tu inmaculado Cuerpo y tu preciosa Sangre, y por nosotros a todo el pueblo.
DIÁCONO: ¡Atendamos!
SACERDOTE
Los santos para los santos.
CORO
Uno es santo, uno es Señor, Jesús Cristo, para la gloria de Dios Padre. Amén.
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TODOS
ORACIONES ANTES DE LA COMUNIÓN
Los siguientes textos de la comunión pueden variar de una parroquia a otra, dependiendo de las costumbres locales.
Creo Señor, y confieso, que en verdad eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo a salvar a los pecadores de los que yo soy el primero. También creo que éste es tu mismo inmaculado Cuerpo y que ésta es tu misma preciosa Sangre. Por eso te imploro: ten piedad de mí y perdona mis culpas, voluntarias e involuntarias, las de palabra o de obra, cometidas a sabiendas o en ignorancia, y hazme digno, sin condenación, de participar de tus inmaculados misterios, para el perdón de mis pecados y para la vida eterna. Amén.
Ahora que me acerco a la divina comunión, hacedor, no me consumas por comulgar; ya que tú eres fuego que abrasa al indigno, sino purifícame de toda mancha.
De tu cena mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón te confieso: ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu reino!
Tiembla, hombre, cuando contemples la Sangre deificante; es una brasa que consume al indigno. El Cuerpo de Dios deifica y alimenta; deifica el espíritu y maravillosamente alimenta la mente.
Me sedujiste con ansia, Cristo, y con tu divino amor me convertiste. Consume ahora con fuego inmaterial mis pecados y hazme digno de saciarme del gozo que está en ti, para que saltando de alegría, bueno, magnifique tus dos advenimientos.
¿Cómo puedo yo, indigno, entrar en el esplendor de tus santos? Pues si me atrevo a entrar en la cámara nupcial mis vestidura me denunciará porque no es de bodas, y maniatado los ángeles me echarán. Limpia la inmundicia de mi alma y sálvame, Señor, pues eres filántropo.
Soberano, Filántropo, Señor Jesús Cristo, Dios mío, no sean para el juicio, por causa de mi indignidad, estos Santos Dones, sino para la purificación y santificación de mi alma y de mi cuerpo y para recibirlos como anticipo de la vida futura y tu reino; pues es bueno para mi aferrarme a Dios y poner en el Señor la esperanza de mi salvación.
De tu cena mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón te confieso: ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu reino!
Ocultar las oraciones preparatorias para la comunión
CORO
Himno de la comunión. Salmo 148.
Alaben al Señor de los cielos. [SAOGM] ¡Aleluya!
DIÁCONO
Acérquense con respeto de Dios, con fe y con amor.
El sacerdote toma el santo cáliz de las manos del diácono y le da la comunión a cada uno diciendo: El (la) siervo (a) de Dios (N.) Comulga el valioso Cuerpo y Sangre del Señor, Dios y Salvador Jesús Cristo, para la remisión de tus pecados y para la vida eterna. Amén.
SACERDOTE
Salva, Dios, a tu pueblo y bendice a tu heredad.
CORO
Himno después de la comunión.
Tono 2.
Vimos la luz verdadera. Recibimos el Espíritu celestial. Encontramos la verdadera fe, adorando a la Trinidad indivisible, pues ella nos salvó.
DIÁCONO (en voz baja)
Eleva, soberano.
SACERDOTE (en voz baja)
Dios, elevada sea sobre los cielos y sobre toda la tierra tu gloria. (3 veces)
Bendito sea Dios nuestro.
SACERDOTE (en voz alta)
Eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
CORO: Amén.
ACCIÓN DE GRACIAS
DIÁCONO
¡De pie! Habiendo comulgado los divinos, santos, inmaculados, inmortales, celestiales, vivificadores y estremecedores misterios de Cristo, agradezcamos dignamente al Señor.
CORO: Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
CORO: Señor, ten piedad.
DIÁCONO
Habiendo pedido que cada día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, encomendémonos cada uno a sí mismo, y unos a otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
CORO: A ti, Señor.
SACERDOTE (en voz baja)
ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS
Te damos gracias Señor y Dios nuestro, por la comunión de tus santos, purísimos, inmortales y celestiales misterios que nos has dado para beneficio, santificación y curación de nuestras almas y cuerpos. Tú mismo Soberano de todos, haz que la comunión del santo Cuerpo y Sangre de tu Cristo se convierta para nosotros en fe sin tropiezo, en amor sin hipocresía, en aumento de sabiduría, en curación del alma y del cuerpo, en rechazo de todo lo adverso, en cumplimiento de tus mandamientos, en respuesta favorable en el temible tribunal de tu Cristo.
SACERDOTE (en voz alta)
Porque tú eres nuestra santificación y a ti rendimos gloria: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
CORO: Amén.
DESPEDIDA
SACERDOTE: Salgamos en paz.
DIÁCONO: Roguemos al Señor.
CORO: Señor, ten piedad.
SACERDOTE
ORACIÓN DETRÁS DEL AMBÓN
Como sacrificio de alabanza y adoración agradable, Tú aceptas este racional e incruento sacrificio de quienes con todo su corazón claman a ti, Cristo Dios nuestro, cordero inmaculado e Hijo de Dios, que quitas el pecado del mundo y fuiste sacrificado por nosotros voluntariamente; el dividido, pero no desunido; el comido, pero no consumido; santifica a los que de ahí comen; que en memoria de tu pasión voluntaria y el vivificador levantamiento tuyo al tercer día, nos has hecho partícipes de los inefables y temibles misterios de tu santo Cuerpo y tu preciosa Sangre: ampáranos en tu santificación a nosotros tus servidores y ministros, a las autoridades civiles, a nuestras fuerzas armadas y al pueblo aquí presente.
Concédenos en todo tiempo y en toda hora meditar en tu bondad para que siendo conducidos de acuerdo a tu voluntad y haciendo las cosas que te agradan, podamos hacernos dignos de un lugar a tu diestra cuando vengas a juzgar a los vivos y a los muertos. Rescata a nuestros hermanos que están cautivos; visita a los que están en la enfermedad; guía a los que están en peligro en el mar; y da reposo, donde la luz de tu rostro les ilumine, a las almas de los que nos han precedido en el descanso con la esperanza de la resurrección a la vida eterna; y escucha a todos los que buscan tu ayuda.
Porque tú eres el dador de bondades, y a ti rendimos gloria, junto con tu Padre que no tiene principio, y tu santísimo y bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
CORO: Amén.
Sea el nombre del Señor bendecido desde ahora y por los siglos. [SAOGM] (3 veces)
ORACIÓN DURANTE LA RECOLECCIÓN DE LOS DONES
SACERDOTE (en voz baja)
Ha sido terminado y realizado, según nuestras posibilidades, Cristo nuestro Dios, el misterio de tu providencia: pues tenemos el recuerdo de tu muerte, vimos la imagen de tu resurrección, nos llenamos de tu vida infinita, gozamos de tu alimento inagotable, del cual concédenos ser dignos también en el mundo futuro, por la gracia de tu Padre que no tiene principio y de tu santo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
DIÁCONO: Roguemos al Señor.
CORO: Señor, ten piedad.
SACERDOTE
La bendición del Señor y su misericordia vengan sobre ustedes, por su divina gracia y su filantropía, eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
CORO: Amén.
SACERDOTE
Gloria a ti, Dios nuestro. Gloria a ti.
El que resucitó de entre los muertos, Cristo, verdadero Dios nuestro, por las intercesiones de su purísima e inmaculada Madre, por el poder de la vivificante y preciosa Cruz, la protección de las celestiales potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y glorioso profeta, precursor y bautista Juan, de los santos, gloriosos y alabadísimos apóstoles, de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de nuestros justos y teóforos padres, (santo patrono del templo local); de los santos y justos familiares del Señor, Joaquín y Ana, de los cuarenta santos y gloriosos mártires de Sebaste, cuya memoria celebramos; y de todos los santos, tenga misericordia de nosotros y sálvanos, pues eres un Dios bondadoso y filántropo.
CORO
Al que nos bendice y santifica, conserva Señor, por muchos años.
SACERDOTE
Por las oraciones de nuestros santos padres, Señor Jesús Cristo Dios, ten piedad de nosotros y sálvanos.
CORO: Amén.
Procesión con los santos iconos
CORO
Apolitiquio. Tono 2.
Nos prosternamos ante tu purísima imagen, oh Bondadoso, suplicándote el perdón de nuestros pecados, oh Cristo Dios. Porque, por tu propia voluntad, aceptaste ascender, por el cuerpo, a la cruz para salvar, de la esclavitud del enemigo, a los que tú habías formado. Por lo tanto, con agradecimiento, te exclamamos: “Habías llenando a todos de alegría, oh Salvador; porque tú has venido para salvar al mundo”. [unES]
Todos se detienen en el lado norte de la iglesia y se recitan las siguientes peticiones por los vivos:
SACERDOTE / DIÁCONO
Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
También te suplicamos por los piadosos cristianos ortodoxos.
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
También suplicamos por nuestro arzobispo (N.),
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
Suplicamos aún por piedad, vida, paz, salud, salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados de los servidores de Dios, de todos los piadosos cristianos ortodoxos, de los habitantes y visitantes que están en esta ciudad (o pueblo, o parroquia, o monasterio); de las parroquias, los administradores y bienhechores de esta santa iglesia.
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
JERARCA / SACERDOTE
Porque eres Dios misericordioso y amante de la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
( Amén. )
Mientras continúa la procesión, todos cantan el Himno Trisagio.
Todos se detienen en el lado oeste de la iglesia y se recitan las siguientes peticiones por los difuntos:
SACERDOTE / DIÁCONO
Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
De nuevo, rogamos por la memoria bendita y el reposo eterno de todos los piadosos cristianos ortodoxos que han fallecido esperando la resurrección de vida eterna, emperadores, patriarcas, obispos, sacerdotes, diáconos, hieromonjes, hierodiáconos, monjes y monjas, padres, ancestros, abuelos, bisabuelos, padres de familia, esposos, hijos, hermanos, y todos nuestros parientes, desde el principio del tiempo y hasta el fin; y por el perdón de sus pecados voluntarios e involuntarios.
( ¡Memoria eterna! ¡Memoria eterna! ¡Memoria eterna! )
JERARCA / SACERDOTE
Porque Tú eres la Resurrección, la vida y el reposo de todos los piadosos cristianos ortodoxos difuntos, Cristo Dios nuestro, y a ti rendimos gloria, con tu Padre, que es sin principio y tu santísimo, bueno y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
( Amén. )
Mientras continúa la procesión, todos cantan el Himno Trisagio.
Todos se detienen en el lado sur de la iglesia y se recitan las siguientes peticiones por la comunidad:
SACERDOTE / DIÁCONO
Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
También te suplicamos por los piadosos cristianos ortodoxos.
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
También suplicamos por nuestro arzobispo (N.),
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
Suplicamos aún por piedad, vida, paz, salud, salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados de los servidores de Dios, de todos los piadosos cristianos ortodoxos, de los habitantes y visitantes que están en esta ciudad (o pueblo, o parroquia, o monasterio); de las parroquias, los administradores y bienhechores de esta santa iglesia.
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
JERARCA / SACERDOTE
Porque eres Dios misericordioso y amante de la humanidad, y rendimos gloria a ti: al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
( Amén. )
Mientras continúa la procesión, todos cantan el Himno Trisagio.
Todos se detienen en el lado este de la iglesia y se recitan las siguientes peticiones por el mundo:
SACERDOTE / DIÁCONO
Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
Suplicamos también por este santo templo, por esta ciudad y por cada ciudad en cualquier país, para que sean protegidos de todo tipo de ira, hambre, peste, terremoto, inundación, fuego, espada, invasión de otro país, conflicto civil, y muerte accidental. Que nuestro Dios filántropo demuestre su misericordia, su gracia, y su favor, al alejar de nosotros toda ira y enfermedad, rescatándonos de su justo castigo, y teniendo piedad de nosotros.
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
Escúchanos, oh Dios nuestro Salvador, pues eres la esperanza de todos en la tierra y de todos que navegan en el mar; ten piedad de nuestros pecados, Soberano, y ten misericordia de nosotros.
( Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. )
JERARCA / SACERDOTE
Porque tú eres un Dios misericordioso y filántropo, y a ti glorificamos, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
( Amén. )
JERARCA
Decreto del séptimo concilio ecuménico, el llamado “Sinodicón”
Así como los profetas lo han sostenido, así como los apóstoles han enseñado, así como la Iglesia lo ha recibido, así como los maestros han dogmatizado, así como el universo ha acordado, así como la gracia ha mostrado, así como la Verdad ha revelado, así como la falsedad se ha disuelto, así como la sabiduría ha presentado, así como Cristo ha conferido.
Así nosotros declaramos, así nosotros afirmamos, así nosotros predicamos a Cristo nuestro verdadero Dios, y honramos a sus santos en las palabras, las escrituras, los pensamientos, las ofrendas, en las iglesias, y en los santos iconos;
Por una parte adorando y reverenciando a Cristo como Dios y Señor; y por otra honrando a los santos como los verdaderos sirvientes del mismo Señor de todos y ofreciéndoles por lo tanto veneración.
Ésta es la fe de los apóstoles. Ésta es la fe de los padres. Ésta es la fe de los ortodoxos. Ésta es la fe que afirmó al universo.
Por lo tanto, con amor fraternal alabamos a los anunciadores de la fe—los que de gloria y honor han luchado por la fe. A los campeones de la ortodoxia, a los presidentes y emperadores fieles, a los santos patriarcas y jerarcas, a los maestros, a los mártires y confesores, les decimos: que su memoria sea eterna.
( ¡Memoria eterna! ¡Memoria eterna! ¡Memoria eterna! )
Pidamos a Dios que seamos instruidos y fortalecidos por las pruebas y las luchas de estos santos, las cuales soportaron por la fe hasta la muerte; y que seamos fortalecidos por sus enseñanzas, rogándoles que podamos imitar hasta el fin sus vidas santas. Que seamos dignos de obtener nuestras peticiones a través de la misericordia y la gracia de la gran y primer Jerarca, Cristo nuestro Dios, por la intercesión de nuestra gloriosa Señora, la Madre de Dios y siempre Virgen María, los ángeles divinos y todos los santos.
( Amén. )
CORO
Proquímeno. Tono 7 (grave).
¿Qué dios es tan grande como Dios? Tú eres el Dios que obras maravillas. [BJ-SAOGM]
Verso: Mostraste tu poder entre los pueblos.
¿Qué dios es tan grande como Dios? Tú eres el Dios que obras maravillas.
Verso: Me respondo: «Ésta es mi pena, ha cambiado la diestra del Altísimo».
¿Qué dios es tan grande como Dios? Tú eres el Dios que obras maravillas.
Verso: Me acuerdo de las gestas del Señor; sí, recuerdo tus antiguas hazañas.
¿Qué dios es tan grande como Dios? Tú eres el Dios que obras maravillas.